MISIÓN AL AIRE

ENTRAR EN LA REALIDAD DEL BAUTISMO

14 | 03 | 2011

Como todos los años, con motivo de la Cuaresma, el Papa Benedicto XVI ha dirigido un Mensaje a la Iglesia, para animarnos en el camino hacia la Pascua. El Santo Padre nos invita a una nueva vida: “dejarnos transformar por la acción del Espíritu Santo, como san Pablo en el camino de Damasco; orientar con decisión nuestra existencia según la voluntad de Dios; liberarnos de nuestro egoísmo, superando el instinto de dominio sobre los demás y abriéndonos a la caridad de Cristo”. Esta es la vida que ya hemos recibido en el Bautismo cuando, “al participar de la muerte y resurrección de Cristo, comenzó para nosotros la aventura gozosa y entusiasmante del discípulo”.

Siguiendo el Concilio Vaticano II, que exhorta a utilizar con mayor abundancia los elementos bautismales propios de la liturgia cuaresmal (cf SC, 109), el Papa nos llama a aprovechar este itinerario para asumir el Bautismo, como el acto decisivo de toda nuestra existencia. El Bautismo es “el Sacramento en el que se realiza el gran misterio por el cual el hombre muere al pecado, participa de la vida nueva en Jesucristo Resucitado y recibe el mismo Espíritu de Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos” (cf Rm 8,11). El Bautismo es el “encuentro con Cristo”, que nos da una naturaleza nueva y nos permite entrar en su “mentalidad”.

Este "hombre nuevo" vive la "vida eterna" que recibe ya ahora del Espíritu Santo. San Pablo enumera los frutos del Espíritu de Dios que habita en nosotros: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio de sí (Ga 5, 22). En lo hondo del corazón, toda persona quisiera tener la experiencia de esta vida nueva; la única que puede dar verdadero sentido, fortaleza duradera y esperanza cierta para nuestra marcha por el mundo. Es preciso, por tanto, aprovechar la Cuaresma que, al ofrecernos un recorrido análogo al catecumenado, nos permite reavivar el don incomparable del Bautismo y de la vida eterna que él transmite.

La Iglesia necesita que todos nos apropiemos personal y comunitariamente de la gracia del Bautismo. No pocas veces el Bautismo es un sacramento casi olvidado en nuestras vidas, aunque es el fundamento de nuestro ser de cristianos. Sin una renovación permanente de la vida recibida en el Bautismo no tenemos la experiencia gozosa de ser hijos de Dios, no contamos con los recursos indispensables para vivir nuestra fraternidad, no llegamos a sentir en toda su fuerza la comunión eclesial, no asumimos en serio nuestra misión de transformar el mundo, no caminamos seguros hacia el cielo. 

Hoy, cuando la familia, la escuela y la cultura no son, como en el pasado, espacios de transmisión de la fe y de la comunión con Cristo en la Iglesia, tenemos que crear nuevos recursos para una adecuada iniciación cristiana, para una catequesis que fortalezca la gracia y los compromisos bautismales, para una espiritualidad pascual que haciéndonos semejantes a Cristo en su muerte, por la comunión con sus padecimientos, nos lleve al poder y a la alegría de su resurrección (cf Fil 3,10-11). Y la Cuaresma, escuela de fe, es uno de esos indispensables recursos.

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

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