MISIÓN AL AIRE

LLAMADOS Y CONVERTIDOS A LA MISIÓN

03 | 10 | 2011

Octubre es considerado en la Iglesia como el mes de la misión universal. El libro de los Hechos de los Apóstoles nos narra la historia maravillosa de la primera evangelización apostólica y de la expansión de la Iglesia. El Beato Juan Pablo II, en varias ocasiones, nos invitó a que, en nuestra tarea eclesial, nos inspiráramos siempre en “el primerísimo modelo apostólico”. Lo más significativo de este modelo es que cuando se abre espacio a la fe y a la conversión, toda la Iglesia es penetrada por la luz y el poder del Espíritu Santo y se da en todos los creyentes la alegría de una vida nueva que se contagia al mundo.

Pidamos todos al Señor que los cristianos que caminamos en esta Arquidiócesis de Medellín seamos capaces de percibir con claridad que la razón de ser y la alegría de la Iglesia es la misión. El Papa Pablo VI lo expresó con unas palabras que siempre resultan oportunas y nuevas: “La tarea de la evangelización de todos los hombres constituye la misión esencial de la Iglesia; una tarea y una misión que los cambios amplios y profundos de la sociedad actual hacen cada vez más urgentes. Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar” (EN,14).

Ante la realidad de tantos niños y jóvenes sin ninguna orientación en su vida, de muchas familias que no logran configurarse o sostenerse en medio de las propuestas ambiguas del mundo actual, de sectores enteros de la población azotados por la violencia y la pobreza, de numerosas personas que en la superficialidad y el egoísmo caminan sin rumbo y sin esperanza, debemos sentir con más fuerza en el corazón aquel sentimiento que nos dice el Evangelio estaba presente en Jesús: al ver a las gentes, como ovejas sin pastor, se compadecía de ellas (cf Mt 9,36).

El Papa Benedicto XVI comenta al respecto: “la mirada conmovida de Cristo se detiene también hoy sobre los hombres y los pueblos, puesto que por el proyecto divino todos están llamados a la salvación. Jesús, ante las insidias que se oponen a este proyecto, se compadece de las multitudes: las defiende de los lobos, aun a costa de su vida. Jesús abraza a las multitudes y a cada uno, y los entrega al Padre, ofreciéndose a sí mismo en sacrificio de expiación. La Iglesia, iluminada por esta verdad pascual, es consciente de que, para promover un desarrollo integral, es necesario que nuestra mirada sobre el hombre se asemeje a la de Cristo” (29 IX 2005).

Despertemos por tanto a la misión. Es hora de evangelizar. Urge llevar el mensaje de la salvación a todos. Esto nos exige sentir que en verdad estamos llamados a una misión muy grande y que no podemos dejar de cumplirla; que debemos convertirnos, tanto para cambiar de una vida según el mundo a la vida propuesta por Jesús, como para cambiar las estructuras que no evangelizan a nuevos procesos y sistemas de transmisión de la fe; que debemos ocuparnos seriamente en formarnos y en formar muchas personas como agentes de la nueva evangelización; que, en síntesis, no podemos perder el impulso del Espíritu, que admirablemente nos está uniendo y moviendo a partir de la Misión Continental.

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

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