MISIÓN AL AIRE

EL CONSEJO PASTORAL PARROQUIAL

01 | 08 | 2012

Un instrumento de comunión

Todos los cristianos, por el Bautismo que nos ha configurado con Cristo, nos hemos hecho miembros vivos de la Iglesia y tenemos en ella un puesto y una misión. El Concilio Vaticano II nos presenta la Iglesia como un misterio de comunión, como una asamblea profética y sacerdotal, como un pueblo en camino y como un sacramento universal de salvación. Cada uno de nosotros es parte de esta comunidad, convocada por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, para anunciar el Evangelio a todos los hombres de la tierra. La Iglesia es una comunidad dinámica y misionera, que se está construyendo cada día, que está discerniendo permanentemente la voluntad de Dios y que se está expandiendo hasta los confines del mundo, mediante la organización y el ministerio jerárquico establecidos por Cristo y mediante los dones con los que la enriquece el Espíritu Santo (cf 1 Cor 12,1-11; LG 6-8; cc 204), para irradiar la vida que ha recibido.

La comunión entre los miembros de la Iglesia no es una especie de afecto vago, sino la verdadera participación en una misma vida de todos los que el Espíritu de Dios une en el amor de Cristo. Es una participación en la profunda unidad que vive la Trinidad a la que se entra por el Bautismo y que tiene su máxima expresión en la Eucaristía y demás sacramentos. La espiritualidad de comunión es el primer fundamento para que haya orden y para armonizar la unidad y la diversidad en la Iglesia. Entre otros objetivos, los organismos eclesiales se proponen ayudar a los miembros de la Iglesia a vivir eficazmente su unidad e integración. Uno de ellos es el Consejo Pastoral que se debe tener, tanto a nivel diocesano como a nivel parroquial. Es un instrumento pastoral que no se sitúa, por tanto, ni fuera ni sobre la comunidad, sino en su interior.

El Consejo Pastoral Parroquial está integrado por ministros ordenados y principalmente por fieles laicos, como lo señalan todos los textos constitutivos del mismo (cf CD 27; AA 26; AG 30; ES 1.16; cc 512). Así se manifiesta también la comunión puesto que la vocación misionera de la Iglesia no queda circunscrita a los obispos, presbíteros y diáconos, sino que es todo el Pueblo de Dios quien, aunque de forma orgánica y jerárquica, ha recibido la misión (cf LG 32-33). Es muy diciente que el Concilio prescriba de un modo concreto: “Los sagrados Pastores reconozcan y promuevan la dignidad y responsabilidad de los laicos en la Iglesia. Recurran gustosamente a su prudente consejo, encomiéndenles con confianza cargos en servicio de la Iglesia y denles libertad y oportunidad para actuar; más aún, anímenles incluso a emprender obras por propia iniciativa” (LG 37).


Un instrumento de corresponsabilidad

La colaboración entre pastores y laicos no es sólo para manifestar la comunión en la Iglesia, sino que viene exigida también por la eficacia de la misión como explícitamente lo dice, más adelante, la misma Constitución Lumen Gentium: “Son de esperar muchísimos bienes para la Iglesia de este trato familiar entre los laicos y los Pastores; así se robustece en los seglares el sentido de la propia responsabilidad, se fomenta su entusiasmo y se asocian más fácilmente las fuerzas de los laicos al trabajo de los Pastores. Estos, a su vez, ayudados por la experiencia de los seglares, están en condiciones de juzgar con más precisión y objetividad tanto los asuntos espirituales como los temporales, de forma que la Iglesia entera, robustecida por todos sus miembros, cumpla con mayor eficacia su misión en favor de la vida del mundo” (LG 37).

El Consejo Pastoral Parroquial, sin ser el único instrumento que tengan los fieles para realizar su corresponsabilidad, es ya una forma institucionalizada para que los laicos vivan la comunión, expresen su representatividad y cumplan sistemáticamente su tarea en la Iglesia. Por eso, viene vivamente recomendado y casi exigido por el Magisterio posterior al Concilio Vaticano II. En la Exhortación Apostólica postsinodal Christifideles Laici se hace una llamada de atención a que sea valorado y puesto en marcha: “La indicación conciliar respecto al examen y solución de los problemas pastorales con la colaboración de todos, debe encontrar un desarrollo adecuado y estructurado en la valorización más convencida, amplia y decidida de los Consejos Pastorales Parroquiales, en los que han insistido, con justa razón, los padres sinodales” (CL 27).

También el Episcopado Latinoamericano ha subrayado su importancia y necesidad. En las conclusiones de la Conferencia reunida en Medellín se recomienda a los sacerdotes: “Tiene extraordinaria importancia dar vida a los Consejos de Pastoral, que son innegablemente una de las instituciones más originales sugeridas por el Concilio y uno de los más eficientes instrumentos de la renovación de la Iglesia en su acción de pastoral de conjunto” (Sac 23). La III Conferencia reunida en Puebla, al hablar de la participación de los laicos en la misión salvífica de la Iglesia, constata que en las parroquias se van logrando diversas formas de renovación y se va creando una nueva mentalidad entre los pastores como se ve concretamente al llamar a los laicos a integrar los Consejos de Pastoral (cf Puebla 631).

Más adelante, la misma Conferencia recomienda a los párrocos: “Es necesario continuar en las parroquias el esfuerzo de renovación, superando aspectos meramente administrativos, buscando la participación mayor de los laicos, especialmente en el Consejo Pastoral” (Puebla 649). La V Conferencia, reunida en Aparecida, tiene como una de sus principales propuestas la renovación de las parroquias y con ella la reorganización de sus estructuras, a fin de que la parroquia tenga la vida de la primera comunidad cristiana (cf A 170-172; 175-177). Por eso pide que los Consejos Pastorales Parroquiales sean un organismo que supere cualquier clase de burocracia, estén formados por verdaderos discípulos misioneros y animados por una espiritualidad de comunión (cf A 203). Finalmente, reconoce “el valor y la eficacia de los Consejos Pastorales Parroquiales… porque incentivan la comunión y la participación en la Iglesia y su presencia activa en el mundo” (A 215).


Un instrumento de participación

No queda duda de que el Consejo Pastoral Parroquial está pedido con insistencia a partir del Concilio Vaticano II y que cumple una función esencial para vivir la comunión y la corresponsabilidad en la Iglesia. Por tanto, el Código de Derecho Canónico, sintetizando el deseo común en este campo y legislando sobre esta materia establece: “Si es oportuno, a juicio del Obispo diocesano, oído el Consejo Presbiteral, se constituirá, en cada parroquia un Consejo Pastoral, que preside el párroco y en el cual los fieles, junto con aquellos que participan por su oficio en la cura pastoral de la parroquia, presten su colaboración para el fomento de la actividad pastoral. El Consejo Pastoral tiene voto meramente consultivo, y se rige por las normas que establezca el Obispo diocesano” (cc 536).

Se podría decir que el Consejo Pastoral Parroquial, pedido por el Concilio Vaticano II, tiene un precedente en las Juntas Parroquiales que promovió a partir de 1935 la Acción Católica, pero, en realidad sólo comienza a darse alrededor de 1970. En síntesis, el Consejo Pastoral Parroquial es un organismo de comunión y participación entre presbíteros, religiosos y laicos en orden a cumplir la misión de la Iglesia en una comunidad parroquial. El punto de partida es creer que todos los miembros del Pueblo de Dios, al formar una comunidad, tienen diversos carismas y deben ejercer distintas funciones. Por tanto, cuando el Consejo Pastoral Parroquial funciona convenientemente, de alguna manera manifiesta el grado de madurez al que ha llegado una comunidad en su capacidad de comunión, en su formación para la participación de todos y en su corresponsabilidad apostólica. 

El Consejo Pastoral Parroquial es un organismo de comunión y participación al servicio de la parroquia. Es un cuerpo consultivo y asesor que debe volverse un motor para el desarrollo pastoral de la parroquia. Es un grupo de inmediatos colaboradores del párroco, para ayudarle a encontrar caminos y soluciones a los desafíos pastorales con que se encuentra en su ministerio. Es un grupo de activo de católicos convencidos y practicantes, que se comprometen a ser servidores de la comunidad, al lado y bajo la dirección del párroco. Es un grupo de estudio para analizar documentos y situaciones a fin de encontrar la mejor manera de cumplir la misión de la Iglesia de acuerdo con las orientaciones y disposiciones del Obispo. Es una corporación que expresa la parroquia y trabaja para que ella sea una comunidad profética, sacerdotal y pastoral.

De otra parte, un Consejo Pastoral Parroquial no puede ser un ente burocrático o una barrera entre el párroco y la comunidad. Aunque puede liderar diversas iniciativas, el Consejo no es, en principio, una junta para recolectar fondos ni es tampoco un movimiento apostólico. Si bien debe estudiar y formarse, no es un grupo para estudios intelectuales o teológicos. No tiene carácter decisorio ni competencia administrativa y por consiguiente no sustituye al párroco en su acción específica. No es el organismo de representación legal de la parroquia, la cual corresponde exclusivamente al párroco. No debe ser un grupo de presión que asfixie creando discusiones o tensiones innecesarias ni puede ser tampoco un mero elemento decorativo en el organigrama parroquial. No tiene un carácter puramente electivo pues al Consejo los miembros llegan por nombramiento según lo que establezcan los estatutos.


Un instrumento de representatividad parroquial

Un Consejo Pastoral Parroquial, dadas su naturaleza y estructura, tiene las siguientes notas: 1) Es eclesial, porque es un organismo propio de la parroquia y por ella profundamente vinculado a la diócesis. 2) Es permanente, en cuanto tiene estabilidad, no obstante que sus miembros deban renovarse periódicamente. 3) Es representativo, porque, en la medida de las posibilidades, es como el espejo de la parroquia personificando diversos sectores y grupos. 4) Es consultivo, ya que es un instrumento de diálogo sincero y profundo, de análisis lúcido y valiente para discernir lo que Dios quiere en la realidad concreta que se vive. 5) Es directivo, de programación y coordinación pastoral dirigidas al cumplimiento de la misión de la parroquia. 6) Es ministerial porque su fin esencial es pastoral y está para servir con generosidad a la Iglesia.

Las principales funciones del Consejo Pastoral Parroquial pueden ser las siguientes: 1) La planificación, coordinación y animación de la acción pastoral en la parroquia para que responda a las necesidades del momento  y a las prioridades señaladas a nivel diocesano. 2) Analizar la realidad social, cultural, económica y religiosa de la parroquia para responder a ella con diversas iniciativas y procesos pastorales. 3) Recoger iniciativas y discernir sobre la conveniencia de realizarlas. 4) Elaborar, con la colaboración de todos los agentes y grupos parroquiales, el plan pastoral y el calendario de actividades. 5) Fomentar la unidad y la corresponsabilidad entre todos los miembros de la parroquia. 6) Establecer contactos con otros consejos o con instancias vicariales o diocesanas para realizar programas comunes. 7) Representar la parroquia a nivel de los arciprestazgos, de las vicarías y de la misma diócesis.

Para que el Consejo Pastoral Parroquial, que actúa presidido siempre por el párroco, pueda cumplir su misión debe ser representativo de los diferentes estamentos y grupos presentes en la parroquia. Además de los presbíteros que trabajan en la parroquia conviene que incluya personas representativas, no voceros, de las comunidades religiosas que se integran a la vida parroquial, de las pequeñas comunidades eclesiales, de los grupos apostólicos, de equipos y comisiones pastorales, de diversos movimientos y asociaciones, de quienes pueden representar el mundo juvenil, familiar, escolar, empresarial, etc. Pero lo esencial para ser miembro del Consejo es el testimonio de vida cristiana, la profunda adhesión a la Iglesia y la decidida voluntad de colaborar con el párroco en la programación y animación de la vida pastoral de la parroquia.

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

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