MISIÓN AL AIRE

NO ESTAMOS BIEN

05 | 09 | 2011

Con un solo órgano del cuerpo que esté enfermo, aunque todos los demás se encuentren sanos y funcionando bien, nos sentimos mal, no podemos cumplir nuestras tareas habituales y hasta es posible que corramos peligro de muerte. Así es también nuestra sociedad. Imposible negar que tenemos muchos valores, que nos rodean numerosas oportunidades y realizaciones positivas, que se han hecho muchas cosas valiosas e importantes, que hay, sobre todo, mucha gente buena realizando bien su proyecto personal y sirviendo generosamente a los demás. Pero con los males que tenemos, hay que reconocer que no estamos bien.

Una rápida mirada a la realidad en el territorio de nuestra Arquidiócesis nos muestra, entre otras cosas, que la violencia se da hasta dentro de los hogares, que en general no es bueno el nivel de la educación, que el crimen se organiza y se industrializa, que aumenta la drogadicción aun entre adolescentes, que crece la inequidad y la pobreza, que se extiende por todas partes la plaga de la extorsión, que es preocupante el índice de desempleo, que abunda en diversas formas la corrupción, que la ciudad se desarticula con las fronteras invisibles, que no hay un desarrollo urbano adecuado a las necesidades, que decrece la formación moral, que se siente en muchos sectores la ausencia de Dios.

Esta realidad está golpeando duramente la vida de las personas, de las familias, de los grupos humanos y de la sociedad entera; esta situación de violencia, de inseguridad y de injusticia social siembra desconfianza en las relaciones humanas, altera la tranquilidad pública, obstaculiza la cohesión social, desestabiliza la economía, llena el corazón de las personas de miedo, de angustia, de resentimiento y de propósitos de venganza. Los niños y los jóvenes se están levantando en un clima de agresión y de zozobra, que los está llevando al sinsentido de la vida y aun al suicidio. No estamos bien.

Con todo, la superficialidad, la indolencia y el egoísmo nos hacen, con frecuencia, insensibles frente a estos males y frente a los sufrimientos de los demás. Es así como pasan los años y los problemas no sólo continúan sino que aumentan y se vuelven más complejos. Ahora, hemos entrando, de nuevo, en un período de elecciones; un momento de particular importancia para una sociedad que busca, por la vía democrática, escoger a sus gobernantes. Es una ocasión de conocer análisis y propuestas para conducir las regiones y las ciudades. Es un momento de reflexión y de diálogo sobre la realidad cultural, política, económica y social que se vive. Es un momento de opciones, de alianzas y de compromisos.

En esta hora la sociedad se contempla, se autogestiona y se proyecta hacia el futuro. Tenemos la obligación de formarnos y de ayudar a las personas a formarse para intervenir en la vida política y en la dirección de los asuntos comunes mediante el ejercicio del voto. No está el momento para proceder con ligereza e irresponsabilidad. Es preciso apoyar a quienes mejor garanticen los diferentes elementos del bien común en sus dimensiones materiales, culturales, morales y religiosas. Urge conocer y analizar los candidatos y sus propuestas, pues no podemos dejar para última hora las decisiones. No estamos bien, y si permitimos que la política sea manejada por intereses personales y partidistas, estaremos acrecentando todavía más el grave proceso de deterioro de nuestra sociedad.

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

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