MISIÓN AL AIRE

SIERVO DE DIOS JESÚS ANTONIO GÓMEZ

Biografía

En la vereda El Carmelo de El Santuario, Antioquia, población que proporcionalmente más sacerdotes y religiosos ha dado a Colombia, nació el P. Jesús Antonio, el 26 de marzo de 1895. Sus padres fueron José Joaquín y Ana Joaquina, cristianos de recia fe tradicional. Tuvo 16 hermanos: Andrés (sacerdote), Luis (agricultor), Ramón (falleció recién nacido), Manuel (soltero), Luciano (estudiante de la Escuela de Minas), Ramón (murió de 6 años), Clímaco (abogado), Bernardo (médico), José Joaquín (agricultor), Emilio (militar), Susana (casada), Atilano (abogado), Ramón María (sacerdote), Mercedes (casada), Pedro Antonio (religioso jesuita) y Clara Emilia (religiosa concepcionista).  

Fue bautizado[1] al día siguiente de su nacimiento por su párroco, el P. Isaías Aristizábal, en la parroquia de Ntra. Sra. Chiquinquirá (cf. Libro 8 de bautismos, folio 137) el 27 de marzo; fueron sus padrinos: Atilano Gómez y Tulia Aristizábal. Confirmado en la misma parroquia, por Mons. Joaquín Pardo Vergara, el 30 de agosto de 1903, siendo párroco de El Santuario el P. Lubín Gómez Hoyos, su tío materno.

Los estudios de primaria los hizo en la Escuela Urbana y los de secundaria en el Colegio "San Luis Gonzaga" de El Santuario (1904-1913); donde se ensayó como periodista al fundar varias publicaciones estudiantiles. Los consejos de su tío, el P. Lubín, y el ejemplo de su hermano, el P. Andrés María lo animaron en el camino de su vocación al sacerdocio. Ingresó al Seminario[2] de Medellín el 3 de febrero de 1914 para su formación académica, espiritual y sacerdotal. El 16 de marzo de 1918 recibió la tonsura; el 5 de abril de 1919, las primeras órdenes menores: ostiariado y lectorado; el 14 de marzo de 1920, las segundas órdenes menores: acolitado y exorcistado; el 12 de marzo de 1921, el subdiaconado; el 1 de noviembre del mismo año, el diaconado; y el 11 de marzo de 1922, el presbiterado. Consagrado sacerdote por Mons. Manuel José Caycedo, Arzobispo de Medellín, en la Catedral Metropolitana.  

Su ministerio lo ejerció sirviendo a la Iglesia de la Arquidiócesis de Medellín durante 49 años como Vicario cooperador del P. Abraham Jaramillo en San Roque (abril de 1922-enero de 1923). Rector del Colegio San José de Marinilla (1923-1928). Vicario cooperador del P. José Ignacio Botero en El Santuario[3] (1929-1931) y Confesor extraordinario de las HH. de la Presentación en Marinilla. Capellán del Noviciado de las Religiosas de la Presentación de Medellín (1931-1933). Confesor ordinario de las religiosas del manicomio (1933). En 1934 viajó al Congreso Eucarístico de Buenos Aires (Argentina). Confesor ordinario de las religiosas del Colegio de la Presentación y de la Casa de Jesús, María y José (1935). Confesor ordinario de las religiosas de la Presentación del Noviciado de los Ángeles (1935). Director espiritual del Seminario Conciliar de Medellín y profesor de teología dogmática fundamental (1936-1956). Visitador de la Congregación de la Madre Laura y viajó a Ecuador a visitar las casas de esta Comunidad y otro encargo recibido (1942). Capellán de la Escuela de ciegos y sordomudos (1947). En este año viajó a Rochester, Estados Unidos, a tratarse el aneurisma que sufría desde su juventud; visitó las casas de las misioneras Lauritas. En 1948 fundó la revista "Sé Apóstol" para animar la Cruzada Eucarística, de la que es nombrado Asistente arquidiocesano en 1951. Por quebrantos de salud dejó el Seminario y se le nombró Capellán de la Carmelitas de El Poblado. En 1958 fundó el Boletín "In Corde Iesu" para animar la vivencia de la fraternidad sacerdotal. En 1959, pedido por el Obispo de Sonsón-Rionegro, colaboró durante todo el año en la dirección espiritual del Seminario de Cristo Sacerdote, de La Ceja. Mons. Tulio Botero Salazar lo nombró Canónigo magistral (1967-1971). En 1971 creó el "Fondo sacerdotal para los pobres", propio de su espiritualidad: "los sacerdotes debemos ser pobres, no sólo debemos pedir para los pobres, sino que debemos compartir con ellos lo mucho o poco que poseamos", decía el Padre Jesús Antonio.  

Desde niño su comportamiento fue ejemplar, hábil mediador en las desavenencias, responsable y consagrado en el desempeño de sus tareas. Fue pobre por opción personal, sin lujos ni nada superfluo, lo que poseía lo daba con generosidad a quien solicitaba su ayuda. Por su humildad cultivada vivía la necesidad de Dios y el respeto a todas las personas, manifestado en el trato cotidiano y fraterno. Encarnó su celibato sin la menor sombra de duda y lo volvió fecundidad para el Reino de Dios, sin apegos, en la disponibilidad y en su celo apostólico. Fue modesto y en su templanza fue entregando su vida simple, sencilla, elemental y transparente. Su prudencia le ganó la confianza de sus superiores, de los sacerdotes, los religiosos y religiosas, los seminaristas y tantos fieles que lo buscaban como consejero, director espiritual y confesor; su fama de acertado orientador y de maestro espiritual ha pasado de generación en generación. En su silencio guardó la intimidad e interioridad de muchísimos.

Dedicado, esforzado y constante para sacar adelante todas las obras en las que buscaba la evangelización y la conversión del pueblo de Dios y la santificación de los sacerdotes. Oraba constantemente, en San Roque lo llamaban "La lámpara del Santísimo". Su piedad sólida la centró en la Eucaristía, el Sagrado Corazón de Jesús, la Virgen María, San José y San Gabriel de la Dolorosa, a quien atribuía su ordenación sacerdotal, pues, una pedrada que recibió en la frente cuando era joven, le produjo un aneurisma que duró toda la vida y puso en peligro su ordenación sacerdotal. Ajeno a toda crítica y murmuración fue respetuoso y obediente. Fue escritor avezado, gustaba del buen decir y la corrección del estilo. Austero, severo y estricto consigo mismo pero humano y comprensivo con los demás. Muy paciente y tenía la capacidad de acoger y escuchar. Modelo para todo sacerdote en la cura de almas, en la consejería, en la dirección espiritual y en la confesión.  

Cuando el médico le comunicó que tenía un cáncer terminal, exclamó: "Que alegría cuando me dijeron: vamos a la casa del Señor". Se fue a la mejor vida en la casa del Padre el 23 de marzo de 1971, en Medellín. Tenía 76 años. La fama de santo que tenía, se manifestó claramente con su muerte. Al día siguiente fue sepultado en el Convento de las Concepcionistas en El Santuario. Su tumba está en el templo de la parroquia de San Judas Tadeo del mismo municipio.

Se extiende la fama de su santidad. El 3 de septiembre de 1996 varios sacerdotes y exseminaristas de Medellín y de Sonsón-Rionegro piden a Mons. Héctor Rueda Hernández, Arzobispo de Medellín,  que posibilite la apertura de la causa de canonización del P. Jesús Antonio Gómez Gómez. El 13 de marzo de 1998 la Conferencia Episcopal Colombiana da el visto bueno. Dos días después, Mons. Alberto Giraldo Jaramillo, Arzobispo de Medellín, reconoce la Fundación "Canónigo Jesús Antonio Gómez Gómez", aprueba los estatutos y otorga la personaría jurídico canónica; su objetivo: "promover y servir de apoyo, en todas sus etapas, al proceso de canonización". El 27 de noviembre de 1999 se nombra como postulador de la causa al Pbro. Diego Restrepo Londoño, Vicepostulador a Mons. Héctor Urrea Hernández y Tesorero al P. Luis Edo. Gaviria Londoño. El 23 de mayo de 2000 se recibe el visto bueno de la Santa Sede para la introducción de la causa. El 27 de junio de 2002 se nombra al P. Antonio Sáez de Albéniz como postulador en Roma. El 4 de octubre de 2002 se clausura el proceso diocesano y se remiten las actas para la iniciación del proceso apostólico en la Congregación para las Causas de los Santos. El 10 de marzo de 2004 la Congregación decreta la autenticidad y validez de toda la documentación de la etapa diocesana. El 29 de abril de 2004 se nombra a Mons. José Luis Gutiérrez como relator oficial de la "positio" y como colaboradora a Raffaella Marsilli. En el 2005 se compra la casa natal del P. Antonio en la vereda El Carmelo (El Santuario), se repara y se construye al lado una capilla.

Siervo de Dios padre Jesús Antonio, ruega por nosotros, sobre todo, en este Año Sacerdotal por los sacerdotes, que seamos capaces de escuchar a todos sin distinción de personas; consejeros atinados; directores espirituales que curemos el alma y estimulemos los procesos de crecimiento humano y espiritual; confesores pacientes, sabios y santos; que te imitemos en tu vida sencilla y transparente, centrada en la Eucaristía y en amor a la Virgen María.

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

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