MISIÓN AL AIRE

COMENCEMOS DE NUEVO

24 | 01 | 2011

Por bondad de Dios, estamos comenzando un nuevo año. Al iniciarlo, todos nos saludamos deseándonos éxitos y felicidad. En realidad, vivir un nuevo año es una alegría y una responsabilidad. Si para los comerciantes el tiempo es oro, para los cristianos el tiempo es salvación, es oportunidad de asumir y colaborar al proyecto de Dios en la historia.

 

Por tanto, hagámonos conscientes al inicio de este nuevo año del don que hemos recibido y de la tarea que nos espera. ¿Para qué un nuevo año? Pienso que varios propósitos nos pueden ilusionar y comprometer en este momento. Sugiero algunos:

 

Un nuevo año para construirnos, para realizar el proyecto que somos. No vale la pena arrastrar la vida o dilapidarla inútilmente. No podemos pasar en balde por el mundo. Después de ver el camino recorrido, lo que Dios ha hecho en cada uno de nosotros y lo que nos pide en este momento, urge tomar decisiones y emprender con renovado vigor la marcha de nuestra santificación.

 

Un nuevo año para evangelizar. No hay servicio más importante y dicha más grande que entregarle a otros la posibilidad de encontrar la manera de ser libres y felices siguiendo el modelo que Dios nos ha dado en Cristo. La Misión Continental nos dará este año los medios concretos para trabajar con nuevos métodos en la nueva evangelización.

 

Un nuevo año para consolidar la unidad eclesial en nuestra Arquidiócesis. No podemos realizarnos ni evangelizar solos. Dios nos ha pensado como pueblo, como familia, como comunidad y únicamente unidos podemos hacer un camino que corresponda al designio divino y que sea provechoso para todos. Todo lo que hagamos contra o por fuera de la unidad no permanece.

 

Un nuevo año para ayudar a que nuestra sociedad logre convivir pacíficamente y conquistar su integral desarrollo. No es tarea fácil y no se puede acelerar indebidamente el proceso histórico en que caminamos. Mejorar la suerte de tantos que sufren y que quisiéramos atender inmediatamente no siempre está en nuestras manos. A ese proceso en que estamos hay que seguirle aportando educación, justicia social, reconciliación y esperanza. Y en esos campos reconozcamos que tenemos mucho que dar. 

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

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