MISIÓN AL AIRE

EL CUIDADO DE LOS ENFERMOS

21 | 02 | 2011

Acaba de celebrarse la XIX Jornada Mundial del Enfermo, el pasado 11 de febrero, día de Nuestra Señora de Lourdes. En el Mensaje que dirigió entonces el Papa Benedicto XVI nos dice que esta Jornada “se convierte en una  ocasión propicia para reflexionar sobre el misterio del sufrimiento y, sobre todo, para hacer a nuestras comunidades y a la sociedad civil más sensibles hacia los hermanos y las hermanas enfermos. Si cada hombre es hermano nuestro, tanto más el débil, el que sufre y el necesitado de cuidados deben estar en el centro de nuestra atención, para que ninguno de ellos se sienta olvidado o marginado”.

A partir del ministerio de nuestro Señor Jesucristo, la Iglesia ha cuidado a lo largo de su historia con particular predilección a los enfermos. En ellos ha visto siempre al mismo Cristo; ha sido consciente del valor de su sufrimiento y de su oración para la obra de evangelización y de salvación que le ha sido encomendada; ha comprendido la necesidad de ser un signo ante el mundo del acompañamiento y protección de los que sufren. Podemos sentirnos felices y agradecidos por el gran número de personas, muchas de ellas canonizadas, que han dedicado su vida, como buenos samaritanos, a este generoso servicio de caridad.

En nuestra Arquidiócesis es preciso resaltar la atención que muchos sacerdotes ofrecen a los enfermos, el trabajo pastoral que los capellanes realizan en varios hospitales, el apostolado valioso de los ministros de los enfermos y de los ministros de la Eucaristía, la obra de la Fundación “Francisco y Clara de Asís”. Sin embargo, todavía quedan enfermos a quienes nadie ayuda a vivir su dolor y su soledad, que no experimentan la cercanía de la Iglesia, que a su penosa situación añaden el no tener un gesto de afecto. Hay enfermos que, aunque reciben con frecuencia, por el servicio de los laicos, la sagrada Comunión, se lamentan de no tener la posibilidad del sacramento de la Penitencia.

La Jornada Mundial del Enfermo no quiere sino recordarnos una misión que debemos realizar todos los días. Recomiendo, por tanto, que no descuidemos las diversas formas de atención pastoral en las clínicas y hospitales; que formemos bien a los laicos para que hagan una verdadera tarea eclesial con los enfermos; que aprovechemos la visita a los enfermos como un momento muy oportuno de apostolado con las familias; que tengamos el acompañamiento a los enfermos incluso como una ocasión de maduración personal que nos acerca a la realidad de la vida y nos arranca un poco el egoísmo del corazón.

Sobre todo, procuremos ser en un mundo hedonista y materialista una continuación de la presencia y de la actuación del Señor que supo amar a los que sufrían y aprovechar el dolor para el advenimiento del Reino de Dios. Mostremos, como señala el Papa en el mencionado Mensaje, que “una sociedad que no consigue aceptar a los que sufren y que no es capaz de contribuir mediante la compasión a hacer que el sufrimiento sea compartido y llevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana”.

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

Haga su búsqueda: