MISIÓN AL AIRE

DIOS SOSTIENE A SU IGLESIA

04 | 06 | 2012

Los acontecimientos que se han vivido en los últimos días en el Vaticano, ya ampliamente conocidos y tan aprovechados por el sensacionalismo de algunos medios de comunicación, nos permiten acercarnos, una vez más, a la realidad humana y divina de la Iglesia. El robo y publicación de documentos privados del Papa es un acto inmoral grave, tanto por lo que se refiere a la violación de la reserva a la que tiene derecho cualquier persona como por el ultraje a quienes han depositado su confianza en el Santo Padre al manifestarle, en conciencia, sus juicios y opiniones.

Ante estos hechos, se ha actuado con rapidez, con transparencia, con determinación, con respeto riguroso a las personas y de acuerdo con los procedimientos previstos por las leyes de la Curia Romana.  El mismo Benedicto XVI, de un modo inusual, se refirió a estos sucesos, señalando que han producido tristeza en su corazón, pero que “no se ha ofuscado nunca la firme certeza de que, a pesar de la debilidad del hombre, las dificultades y las pruebas, la Iglesia es guiada por el Espíritu Santo y el Señor nunca le hará faltar su ayuda para sostenerla en su camino".

Igualmente, comentando las modalidades de la información que han hecho reconstrucciones fantasiosas, confundiendo lo que se refiere al Estado Vaticano y lo que concierne a la Iglesia, indicó: “Se han multiplicado, sin embargo, ilaciones, amplificadas por algunos medios de comunicación, totalmente gratuitas y que han ido mucho más allá de los hechos, ofreciendo una imagen de la Santa Sede que no responde a la realidad”. Por último, renovó su confianza en sus estrechos colaboradores y en todos aquellos que, cotidianamente, con fidelidad, espíritu de sacrificio y en silencio, le ayudan en su ministerio.

Ante estos hechos, admira la autoridad serena de Benedicto XVI, sostenida por la convicción que, desde los comienzos, la institución eclesial ha estado raramente libre de peligros y a la altura del ideal. La imperfección aparece donde hay personas humanas y, por tanto, no faltan episodios que afectan la máquina institucional, con riesgo de escándalo para los fieles y de pérdida de credibilidad en el mundo. El Papa sabe que la Iglesia, a veces sucia en su envoltura institucional, compuesta por hombres que no se han dejado santificar por el evangelio y los sacramentos, permanece sin mancha en su misterio, que es Cristo mismo.

Sin embargo, para que refulja la “perla” es preciso engastarla en una estructura cada vez más apta y disponible para la obra que el Espíritu de Dios le ha confiado en la historia. Así comprendemos que, mientras confiamos en la santidad de la Iglesia y mientras estamos ciertos que Dios la guía y sostiene, a nosotros nos corresponde empeñarnos en este momento, a todos los niveles y con todas las fuerzas, para llegar a una profunda purificación, a una sólida unidad y a un relanzamiento misionero de nuestra Iglesia, que debe ser una enseña en medio de las culturas y de los pueblos.

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

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