MISIÓN AL AIRE

LA VISITA PASTORAL

01 | 02 | 2013

DIOS HA VISITADO A SU PUEBLO

El Código de Derecho Canónico manda que el Obispo visite, personalmente o por medio de otros, su diócesis. Están sujetos a esta visita episcopal las personas, las parroquias, las instituciones católicas y los lugares sagrados que se encuentran dentro del ámbito de su jurisdicción (cf C.I.C. c.c. 396-397). Se tiene noticia de la prescripción de estas visitas pastorales, que hacen parte del ministerio ordinario del Obispo como sucesor de los apóstoles y pastor responsable de la vida espiritual de la grey que le ha sido confiada, desde el Concilio de Tarragona en el año 516. 

Pero las visitas pastorales tienen una raíz todavía más profunda. Son un signo del amor y de la solicitud de Dios, que comparte la vida de su pueblo. La Biblia nos relata las visitas de Dios a Adán (Gn. 3,8s), a Noé (Gn. 6,13s), a Abraham (Gn. 18,1s). Dios se compromete con la suerte de su pueblo y, cuando escucha su grito, baja para liberarlo de la aflicción (cf Ex 3,7ss). Por eso, los profetas suplican: “Ojalá rasgaras el cielo y bajaras” (Is 63,19) y Dios promete: “Yo los visitaré” (Jer 29,10). El nuevo testamento se abre bendiciendo a Dios “porque ha visitado a su pueblo” (Lc 1,68).

Efectivamente, las visitas de Dios llegan a su momento culminante cuando, por la encarnación de su Hijo, ha aparecido entre  nosotros la gracia que trae la salvación, la bondad y el amor  que el hombre necesita (cf Ti 2,11;3,4). Ahora Dios nos habla y nos manifiesta directamente su amor por medio de su Hijo (cf Jn. 3,16; Heb 1,1). Esta cercanía de Dios con su pueblo a través de Jesús, descrita a lo largo del Evangelio (cf. Lc. 10,38s.; 19,1s.; Jn. 2,1s.; 4,6s.; Mc. 1,38; 6,6; Lc.4,43; Mt.4,23), se continúa hoy por medio de los que él escogió para que fueran “a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir” (Lc.10,1; Mc 3,14-15).

En varios textos del Evangelio se conservan el mandato de ir en representación de Jesús, las instrucciones para este ministerio y las gracias con que acompaña a quienes envía (cf. Lc.4,43; 10,5; Mt. 10,5s.; 28,19-20; Mc. 16,15; He. 1,4-8). Llega incluso a asegurar a sus enviados: “Quien los acoge a Ustedes, me acoge a mí, y quien me acoge a mí acoge a aquel que me ha enviado” (Mt.10,40); “quien los escucha a Ustedes me escucha a mí, quien los desprecia a Ustedes me desprecia a mí; y quien me desprecia, desprecia a aquel que me ha enviado” (Lc.10,16). El libro de los Hechos nos relata cómo se cumplió con fidelidad la orden de Jesús y cómo, aún después del primer anuncio, van los apóstoles visitando las comunidades que han acogido la Palabra del Señor (cf He. 9,32; He 15,36). 


NATURALEZA DE LA VISITA PASTORAL

Pienso que después de una primera etapa, en la que he tenido ocasión de hacer una visita rápida a numerosas parroquias por distintos motivos o con ocasión de diversas celebraciones, debo iniciar con la ayuda de los Obispos auxiliares, de los Vicarios, los Arciprestes y otros sacerdotes que puedan colaborar lo que es propiamente la Visita Pastoral a las parroquias y a sus instituciones. Más allá de la ejecución de un recurso jurídico prescrito por la normativa eclesiástica o un acto administrativo, quiero propiciar una oportunidad de contacto personal de los obispos con los presbíteros, los diáconos, los religiosos y los laicos. Espero que sea un momento de discernimiento eclesial y pastoral sobre la parroquia, que nos permita encontrar la voluntad de Dios sobre ella y lograr su armoniosa integración en la vida y la misión de la arquidiócesis. 
 
Lo que es una Visita Pastoral quedó descrito por Pablo VI cuando, en abril de 1967, comenzó a visitar las parroquias de su Diócesis de Roma y dijo: “Venimos como enviados por Cristo, como sus representantes y sus ministros, sucesores directos y legítimos de aquellos a los que Cristo dio precisamente la orden de ir y anunciar el advenimiento del Reino de Dios. El Evangelio continúa. La Visita Pastoral es un acto de apostolado, un acto de presencia de quien es responsable del gran anuncio de la salvación; es una intervención autorizada del Obispo para hacer operante el designio de la redención, que es precisamente una visita, totalmente insólita y sorprendente, de Dios a la humanidad…La Visita quiere ser una animación, un despertar, una llamada a una conciencia nueva, a un mayor compromiso… Venga la hora del Espíritu vivificante; la hora del fuego nuevo… Nuestra visita lo traerá”.

La Visita Pastoral le permite al Obispo ejercer ante el pueblo el ministerio de la palabra, ofrecer la gracia santificante de los sacramentos, proponer las orientaciones que sean necesarias para avanzar en el camino de la vida cristiana y exhortar a todos, especialmente a los que sufren, a la esperanza (cf Pastores Gregis, 46). Por eso, el Directorio para el Ministerio pastoral de los Obispos, precisa que la Visita Pastoral: “Es una oportunidad para reanimar las energías de los agentes evangelizadores, felicitarlos y consolarlos; es también la ocasión para invitar a todos los fieles a la renovación de la propia vida  y a una acción apostólica más intensa. La visita le permite, además, examinar la eficiencia de las estructuras y de los instrumentos destinados al servicio pastoral, dándose cuenta de las circunstancias y dificultades del trabajo evangelizador, para poder determinar mejor las prioridades y los medios de la pastoral orgánica… Para las comunidades y las instituciones que la reciben, la visita es un evento de gracia que refleja en cierta medida aquella especial visita con la que el ‘supremo pastor’ y guardián de nuestras almas, Jesucristo ha visitado y redimido a su pueblo”(Apostolorum Successores, 220).


OBJETIVOS Y PROPÓSITOS DE LA VISITA PASTORAL

1. Deseo que la Visita Pastoral, que vamos a realizar, sea para cada comunidad cristiana una experiencia del amor de Dios. Que nos permita celebrar con fe y con alegría la Eucaristía y los demás sacramentos, ponernos en una actitud de escucha y acogida generosa de la Palabra de Dios, encontrar en la verdad y la caridad todo lo bueno que tenemos y la misión que hoy debemos realizar.  

2. Espero que marque una profunda renovación de la vida cristiana. Que señale un verdadero y concreto compromiso de conversión especialmente en la vivencia de la fe, en el comportamiento moral, en el ejercicio de la caridad y en la organización pastoral. 
3. Debe dar un impulso a la acción evangelizadora. Que nos ayude a entender que la Iglesia existe para evangelizar, a redescubrir la naturaleza de las parroquias como comunidades para vivir y anunciar el Evangelio, a crecer en el ardor apostólico y a asumir con seriedad y con orden los proyectos pastorales que se proponen en la Arquidiócesis, siguiendo el camino que el Espíritu de Dios señala a toda la Iglesia a través de la Misión Continental y la Nueva Evangelización.

4. Es necesario que refuerce la comunión eclesial. Que estreche vínculos entre los pastores y los fieles, acreciente la alegría y la fuerza de ser comunidad, aúne las inteligencias y las voluntades en los mismos criterios y propósitos pastorales, desarrolle el sentido de pertenencia a la arquidiócesis y a la parroquia; en una palabra, que promueva el ideal de ser “un solo corazón y una sola alma” (He.4,32). Debería ser también la ocasión de acercar a muchas personas que se han alejado de la Iglesia.

5. Debe favorecer una revisión y un impulso de la vida pastoral de la parroquia. Que ayude a analizar cómo actúan sus protagonistas, qué tan eficaces son sus instrumentos, cómo deben reformularse sus opciones y sus métodos, cómo hacer un relanzamiento del trabajo apostólico de acuerdo con la realidad que se vive en cada lugar y con la programación de la pastoral arquidiocesana.

6. Conviene que sea una ocasión para mejorar la administración de las parroquias en sus diversos aspectos. Que los análisis que se hagan y las ayudas que se ofrezcan permitan una mejor organización y una creativa cooperación con los propósitos y directivas que se tienen a nivel arquidiocesano.

7. Debe ayudar a la tarea de la paz y la reconciliación. Que el empeño en ser mejores discípulos de Cristo y en construir la comunidad eclesial, que promueve la Visita, tenga también repercusiones concretas en nuestra sociedad para favorecer la equidad, la solidaridad, la educación para la convivencia y el compromiso de renunciar a toda forma y ocasión de violencia.  

MOMENTOS PRINCIPALES DE LA VISITA PASTORAL

El desarrollo de la Visita Pastoral, como es normal, debe acomodarse a las  posibilidades de tiempo y características de cada parroquia; sin embargo, de acuerdo con las orientaciones eclesiales que se tienen al respecto, conviene que se programe y se realice a partir de los siguientes elementos: 

1. La Visita se organiza por arciprestazgos. Presidida por el Arzobispo, los Obispos auxiliares y el Vicario de zona se inaugura en la parroquia del Arcipreste. Luego, con la presidencia del Arzobispo o de alguno de los Obispos auxiliares se iniciará en cada una de las parroquias mediante una Eucaristía con toda la comunidad; allí el párroco hará una breve presentación de la parroquia y el obispo señalará los propósitos de la Visita. Como un memorial del Bautismo, se incluirá el rito penitencial de aspersión al pueblo con agua bendita.

2. El acto central y más importante de la Visita será siempre la celebración de la Eucaristía, al inicio, al final y en otros encuentros si se ve oportuno. En una de estas Misas se debe conferir el Sacramento de la Confirmación. La liturgia se debe preparar del mejor modo posible y se debe procurar la participación de toda la comunidad.

3. El Arzobispo tendrá en cada parroquia un espacio de diálogo con el párroco y los demás sacerdotes que sirven en la parroquia, con los religiosos y religiosas si los hay, con el Consejo Parroquial, las pequeñas comunidades y los grupos apostólicos.

4. Uno de los obispos auxiliares, haciéndose ayudar de algún sacerdote del arciprestazgo si es necesario, tendrá catequesis con niños, jóvenes, parejas de esposos, miembros de movimientos apostólicos, líderes y representantes civiles de la comunidad. Estas catequesis serán una oportunidad para motivar, a partir de la Palabra de Dios, a vivir nuestra condición de discípulos y misioneros de Cristo.

5. En cada parroquia se celebrará una liturgia penitencial y se buscará que en ella varios ministros administren el Sacramento de la Reconciliación. Igualmente, se ofrecerán espacios de diálogo con las personas que lo necesiten. 

6. Como un signo de la solicitud del Señor con los que sufren, uno de los Obispos auxiliares visitará a algunos enfermos de la parroquia.

7. Se procurará visitar las escuelas, colegios, hospitales, hogares de ancianos, obras sociales, cárceles, empresas y demás instituciones que existan dentro de la parroquia. Si la parroquia es rural se visitarán también algunas comunidades veredales.

8. Uno de los Obispos auxiliares  revisará el templo, la casa parroquial y demás obras y dependencias de la parroquia para verificar su estado, su organización y su funcionalidad. 

9. Si dentro de la parroquia hay un cementerio se programará allí una Eucaristía para orar con toda la comunidad por los fieles difuntos.

10. La Visita se concluye, en el templo parroquial, con una Eucaristía en la que se da gracias por la comunidad y su itinerario de vida cristiana y se motiva a vivir con más fuerza la fe y el compromiso misionero. 


PREPARACIÓN DE LA VISITA PASTORAL

Para que la Visita pastoral dé los mejores frutos es necesario el compromiso del Párroco y prepararla cuidadosamente. Me permito recomendar los siguientes pasos:

1. Un encuentro, con suficiente antelación, del Obispo auxiliar que acompaña el Arciprestazgo, quien será el coordinador de la Visita, del Vicario de Zona, del Arcipreste y de los Párrocos para diseñar la programación más conveniente. 

2. Una reunión del Arzobispo con el Obispo coordinador, el Arcipreste y todos los sacerdotes del arciprestazgo para orar pidiendo al Señor el éxito de la Visita y para aprobar y prever su organización general.  

3. Pedir a los fieles, y especialmente a quienes integran los grupos apostólicos, que oren mucho suplicando al Señor que derrame sus bendiciones sobre la parroquia. Programar algunas jornadas de oración y difundir el texto de la “Oración por la Visita Pastoral”.
4. Aprovechar las homilías y algunas catequesis con gremios, instituciones y grupos para desarrollar temas como la identidad de la Iglesia particular, la persona y la misión del Obispo, la parroquia como comunidad cristiana, la figura y el servicio del párroco y demás sacerdotes en la parroquia, el papel de los religiosos y los laicos en la Iglesia, el compromiso de la nueva evangelización. 

5. El Párroco, con el Consejo Parroquial u otros colaboradores, elabora un informe escrito al Arzobispo, sobre la historia, la situación social y pastoral de la parroquia, a fin de tener un instrumento que ayude a quienes realizan la Visita a situarse rápidamente en el contexto de las posibilidades y problemáticas que tiene la comunidad.
6. Una visita previa del Vicario y del Arcipreste para revisar los libros parroquiales y los demás asuntos administrativos o pastorales que le competen, de tal forma que pueda ofrecerle al Arzobispo y a los Obispos auxiliares la información pertinente antes de la Visita. 


TAREAS DESPUÉS DE LA VISITA PASTORAL

La Visita Pastoral no es un evento aislado sino que se inscribe en el camino eclesial y pastoral de la Arquidiócesis y de cada Parroquia; por tanto, al terminarla se realizará lo siguiente:

1. Una responsable evaluación de la Visita para llegar a los análisis y a las conclusiones que puedan ser necesarios y útiles tanto para la Parroquia visitada como para la vida pastoral de toda la Diócesis.

2. Se redactará un Acta, tal como está prescrito, “que testimonie la realización de la Visita… se reconozcan los esfuerzos pastorales y se señalen los puntos para un camino más exigente de la comunidad, sin omitir las indicaciones sobre el estado de las estructuras físicas, de las obras pastorales y de otras eventuales instituciones pastorales” (AS,  224). Esta Acta se dará a conocer a la comunidad y se comentará con el Consejo Parroquial y los grupos apostólicos.

3. El Párroco, el Consejo Parroquial y los fieles recogerán con agradecimiento las gracias recibidas y buscarán los medios más oportunos para asimilar y poner por obra las orientaciones y recomendaciones que hayan surgido bien sea del ministerio episcopal o de las demás experiencias vividas.

4. A nivel de la Curia, de la Vicaría de Zona y del Arciprestazgo se hará un seguimiento al cumplimiento de las directivas y orientaciones que se den a cada parroquia después de la Visita Pastoral. 

CONCLUSIÓN

Espero que estas notas nos ayuden a entrar en el sentido profundo y en el espíritu de la Visita Pastoral, la cual le permite al Sucesor de los Apóstoles ser un signo de la cercanía del Señor con su pueblo. Oremos y colaboremos todos para que la Visita Pastoral a las Parroquias sea otro medio de renovación profunda y de animación apostólica de nuestra Iglesia.  Oren mucho, apoyándose en la intercesión de la Santísima Virgen María a quien en nuestra Arquidiócesis honramos bajo la advocación de Nuestra Señora de la Candelaria, para que al visitarlos, en el nombre y con el mandato del Señor, yo pueda anunciar su Palabra con unción y con humildad, pueda transmitir la gracia salvadora del Señor, pueda ofrecer una voz de ánimo a los obreros del Evangelio y a todos los que pasan por alguna prueba, pueda construir la unidad eclesial e impulsar el advenimiento del Reino de Dios. Para mí es una gran alegría poder visitarlos; por eso, como decía San Pablo a los Romanos: “Deseo verlos, a fin de comunicarles algún don espiritual que los fortalezca, o más bien, para sentir entre Ustedes el mutuo consuelo de nuestra fe” (Rm.1,11).

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

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