MISIÓN AL AIRE

EL DON DE LA VIDA CPNSAGRADA

03 | 02 | 2014

En la fiesta litúrgica de la Presentación del Señor, se celebra cada año la Jornada de la Vida Consagrada. Así se pone de presente que la vida de los religiosos y de las religiosas, como la de Cristo, debe ser una ofrenda de amor al Padre y luz para la salvación de los pueblos. La vida consagrada, contemplativa o activa, es un don del Espíritu a la Iglesia, al suscitar mujeres y hombres que quieran ser imágenes nítidas de Cristo, signo de Dios en la Iglesia y el mundo, memoria y estímulo para todos los bautizados de la posibilidad de vivir el Evangelio.

 

En un momento de profundo cambio cultural, cuando la Iglesia se esfuerza por situarse como luz y sal en el mundo y por encontrar los caminos para una nueva evangelización, las religiosas y los religiosos, por su vida y por su acción, son testigos de la presencia de Dios en una sociedad tan marcada por la secularización y el materialismo; son signos de una vida distinta y que hace feliz, la vida que enseña el Evangelio; muestran que es posible vivir en comunidad fraterna, en medio del individualismo que determina en gran parte el comportamiento de hoy.

 

Con motivo de esta Jornada de la Vida Consagrada debemos dar gracias a Dios por todos los bautizados que ha llamado, en distintas comunidades e institutos, a ser hombres y mujeres que, conducidos por el Espíritu de Cristo, viven la alegría de las bienaventuranzas. Demos gracias por todos los que oran y se inmolan por la Iglesia; por todos los que, ya en la ancianidad, siguen siendo un signo de fidelidad y de gozo en la entrega; por todos los que se desgastan sirviendo a los pobres; por todos los que trabajan con ardor en la vida pastoral de las parroquias; por todos los jóvenes que con generosidad empiezan el camino.

 

La Arquidiócesis de Medellín tiene una amplia presencia de la vida religiosa, que no puede ser sino otra prueba de la predilección con que Dios nos ha amado. Por eso, comprometiéndonos todos, debemos lograr que en profunda comunión seamos la única Iglesia del Señor que con un proyecto común responde a los desafíos de hoy y ofrece los valores y la esperanza que necesita el apasionante y difícil momento que vivimos. No podemos perder la oportunidad de cooperar juntos al nacimiento de una nueva humanidad que tenga como paradigma al que vino a ser la luz y la vida del mundo.

 

Nos prueba que esto es posible Laura Montoya. Una religiosa, profundamente vinculada a la vida de nuestra Arquidiócesis, a quien el año pasado tuvimos la alegría de ver reconocida oficialmente por la Iglesia como santa y como modelo de vida cristiana. Ella nos muestra hasta dónde lleva la pasión por Dios, la fuerza del Espíritu cuando está dentro, el amor verdadero por los más necesitados y la audacia para realizar en la Iglesia un carisma nuevo al servicio de la evangelización de los indígenas. Que su ejemplo nos estimule a todos y que su intercesión permanentemente nos ayude.

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

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