MISIÓN AL AIRE

LA VISITA AD LIMINA APOSTOLORUM

01 | 10 | 2012

Durante el pasado mes de septiembre, tuve la ocasión de vivir la Visita ad Limina Apostolorum en compañía de los Obispos auxiliares y de otros Obispos de Colombia. Ha sido un momento muy significativo para mí y también muy importante para nuestra Arquidiócesis de Medellín.El eco de una primera Visita ad Liminapodríamos encontrarlo en la Carta a los Gálatas; después de hablar de su conversión y del apostolado que ha asumido entre los paganos, San Pablo dice: “Luego... subí a Jerusalén para ver a Pedro y permanecí quince días en su compañía” (1,18).La Visita ad Limina no se reduce a un acto meramente administrativo o jurídico, sino que conlleva elementos que le dan una profunda dimensión espiritual, teológica y pastoral. 

Ha sido, ante todo, una peregrinación; es decir, una experiencia de fe y de comunión eclesial, un viaje interior hacia lo que Dios quiere decirnos y darnos hoy. Se comienza, efectivamente, con una visita a las tumbas de los apóstoles como en un propósito de encontrarse con el testimonio dado por ellos hasta derramar la sangre, como un retorno a las fuentes, como un reencuentro con las raíces más profundas de la fe y de la Iglesia. Igualmente, tiene profundo significado el encuentro con el Sucesor de Pedro, sobre quien Cristo ha edificado su Iglesia (cf Mt 16,18). Desde entonces, Pedro y sus sucesores han presidido la Iglesia en la caridad y han sido un signo y un instrumento para la unidad de los discípulos de Jesús.

Con ocasión de la Visita ad Limina, cada Obispo tiene la posibilidad de acercarse hasta el Obispo de Roma y profesar así la relación más estrecha de comunión con aquel que posee en la Iglesia el primado como Cabeza visible y, a la vez, como principio de unidad (cfLG, 23).Al calor de la fe de quien ha proclamado: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”, se logra saber que este tiempo de sufrimientos y esperanzas por el que atravesamos es también un tiempo de Dios y una hora privilegiada en la historia de nuestra Iglesia. Seguramente ya todos conocen el texto del discurso del Santo Padre con las orientaciones que nos ha dado. Los dos momentos que compartimos con el Papa han estado marcados por la amable cercanía que él nos manifestó y por nuestra admiración ante su lucidez para seguir la vida de la Iglesia y su entrega sin reservas al Señor. 

La visita a las Congregaciones de la Curia Romana tiene una gran importancia en cuanto son los instrumentos ordinarios para facilitar el “ministerio petrino”. A estas oficinas del Santo Padre van los Obispos durante la Visita ad Limina en grupo o individualmente para exponer sus problemas y pedir las informaciones que requieran.En las reuniones con todos los Dicasterios, que fueron intensas, afloraron numerosas situaciones que vive la sociedad actual en Colombia y en el mundo, y que necesariamente deben ser asumidos e iluminados por la Iglesia. Tuvimos la ocasión de reunirnos con los Prefectos y sus colaboradores en veintitrés Dicasterios. 

La reunión se iniciaba con la presentación del grupo, con una sintética exposición de la situación pastoral de las diócesis que representábamos en lo que toca a las cuestiones de competencia de cada Congregación. Después se formulaban preguntas e inquietudes concretas acerca de problemas particulares y se recibían las respectivas respuestas.Aun sin orden y sin indicaciones precisas o comentarios explicativos, me parece conveniente compartir con Ustedes algunas reflexiones y orientaciones, que pueden tener interés para todos, recogidas en estos diálogos. Les pido que las consideren y las tengan presentes, pues nos resultan ciertamente valiosas para darle identidad a nuestra Iglesia particular y para la realización de nuestro trabajo pastoral. 

1. La nueva evangelización supone una eclesiología, un nuevo modelo de Iglesia. La nueva evangelización sólo la hace una auténtica comunidad cristiana. Es necesario fortalecer las parroquias, para que así como engendran los hijos de Dios, también sepan guiarlos y acompañarlos en la maduración de su fe. No se puede suponer que nuestros fieles tienen fe; por eso, conviene partir siempre de un primer anuncio, un anuncio concreto que todos entiendan, que llegue a la vida, que se proclama con la unción del Espíritu Santo. Se requiere, de otra parte, organizar convenientes itinerarios de iniciación cristiana; estamos realizando la iniciación cristiana como hace 200 años; en este campo hay que tomar decisiones con valentía. Igualmente, es necesario promover adecuados caminos de espiritualidad que con creatividad logren presentar a Dios en las actuales coyunturas culturales y responder a las necesidades del hombre de hoy.

2. Estamos en un momento de transición cultural; de ahí la crisis que vivimos. Nuestra gran preocupación es cómo transmitir la fe a las generaciones que vienen; esta transmisión de la fe en este momento cultural a los indiferentes, a los alejados y a los que no son cristianos es de hecho la nueva evangelización. La novedad de la evangelización es la novedad de la vida cristiana; lo que importa definitivamente es que se reciba a Cristo como la novedad absoluta de la vida. La novedad que es Cristo sólo se puede presentar si lo conocemos, si llevamos una vida de discípulos, si Él ha pasado por nosotros dejándonos conversión y santidad.

3. Hay tres elementos fundamentales en la nueva evangelización: El anuncio respaldado por la formación; debe haber una formación sistemática y permanente, evitando una información desarticulada. La liturgia que haga unidad entre la gracia que se recibe y la vida de cada día; se pueden usar muchas estrategias, pero sin la gracia no se produce nada y la liturgia es el primer espacio de la gracia. El testimonio que muestra en nuestro estilo de vida que somos discípulos de Jesús; nuestro estilo de vida tiene que ser un signo de credibilidad.

4. En este año de la fe insistir en una sólida formación doctrinal. No creemos en un Dios etéreo, abstracto, indeterminado, sino en el Dios trinitario. La importancia de la encarnación se percibe al ver que en Cristo nos ha sido dicho y revelado todo. La Iglesia no es una asociación, es un don de Dios, es un signo de la unidad de Dios con nosotros. No nos podemos quedar en un tradicionalismo religioso, debemos ir a la vida que nos presenta Cristo en el Evangelio. En América Latina es necesario proteger el pueblo católico de las sectas que van no sólo contra la unidad de la Iglesia sino contra la unidad cultural de un pueblo forjado por el catolicismo. 

5. Es necesario poner el mayor interés en la celebración de la liturgia. Más que hacer, la liturgia es acoger la salvación de Dios. Resulta muy importante que la liturgia tenga espíritu, que revele el sentido del misterio. Hay que darle todo su valor a la Eucaristía del domingo, especialmente en este Año de la fe. No hay nueva evangelización sin la Misa del domingo bien celebrada y aprovechada por la comunidad cristiana. Es preciso cuidar la Eucaristía de la sociedad de consumo, que pretende quitarle su identidad y su sentido; la Eucaristía no es un producto más. Urge conocer bien y aplicar debidamente la Instrucción del Misal Romano. El canto reviste una particular importancia en la liturgia y, por tanto, deben darse criterios para que ayude a orar y a crear unidad en la comunidad. 

6. La encrucijada cultural de un cambio epocal ha creado una problemática enorme en torno a la familia. La propuesta cristiana es una luz para este momento de crisis que tiene un origen común: el deterioro de la condición humana. No se puede olvidar que la familia es un recurso de la humanidad y, por tanto, hay que hablar y escribir sobre la teología y la espiritualidad de la familia. Urge un esfuerzo en dos direcciones: Mostrar la belleza y la fuerza de las familias verdaderamente cristianas que no producen problemas y testimoniar que la familia es el pilar de la sociedad y sin este sujeto fundamental es difícil combatir las demás patologías sociales. Por lo mismo, hay que mostrar que la familia tiene derechos que deben ser reconocidos.

7. Las circunstancias que vivimos nos llaman como nunca a defender la institución familiar, a acompañar a las parejas, a formar humana y cristianamente a los novios. Se debe diseñar una pastoral familiar que corresponda a las necesidades y a las oportunidades de hoy. Procurar mediante diversas y adecuadas ayudas que la familia siga siendo la primera transmisora de la fe cristiana. Invitar a las familias para que acompañen a los hijos en su proceso vocacional; que los hogares sean en verdad el primer semillero de vocaciones sacerdotales, religiosas y laicales.

8. No podemos ceder espacios en el campo educativo. La misión de la Iglesia requiere mantener los colegios y universidades católicos, ayudar a diversas instituciones en la orientación de la educación, cuidar con esmero la educación religiosa escolar, aportar a través de los medios nuevos y antiguos los principios y los valores que crean humanidad y abren la cultura al Evangelio. La pastoral educativa debe seren todos los colegios y universidades, no sólo en los católicos. Entre los centros educativos de una Iglesia particular tienen especial importancia los seminarios, que deben ser cuidados por toda la comunidad diocesana y deben adecuarse a las exigencias que tiene actualmente la misión de la Iglesia.

9. En los seminarios es preciso mostrar con claridad la vocación sacerdotal, que se diferencia de los laicos no sólo por grado sino también por naturaleza. Es una vocación enriquecida con un nuevo sacramento. Resulta muy importante en este momento hacer una seria promoción vocacional, darle toda la fuerza al año propedéutico, definir bien el papel del director espiritual, reforzar la formación teológica que puede aprovechar mejor el Catecismo de la Iglesia Católica, lograr hacer procesos de desintoxicación de los jóvenes que vienen de la realidad del mundo y, sobre todo, propiciar una profunda vida espiritual, pues sin unión íntima con Cristo no hay verdadero sacerdocio. Convendría unir los seminarios para lograr formar un solo presbiterio, para que el obispo pueda atenderlo bien, para garantizar un óptimo equipo de formadores.

10. Una diócesis debe valorar la vida consagrada e integrarla fructuosamente en su vida. Resulta útil tener presente cuanto ha quedado señalado en la Exhortación Apostólica Vita Consecrata del Beato Juan Pablo II y en el documento MutuaeRelationes de la Congregación para la Vida Religiosa. Conviene trabajar con más empeño para integrar el apostolado de los religiosos en la pastoral diocesana. Del mismo modo, es necesario ayudar a fomentar la vida espiritual de los religiosos, a superar la crisis vocacional de algunas comunidades religiosas y a discernir lo que conviene con relación a nuevas experiencias de vida consagrada.

11. Cada vez debemos dar más espacio a los laicos en la vida de la Iglesia. Llevarlos a que asuman su misión, sin “clericalizarlos” ni enquistarlos en los lugares eclesiales en los que se sienten cómodos y seguros, sino invitándolos a estar en esos lugares donde sólo ellos pueden ir con el mensaje del Evangelio. La Iglesia no está completamente fundada y organizada sin un laicado bien formado y fielmente unido a los proyectos pastorales de la diócesis y de las parroquias.

12. Si la Iglesia no comunica no cumple su misión. La comunicación no es un sector de la pastoral sino que encara toda la realidad de la Iglesia. No se duda que debemos evangelizar, pero debemos preguntarnos cómo hay que hacerlo hoy. Las nuevas tecnologías influyen sobre la manera de ser y de vivir de la gente, especialmente de los jóvenes. Más que de instrumentos hoy se habla de un “ambiente”, que está generando la “cultura digital”. Uno de los más grandes desafíos es evangelizar en el lenguaje de hoy y no quedarnos sólo con espacios devocionales a través de los medios. Sacerdotes y seminaristas debemos formarnos para la comunicación, empezando por la homilía que en tantas ocasiones resulta insufrible.

13. Hay que ayudar para que la Palabra de Dios entre en las culturas, que son la conciencia colectiva de los pueblos, para que las purifique, las transforme y las eleve. Cuando la fe cristiana lleva un mensaje a una cultura no está produciendo una contaminación cultural, sino que está aportando a su fecundación. Además de la trascendencia horizontal de las culturas, que las lleva al diálogo, existe una trascendencia vertical puesto que la mayoría de las preguntas de una cultura son de carácter religioso. Frente a las culturas es preciso mantener una simpatía crítica, no ingenua, pues no todos los elementos culturales ayudan a crecer en humanidad; por eso resulta muy útil, no sólo un análisis sociológico de las culturas, sino también un discernimiento desde la Palabra de Dios.

14. Los bienes culturales, tanto lo que se refiere a obras de arte como a la riqueza documental en archivos y bibliotecas, son parte del patrimonio de la fe de la Iglesia. Son un verdadero medio de evangelización. El 85% del patrimonio cultural en el mundo es religioso. Después del tráfico de armas y de drogas, el tráfico más practicado es el de obras religiosas. Debemos hacernos conscientes del deber de valorar, tutelar y promover los bienes culturales de la Iglesia. En este sentido, entender que la Iglesia ha creado objetos para el culto, no para hacer museos y que aun hoy debemos fomentar un arte que sirva para el culto cristiano. 

15. A veces la caridad se confunde con la acción social. La caridad refleja a Cristo; se imita a Cristo al darse a sí mismo. La pastoral social no es la de una agencia o de una ONG, más que acción social es pastoral caritativa. Lo fundamental es el nexo entre caridad y evangelización, como se veía en la vida de los apóstoles. Es necesario consolidar el servicio de caridad a nivel diocesano y parroquial. Hay que aprovechar especialmente el tiempo de cuaresma para formar en la caridad y propiciar el ejercicio de la caridad. Para el próximo año, el Santo Padre nos invita a reflexionar que “nosotros hemos conocido el amor de Dios y hemos creído en él”.  

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

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