MISIÓN AL AIRE

UN SACRAMENTO QUE DEBEMOS APROVECHAR MEJOR

05 | 03 | 2012

Nuestro Señor Jesucristo nos ha dejado un sacramento que hoy, infortunadamente, no se conoce, ni se valora, ni se practica como se debiera. El Catecismo de la Iglesia Católica (1423-1424), al explicarnos los nombres que se le dan, nos sintetiza su riqueza y el poder salvífico que tiene: “Se le denomina sacramento de conversión porque realiza sacramentalmente la llamada de Jesús a la conversión (cf Mc 1,15), la vuelta al Padre (cf Lc 15,18) del que el hombre se había alejado por el pecado. Se denomina sacramento de la penitencia porque consagra un proceso personal y eclesial de conversión, de arrepentimiento y de reparación por parte del cristiano pecador”.

Y continúa diciendo: “Se le denomina sacramento de la confesión porque la declaración o manifestación, la confesión de los pecados ante el sacerdote, es un elemento esencial de este sacramento. En un sentido profundo este sacramento es también una "confesión", reconocimiento y alabanza de la santidad de Dios y de su misericordia para con el hombre pecador. Se le denomina sacramento del perdón porque, por la absolución sacramental del sacerdote, Dios concede al penitente "el perdón y la paz”. Se le denomina sacramento de reconciliación porque otorga al pecador el amor de Dios que reconcilia: "Dejaos reconciliar con Dios" (2 Co 5,20)”.

Ante la realidad del hombre actual, con frecuencia angustiado, desorientado, encerrado en sí mismo, incapaz de trascender, el sacramento de la confesión resulta indispensable. En una sociedad como la nuestra, que parece no entender ni aceptar el perdón y que presenta constantemente actitudes que vienen de la violencia, el rencor y la venganza, se necesita un sacramento de la reconciliación y de la misericordia. En este tiempo, en el que la nueva evangelización busca responder a la fragmentación, al relativismo y al secularismo que proponen algunas corrientes culturales, se requiere un sacramento que anuncia, a la vez y concretamente, cómo ama Dios y cuánto vale la persona humana.

Varios son  los motivos que, en las últimas décadas han llevado a descuidar el sacramento de la reconciliación, tanto por parte de los fieles muchos de  los cuales no parecen necesitarlo, como por parte de los confesores que no atienden suficientemente a los penitentes. En primer lugar, se ha perdido la conciencia del pecado que arruina la propia vida y, sobre todo, que ofende a Dios retardando su plan de salvación. De otra parte, se ha descuidado el anuncio central de la predicación de Jesús, la conversión, como la gran oportunidad de empezar una vida nueva. Igualmente, falta llevar a una experiencia concreta de gozo cuando, por un acto de fe, nos abandonamos libremente en Dios.

Otra causa del descuido, frente al sacramento de la penitencia, es la pérdida del sentido de pertenencia a la comunidad. En la cultura actual hay un énfasis en el subjetivismo, dificultando la relación interpersonal y con ella el sentido de responsabilidad social. También la ignorancia religiosa que no permite comprender a profundidad el contenido de la fe y valorar este sacramento como un encuentro personal con el Señor en el momento de la propia debilidad. Finalmente, la superficialidad para asumir la vida y seguir a Cristo, que instala en la mediocridad, aleja del ideal de la santidad y pierde la perspectiva de lo eterno.

Felicito a los sacerdotes que se dedican al ministerio de la confesión. Hago un llamamiento serio a los sacerdotes para que, en primer lugar,  busquemos nosotros mismos la alegría de este sacramento y, luego, con fe y generosidad, nos dispongamos, especialmente, en este tiempo de Cuaresma, a atender a los fieles que lo quieran recibir. Recordemos que hemos sido hechos sacerdotes precisamente para este servicio tan grande y tan indispensable. En la confesión, efectivamente, cada uno descubre la verdad de la propia vida, la posibilidad de renacer y ser transformado, la necesidad que tiene de la misericordia divina para recrear su ser en el que habitan grandes posibilidades y tristes miserias.  

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

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