MISIÓN AL AIRE

EDUCAR A LOS JÓVENES PARA LA PAZ

06 | 02 | 2012

El pasado 1 de enero, en la 45ª Jornada Mundial por la Paz, el Papa Benedicto XVI nos propuso este tema: “Educar a los jóvenes en la justicia y la paz”. El Santo Padre es consciente de lo que valen los jóvenes y del papel protagónico que tienen en la sociedad; por eso, asegura en su Mensaje que son los jóvenes quienes, “con su entusiasmo y su impulso hacia los grandes ideales, pueden ofrecer al mundo una nueva esperanza”. Luego añade: “prestar atención al mundo juvenil, saber escucharlo y valorarlo, no es sólo una oportunidad, sino un deber primario de toda la sociedad, para la construcción de un futuro de justicia y de paz”.

La educación es la aventura más fascinante y difícil de la vida; es llevar la persona a que sea lo que debe ser, a que crezca según todas sus posibilidades. La verdadera educación se produce en el encuentro de dos libertades, la del maestro que debe estar dispuesto a darse a sí mismo y la del alumno que debe estar dispuesto a dejarse guiar. Sólo en este ámbito se puede dar la educación en la verdad, que ayuda a encontrar el sentido de la vida; la educación de la libertad, que redime del absolutismo del yo y capacita para la relación con los otros; la educación del amor, que enseña a encontrar la vida dándola.

En un momento en el que el mundo vive crisis políticas, económicas y sociales que, a su vez, tienen su raíz en crisis culturales, antropológicas y éticas, es preciso acompañar como nunca a las nuevas generaciones para que logren situarse en la realidad, encontrarse con su identidad más profunda, entrar en interacción con otros y abrirse a la trascendencia. Para que los jóvenes no queden a la deriva, en medio de las múltiples propuestas que reciben, es necesario que asuman esta tarea, a la vez, la familia, la escuela, los medios de comunicación, el Estado y la Iglesia. No sólo que la asuman, sino que se pongan de acuerdo a fin de no desorientar más a una juventud que no sabría asimilar perspectivas encontradas.

Pero, los mismos jóvenes tienen que ser protagonistas de su educación, pues “han de tener el valor de vivir ellos lo que piden a quienes están en su entorno”. Son ellos los primeros que deben valorar y cuidar su dignidad. Son ellos mismos quienes pueden asumir esos cuatro valores fundamentales que recuerda Benedicto XVI: la verdad, la libertad, la justicia y la paz. Son ellos quienes pueden hacer frente a dos graves tentaciones con las que nos encontramos hoy: la del relativismo y la del utilitarismo. En una cultura del relativismo no es posible una auténtica educación, pues el valor del bien no depende de las decisiones de cada uno. Tampoco en una cultura de la utilidad es fácil aprender las bases últimas de la justicia que son la solidaridad y el amor.

Esta tarea que propone el Papa de educar a los jóvenes es fundamental si queremos tener paz.  Más aún, podemos decir que todos los demás esfuerzos que se hagan por llegar a una convivencia pacífica de los ciudadanos resultan inútiles si no hay un trabajo educativo serio con los niños y los jóvenes. Por eso, como pide el Mensaje “Unamos nuestras fuerzas espirituales, morales y materiales para educar a los jóvenes en la justicia y la paz”. Que éste sea, durante este año, un compromiso en nuestros colegios, en nuestra pastoral juvenil, en el trabajo con las familias, en la predicación, en el diálogo personal. Cada joven que eduquemos en la justicia y la paz será un sólido fundamento que le ponemos al futuro.

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

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