MISIÓN AL AIRE

ORIENTACIONES SOBRE LOS GRUPOS APOSTÓLICOS

25 | 08 | 2015

1. Los Grupos Apostólicos en las Parroquias

- No es fácil escribir sobre este tema, por la diversidad de experiencias y situaciones que se presentan y porque no hay, al menos que yo conozca, estudios y análisis sobre el particular. Estas indicaciones y propuestas surgen a partir de la realidad que vivimos y de valiosas experiencias que tenemos en nuestras parroquias. Esta reflexión se propone, de alguna manera, recoger y orientar lo que el Espíritu de Dios va realizando entre nosotros. Las sugerencias que propongo son sencillas, ya probadas en varias partes y, en general, aplicables en todas las parroquias. Su objetivo es ir creando una organización común, pues no conviene que cada parroquia tenga un esquema propio; esto dificulta la estabilidad de los grupos y la organización a nivel diocesano.

- Una adecuada conformación de los grupos apostólicos, como se ve en algunas parroquias que van alcanzando solidez y cosechando buenos frutos, va permitiendo tener comunidades vivas con un tejido eclesial y apostólico, que muestra consistencia ante el avance del secularismo, la pluralidad de ofertas de vida que ofrecen hoy la realidad cultural y la sociedad de consumo, el proselitismo de las sectas, el engaño de personas que no están en comunión con la Iglesia y la ignorancia e indiferencia de los mismos católicos. Los grupos apostólicos son un verdadero signo de la vitalidad y de la organicidad de la familia parroquial. Son, además, la ocasión para ofrecer una buena formación y una conveniente organización al laicado.

- Lo que pedía Puebla cuando hablaba de “comunión y participación” lo podemos realizar casi sin grandes esfuerzos, aprovechando lo que ya tenemos, a través de los grupos apostólicos. En verdad, no son pocas las parroquias que van contando con un número significativo de laicos formados y comprometidos con la misión de la Iglesia. La formación se va dando, como de modo natural, en la vida ordinaria y en la acción pastoral de la parroquia. En los grupos apostólicos, los laicos encuentran un amplio abanico de opciones y posibilidades de acción dentro de un proceso de formación espiritual que evita que asuman una actitud “clericalista” o individualista, que conduciría a repetir errores de otras épocas.

- Los grupos apostólicos se van creando según las necesidades y las posibilidades de las parroquias. Pertenecen a la parroquia, no al párroco. Esto contribuirá también a que tengan estabilidad, pues no es fácil ni conveniente comenzar cada año a buscar, formar, comprometer e integrar personas para los diversos servicios y apostolados parroquiales. Los verdaderos grupos apostólicos están en comunión y articulación plenas con la parroquia. De lo contrario, pueden ser agrupaciones de personas de buena voluntad, que realizan obras útiles e interesantes, pero no necesariamente tienen la misión eclesial. Conviene que, a partir de estas instrucciones, vamos definiendo e integrando nuestros grupos apostólicos. En medio de tanta dispersión de fuerzas en materia religiosa, es necesario que, al menos dentro de la Arquidiócesis, tengamos los mismos criterios y una organización común.

- Para la animación de los grupos tengamos presente lo siguiente:

1) Una vez que una persona, aun desde la infancia, entra a un grupo apostólico se procura que no pierda nunca esta vinculación; puede integrarse a una pequeña comunidad, puede pasar a otro grupo si es necesario, puede vincularse a otra parroquia si cambia de residencia, pero no debe perder nunca la comunión y participación en la Iglesia.

2) No es lo mismo una pequeña comunidad eclesial y un grupo apostólico y por tanto no cualquier grupo se debe llamar comunidad. Sin embargo, debe haber complementariedad entre pequeñas comunidades y grupos apostólicos. De las pequeñas comunidades pueden provenir los miembros de los grupos o los miembros de los grupos pueden integrarse también en pequeñas comunidades.

3) Siempre debe propiciarse en todos los grupos una formación espiritual y doctrinal; debe haber una formación específica según el apostolado que desarrollan; igualmente, debe suscitarse en ellos una gran fraternidad.

4) No deben estar las mismas personas en todos los grupos y no conviene multiplicar o prolongar innecesariamente las reuniones, para no crear dificultades en la vida familiar o laboral de las personas.

- Cada grupo debe tener sus coordinadores. Conviene, además, si hay posibilidad organizar la coordinación de los grupos a nivel parroquial mediante los equipos de comunión eclesial, de evangelización, de liturgia y de acción caritativa. A su vez, mediante los comités pastorales se hará la coordinación y animación de los grupos a nivel de los arciprestazgos y las vicarías. No debe hacerse nada a la fuerza; se trata de implementar unos esquemas sencillos de ayuda, que todos por necesidad y conveniencia vayan aceptando y aprovechando. Un papel muy importante tiene en este campo el Consejo Pastoral Parroquial, el cual discierne con el Párroco la mejor manera de promover, formar, organizar y coordinar los grupos apostólicos parroquiales.

- A los sacerdotes solos no les es posible la animación y coordinación de toda la acción pastoral, sin la colaboración efectiva de líderes laicos. La tarea de los sacerdotes es aportar buenos contenidos para la permanente formación cristiana de los grupos, asumir la capacitación y la dirección espiritual especialmente de los más líderes que puedan ser luego multiplicadores e intervenir constantemente en la orientación general de acuerdo con la programación y las directrices señaladas para toda la Arquidiócesis. En este mismo sentido, se sitúan los servicios e iniciativas que se ofrecen desde las delegaciones pastorales de la  Curia Arquidiocesana. Podríamos distinguir: grupos apostólicos con misión permanente en la parroquia, grupos de vida y formación cristiana y otras formas de asociación.

2. Los Grupos Apostólicos con misión permanente

- Catequistas: Uno de los primeros propósitos de una parroquia es convocar y formar un buen número de catequistas. Con buenos catequistas tenemos garantizada la iniciación cristiana y la formación permanente de la parroquia. Necesitamos catequistas que se vayan capacitando para acompañar el proceso de la fe en niños, jóvenes y adultos. Necesitamos muchos catequistas que vayan teniendo trayectoria y experiencia en este noble ministerio, pues una parroquia no puede improvisar cada año sus catequistas; pero necesitamos también catequistas jóvenes que empiecen a formarse y comprometerse. En varias parroquias hay experiencias muy interesantes: formación particular para catequistas de primera comunión y catequistas de confirmación; catequesis complementaria a los padres de los niños y jóvenes que se preparan a los sacramentos, para que ellos refuercen los procesos catequéticos; formación especial de algunos catequistas en la ESPAC; creación de semilleros de catequistas con los jóvenes que quieren comprometerse con este ministerio; integración de los catequizados, al terminar las catequesis de los sacramentos, en grupos infantiles o juveniles para continuar la formación cristiana.

- Grupos Infantiles: Si se quiere comenzar por el principio una de las puertas de entrada es la pastoral infantil. Es un trabajo de cercanía y de amor que se debe establecer en todas las parroquias. Con una buena pedagogía se hacen maravillas pastorales con los niños, porque ellos son como unos “detectives” de Dios. De otra parte, hay jóvenes, padres y madres de familia que se ofrecen para trabajar con los niños. Sería muy importante establecer en las parroquias los grupos de niños para la catequesis parroquial, independientemente de los sacramentos; hay en este campo sistemas interesantes como la “Catequesis del buen Pastor” y las “Escuelitas de Jesús”. También, como se está viendo en numerosas parroquias, hace mucho bien el organizar la “Infancia Misionera”. Así mismo, ayuda mucho en la formación de los niños y su vinculación a la Iglesia el programa “Sembradores de Paz”. Estos grupos, en la edad en que se recibe todo, a la larga producen mucho.

- Grupos Juveniles: La pastoral infantil, los grupos de catequesis para primera comunión y para confirmación deben desembocar en grupos pre-juveniles y grupos juveniles. Los grupos juveniles pueden ser muy distintos. Unos son de jóvenes que tienen madurez y un serio compromiso apostólico; otros tienen como meta conocer y asumir la vida cristiana; algunos comienzan por tener sólo un espacio de formación humana; los hay que son únicamente un ámbito recreativo y de encuentro. Esto se debe a su diverso origen y a los objetivos que se proponen según la situación y la disponibilidad de los mismos jóvenes. Es bueno tener presente que en pastoral juvenil todo se puede aprovechar. Lo importante es tener claros los procesos y conducirlos inteligentemente dentro de una dinámica que responda a la realidad de los jóvenes; así mismo, es fundamental que estén profundamente vinculados a la parroquia. En una parroquia se comienzan a ver los buenos resultados de la pastoral juvenil cuando ya hay varios grupos que se integran en ciertas ocasiones y que van entrando en redes a nivel arciprestal. Para esto se requiere un equipo de coordinación con agentes de pastoral juvenil bien formados.

- Acólitos: Toda parroquia necesita  un grupo de niños o de jóvenes acólitos bien formados y comprometidos. Lo requiere indispensablemente la liturgia. En las parroquias vivas abundan los voluntarios para este servicio. De otra parte, este grupo constituye una oportunidad de tener una verdadera escuela de cristianos con los niños y niñas que sirven al altar. San Juan Pablo II sugería que fueran sobre todo niños para tener con ellos también la oportunidad de hacer promoción vocacional hacia el sacerdocio. Los que van creciendo, si quieren permanecer, deben tener igualmente su puesto como coordinadores y animadores de los más pequeños. Por varias razones, sería muy conveniente que la coordinación del grupo de acólitos la asumiera una pareja de esposos.

- Lectores: Es un grupo que permite acercar a la parroquia a muchos laicos que tal vez no se comprometerían en algo más exigente. De otra parte, con un buen proceso, puede ser también un semillero para formar catequistas y evangelizadores. Es importante tener con ellos una formación espiritual a partir de la lectura orante de la Escritura, una iniciación litúrgica y una capacitación técnica para que proclamen la Palabra con claridad y unción, evitando protagonismos, rebuscamientos y afectaciones teatrales. Es preciso que en ellos aparezca siempre una persona que vive de la Palabra de Dios, de modo que ya no sea un lector sino un testigo. A este grupo se pueden unir, si los hay, los salmistas y los comentadores.

- Ministros extraordinarios de la Comunión: La autorización para que los laicos ayuden en la repartición de la sagrada Comunión nos ha permitido un mejor manejo del ritmo de la liturgia en la Eucaristía y, sobre todo, atender a los enfermos y ancianos que no pueden unirse a las celebraciones de la comunidad. Este ministerio es tan importante que exige una cuidadosa selección y una permanente formación de las personas a quienes se les confía este servicio. En efecto, les entregamos el mayor tesoro que tenemos: el Cuerpo del Señor. Además, representan a toda la comunidad, aun ante personas y familias alejadas de la Iglesia. Por su presentación, su dignidad, su comportamiento y la calidad de su servicio deben ganarse el reconocimiento y el aprecio de la comunidad, ya que hay un sector que ofrece resistencia para que los laicos sean ministros de la comunión.

- Ministros del canto litúrgico: Toda parroquia debe llegar a tener varios grupos o un grupo grande que pueda dar lugar a subgrupos para animar el canto litúrgico en las diversas celebraciones del domingo y aun de la semana. Deben ser grupos unidos a la comunidad parroquial, que ofrecen este servicio como una forma de vivir su fe y de proyectarse apostólicamente. Para esto, conviene que tengan una formación permanente tanto en el campo espiritual, como en el litúrgico y en el propiamente musical a fin de cumplir su misión con unción e idoneidad. Los verdaderos ministros del canto litúrgico prestan un servicio cualificado e importante a las comunidades parroquiales y permiten evitar solistas y coros contratados, que por falta de formación, están en función de una retribución económica o de hacer un “show”.

- Grupos vocacionales: Pueden ser de diversa naturaleza y con diversos fines. Por ejemplo, grupos para orar por la santificación de los sacerdotes y las vocaciones al ministerio ordenado y la vida consagrada; grupos para ofrecer orientación y hacer promoción vocacional en los establecimientos de educación o en grupos y actividades juveniles; grupos para acompañar el discernimiento de niños y jóvenes que han mostrado algunos signos de estar llamados a la vida sacerdotal o religiosa; grupos para ayudar a los seminaristas de escasos recursos económicos; igualmente, puede haber grupos que reúnan varios de estos fines. En estos grupos es necesario dar, en primer lugar, un gran espacio a la oración, el gran recurso vocacional recomendado por nuestro Señor; y, luego, incluir medios de formación cristiana para sus miembros. 

- Grupo de pastoral educativa: En las parroquias donde hay varios centros educativos, escuelas, colegios, institutos y universidades conviene tener este grupo para atender pastoralmente al personal administrativo, a los maestros y a los estudiantes. Sería muy conveniente vincular profesionales, profesores jubilados o en ejercicio que quieran formarse y cooperar en eventos, celebraciones y otras iniciativas para acompañar en el camino de la fe, dentro o fuera de las instituciones educativas, a los docentes y a los alumnos. La educación es un campo privilegiado para la evangelización, que no podemos descuidar. La pérdida de algunos espacios y posibilidades nos debe llevar, con caridad pastoral y creatividad, a encontrar nuevas formas de llevar a esta amplia y dinámica población la luz del Evangelio.

- Grupos de pastoral social: En todas las parroquias deben existir grupos de pastoral social con diversos objetivos. De las comunidades eclesiales deben surgir muchas personas con vocación para promover un desarrollo integral para todos, para servir a los pobres y necesitados, para colaborar en la solución de diversas situaciones sociales y para apoyar iniciativas que atañen al bien común. Los desafíos de la realidad de cada día y la solicitud frente a diversas necesidades ocuparán estos grupos en todo lo que se refiere al progreso equitativo, la justicia, la paz y la reconciliación. Este es un aspecto que se podría desarrollar mucho más en las parroquias y en el que deberían tener un papel más decidido los diáconos y los laicos.

- Servidores de los Pobres: En casi todas las parroquias se coloca, durante las Misas del Domingo, la “canasta de la fraternidad” para recoger las ofrendas y los víveres que los fieles quieran dar para ayudar a los pobres. Es un signo muy diciente al mostrar que nos acercamos a recibir el pan eucarístico porque sabemos compartir el pan material con los más necesitados. Estas ofrendas son sagradas; no pueden destinarse a pagar servicios o a otro tipo de iniciativas. Es, entonces, muy importante tener un grupo numeroso de personas que se dedique a organizar y completar por otros medios lo que se recibe a fin de atender cada vez mejor a los pobres, sin hacer “exhibicionismos”. Este grupo debe tener un proceso de formación permanente para que sepa ir a las casas a entregar discretamente esta ayuda material y a llevar, sobre todo, un anuncio de la Palabra de Dios y una manifestación humilde del amor de la Iglesia.

- Agentes pastorales de la saludCumplen un servicio muy importante que prolonga en nuestras parroquias la solicitud y el amor de Jesús por los enfermos. Son, por lo mismo, un signo y una prueba de la caridad de la Iglesia con los que sufren. Deben estar muy bien formados para no ser inoportunos o imprudentes; sino, por el contrario, idóneos para ayudar eficazmente a los enfermos y a los ancianos, escuchándolos y acompañándolos en ciertos momentos o situaciones que requieren un particular auxilio. Pueden colaborar con los ministros extraordinarios de la Comunión, pero teniendo presente que son dos servicios complementarios pero distintos. De todas formas, el servicio litúrgico de unos y el servicio social de otros debe orientarse a acompañar y a animar a los enfermos para que sean un grupo de intercesores, que completando lo que falta a la pasión del Señor, ayuden a sostener la misión pastoral de la Iglesia. Este servicio, bien realizado, se amplía a los que cuidan a los enfermos y a sus familias.

- Colaboradores de la Comunidad: En todas las parroquias hay personas que, con diversos y abnegados oficios, prestan una gran ayuda a la comunidad. Podemos pensar en los que hacen arreglos físicos, ornamentan o se ocupan del aseo del templo, los que atienden la logística de diversos eventos o celebraciones, los que organizan las procesiones y llevan los pasos, los que se dedican los domingos a la venta de comestibles, los que promueven rifas y otras actividades para el sostenimiento de la pastoral o para construcciones parroquiales. Estas personas no deben quedar aisladas y estar presentes sólo en el momento de su trabajo. Son un verdadero grupo apostólico, que debe reunirse, tener espacios para la oración y la formación. Esto es mejor que el sistema de “cofradías”, que entraña ambigüedades y que en diversos lugares genera problemas.

3. Los Grupos Apostólicos de vida y formación cristiana

- Grupos bíblicos: Algunos han nacido por iniciativa de las parroquias, otros por iniciativa personal de algunos laicos. Se presentan como un comienzo atrayente para personas que quieren tener una iniciación a la Biblia. Hay que evitar que se reduzcan a un estudio teórico sin una experiencia de oración y de vida con la Palabra; igualmente, hay que cuidar que no se desvíen doctrinalmente; también es preciso evitar que estos grupos se aíslen de la parroquia, pues no terminarán bien. Es muy común que, después de algún tiempo, crean que ya se terminó su objetivo y se disgreguen. Es una lástima que tantas personas que han comenzado una formación en un grupo bíblico luego se hayan dispersado. Esta experiencia muestra la necesidad de llevar estos grupos a transformarse en una pequeña comunidad eclesial, que además de la oración con la Palabra, les dé la ocasión de vivir la fraternidad y de llegar a un compromiso apostólico.

- Grupos de oración: Nacen con distinto origen y con diversa índole. Los hay para adorar el Santísimo, para rezar el Rosario, para practicar una devoción o un ejercicio piadoso, para seguir las prácticas de la renovación carismática. Pueden ofrecer a los fieles la ocasión de formarse cristianamente y de participar en diversos apostolados. Sería de desear que, los que vayan teniendo una madurez que supere los “devocionismos” o que logren ser algo más que propiedad privada de alguna persona o movimiento, caminen a convertirse en pequeñas comunidades y que de ellas surjan laicos comprometidos con los apostolados parroquiales. Conviene acogerlos en la parroquia, pues todo grupo aislado corre peligros, para acompañarlos en su formación y en el discernimiento sobre su vocación y misión en la parroquia.

- Grupos de universitarios y profesionales: Son importantes en determinado momento para acompañar un proceso de evangelización de personas que se incluyen en esas categorías. Sin embargo, tanto universitarios como profesionales podrían estar en todos los demás grupos apostólicos; de hecho en todos los grupos, en numerosas parroquias, hay universitarios y profesionales. Si se dan estos grupos es para hacer un camino de acercamiento a la Iglesia o para tener personas especialmente formadas que se ocupen de la pastoral en campos específicos. Por tanto, también estos grupos deben evolucionar hacia pequeñas comunidades o ser un semillero de laicos para la pastoral juvenil, litúrgica, familiar, social, etc. De un modo particular, deberían ser un espacio para la formación de agentes de la pastoral educativa, que hoy se perfila con tantos desafíos.

- Grupos de parejas de esposos: En muchas parroquias surgen estos grupos, que hacen mucho bien. Normalmente, se constituyen con el objetivo de acompañar a las parejas en su espiritualidad y misión familiar; podrían integrarse también parejas que no hayan podido celebrar el sacramento del matrimonio pero que tengan estabilidad y serio deseo de seguir a Cristo. Estos grupos son muy importantes, pero la experiencia muestra que si no se les dan metas más grandes se pueden debilitar y desintegrar en poco tiempo. Por tanto, sería muy oportuno conducirlos a que se configuren como pequeñas comunidades eclesiales en las que, naturalmente, hay espacio para temas de formación familiar. Y, sobre todo, puedan formarse bien quienes tengan carisma y disponibilidad para colaborar en la pastoral familiar a nivel parroquial o diocesano.

- Grupos de Misión Continental: La V Conferencia del Episcopado Latinoamericano propuso una Misión Continental como medio para impulsar la nueva evangelización. Para acoger y darle vida a este proyecto, se crearon en diversas parroquias los grupos de Misión Continental y en ellos se congregaron excelentes líderes. La Misión Continental, como estaba previsto, se ha ido transformando en la “Misión Permanente” que promueve procesos de discipulado misionero. En la medida en que se ha trabajado, en este sentido, la organización y la programación pastoral de la Arquidiócesis se han ido incorporando estos grupos al proceso. En este momento, los miembros de grupos de Misión Continental que quedan tienen la opción de configurarse como una pequeña comunidad si no lo son todavía, de reforzar los diversos frentes pastorales de la parroquia o de hacer parte de los equipos pastorales ya propuestos para coordinar los grupos apostólicos de la parroquia.

4. Otros grupos y formas de asociación

- Movimientos: Existen diversos tipos de Movimientos en la Iglesia, de tal manera que no es posible definirlos con las mismas categorías ni tener frente a ellos los mismos criterios. En principio, cada uno tiene sus propios fines y organización aprobados por la Iglesia. Respetando esto, se debe ver hasta dónde es posible integrarlos en la vida parroquial sin que sean ellos los que definan y conduzcan la programación pastoral. De otra parte, incluso cuando se integran sin ninguna dificultad y aun con gran provecho a las parroquias, como la Legión de María y la Guardia de Honor del Sagrado Corazón, es conveniente que sus miembros, aun colaborando en servicios parroquiales, se mantengan siempre dentro de su identidad, su espiritualidad y su misión. De otra parte, hay que estar atentos a ciertos “Movimientos” que no concuerdan con la vida y la doctrina de la Iglesia.

- Asociaciones de  laicos: Algunos fieles de las parroquias pueden también hacer parte de asociaciones con diversos fines, algunas de ellas vinculadas a comunidades religiosas. Las que están mejor consolidadas tienen ordinariamente aprobación eclesiástica. Aquí vale, igualmente, el criterio de respetar su naturaleza y espiritualidad, de discernir la posible forma de vinculación con la parroquia, acogiendo sus buenos aportes pero sin que determinen el proyecto pastoral, que siempre debe estar configurado con las orientaciones de la Arquidiócesis. Así damos espacio a todos pero sin caer en una dispersión o confusión de fuerzas. No conviene multiplicar innecesariamente asociaciones cuando existe una estructura en la que los laicos pueden formarse y comprometerse apostólicamente.

- Grupos civiles de servicio social: También existen dentro de las parroquias otras entidades y agrupaciones, de carácter civil, como la Acción Comunal, Centros ecológicos, Casa de la Cultura, el Club de la Tercera Edad, la Banda Marcial, el Escultismo, los Alcohólicos Anónimos, el Centro de Recreación y Deporte, etc. Estos grupos no son en sentido estricto parroquiales y son más de carácter educativo o filantrópico que apostólico, pero es muy importante acompañarlos, ayudarlos en su organización, darles una inspiración cristiana a sus metas y a su trabajo. En efecto, la parroquia, dentro de la pastoral social, debe apoyar todo lo que pueda servir para el desarrollo de las personas y para el bien común. 

+Ricardo Tobón Restrepo
Arzobispo de Medellín

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

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