MISIÓN AL AIRE

ALGUNAS LECCIONES DE JUAN PABLO II

02 | 05 | 2011

En el domingo de la divina misericordia, que él mismo había instituido,  y sólo a los seis años de su muerte, ha sido beatificado Juan Pablo II. El proceso se ha realizado en breve tiempo pero, como dijo el portavoz del Vaticano, “no se ha dejado ningún detalle sin comprobar”. La beatificación nos mantiene vivo y cercano a este Papa quien, después de un intenso pontificado de 27 años, se había vuelto como un miembro de familia para todos.

De otra parte, el reconocimiento oficial de la santidad de Juan Pablo II abre nuevas perspectivas que nos obligan, de un modo más atento y creativo, a leer el mensaje que nos ha dado a través de su enseñanza, de su personalidad, de su estilo de vida y de su servicio eclesial. Debemos recoger las lecciones que Dios nos da por medio de él, para enfrentar los desafíos que se nos presentan actualmente a nivel personal y social.

Todos sabemos que este Papa fue un hombre dotado con cualidades excepcionales, que su magisterio fue muy amplio y que nos dio ejemplo con toda su vida. Igualmente, estamos convencidos de que fue un regalo de Dios para la Iglesia y para el mundo. Por eso, se multiplican los campos en los que podemos aprender de él. Yo quisiera  subrayar algunos aspectos concretos que me parece debemos tener muy presentes.

1.  Juan Pablo II nunca supo perder tiempo. Sólo así se explica una vida tan fecunda. Se dice que terminaba sus jornadas diciendo: “No se ha hecho todo lo que había para hacer, pero no era posible hacer más de lo que se hizo”.

2. Su vida no estuvo a la deriva sino que se desarrolló según un proyecto personal bien definido. De ahí la profunda unidad de todo su ser, la coherencia en todo lo que hacía y la fuerza de atracción que tenía. Fue un cristiano que aprovechó todos los recursos y posibilidades al servicio de la misión que Dios le confió.

3. El secreto de su liderazgo fue su rectitud moral, que más allá de su pensamiento vigoroso y de su gran capacidad de comunicación lo hacía un referente para todos. El mismo decía: “nada humano queda fuera de los límites de la razón moral, ni siquiera los asuntos políticos entre estados”.

4. A lo largo de su vida se lo vio siempre como un hombre con una fe inquebrantable. Quien entraba en contacto con él percibía que se entregaba sin reservas a la Providencia de Dios, por medio de la Santísima Virgen María.

5.  Fue un misionero celoso, intrépido y alegre. Nos lanzó a la nueva evangelización. Escribió que “los horizontes y las posibilidades de la misión se ensanchan, y nosotros los cristianos estamos llamados a la valentía apostólica, basada en la confianza en el Espíritu”.

6. Siempre llegaba a la fuente: Jesucristo es la verdad y el único que puede ofrecer respuestas que no decepcionan; por el contrario, es quien nos conduce a la paz y nos llena de esperanza. Cristo es el centro y el fin de la historia. Con Él nada debemos temer.

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

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