MISIÓN AL AIRE

"NO QUEREMOS CAMBIAR"

22 | 04 | 2013

El Papa Francisco ha sido recibido, por la Iglesia y por el mundo, con alegría y esperanza. Al cumplirse el primer mes de su servicio petrino, vamos conociendo el estilo nuevo con que actúa y vamos recibiendo el mensaje claro y fundamental que nos quiere comunicar. En su homilía del pasado 16 de abril, en la Casa Santa Marta, afirmaba: “Para decirlo claramente: el Espíritu Santo nos fastidia, porque nos mueve, nos hace caminar, empuja la Iglesia a ir hacia adelante. Y nosotros somos como Pedro en la Transfiguración: Ah, ¡qué bueno estar así, todos juntos!”

Y luego, añadía: “Pero, que no nos moleste. Queremos que el Espíritu Santo se adormezca, queremos domesticar al Espíritu Santo. Y eso no funciona. Porque Él es Dios, Él es ese viento que va y viene y no sabes de dónde. Es la fuerza de Dios, es quien nos da consuelo e impulso para seguir adelante. Pero… ¡seguir adelante! Es eso lo que fastidia. La comodidad es mejor”. Para poner un ejemplo, el Papa mostraba cómo el Concilio Vaticano II fue una obra maravillosa del Espíritu Santo, pero después de cincuenta años no hemos hecho todo lo que el Espíritu nos dijo, porque hemos cedido a la tentación de la comodidad.

Después, con palabras fuertes, advirtió: “Festejemos este aniversario, hagamos un monumento, pero que el Espíritu no nos moleste. No queremos cambiar. Es más: hay voces que quieren ir hacia atrás. Esto se llama ser testarudos, eso se llama querer domesticar el Espíritu Santo, eso se llama convertirse en insensatos y tardos de corazón”. Luego, el Santo Padre señaló que lo mismo ocurre en la vida personal: “El Espíritu nos empuja a recorrer un camino más evangélico, pero nosotros nos resistimos”. Finalmente, exhortó a no oponer resistencia al Espíritu Santo, pues “es el Espíritu quien nos hace libres, con esa libertad de Jesús, con esa libertad de los hijos de Dios”.

Estamos ante un llamamiento del Papa muy oportuno en este tiempo pascual que nos conduce a recibir el Espíritu de Dios en Pentecostés y en estos días en que continuamos reflexionando en la Arquidiócesis sobre el mensaje del Concilio Vaticano II. Un llamamiento que corrobora el propósito del Papa Benedicto XVI cuando, al convocar el Año de la Fe, invitó con la Carta Porta Fidei a impulsar una Iglesia reformada, purificada, revitalizada, capaz de transparentar a Cristo, “en esa estela de renovación que supuso el Concilio Vaticano II”. Es un llamamiento insistente a pasar de la conservación de lo que tenemos a una existencia misionera, a pasar del estancamiento a la santidad.

Para encontrar el camino de esa renovación Benedicto XVI no acudía a la sociología, sino que dirigía la mirada hacia el interior cuando afirmaba: “La Iglesia vive siempre del soplo del Espíritu Santo”. Pero era muy consciente, aún desde antes de ser Papa, de las grandes dificultades que implicaría la renovación de la Iglesia, como lo anunciaba, pocos años después del Concilio, en su célebre conferencia ¿Bajo qué aspecto se presentará la Iglesia en el año 2000? Aseguraba, sin embargo, que de las pruebas “surgirá una Iglesia interiorizada y simplificada”, pero con gran poder de atracción, “porque los seres humanos serán indeciblemente solitarios en un mundo plenamente planificado. Experimentarán, cuando Dios haya desaparecido totalmente para ellos, su absoluta y horrible pobreza. Y entonces descubrirán la pequeña comunidad de los creyentes como algo totalmente nuevo, como una esperanza importante, como una respuesta que siempre han buscado a tientas”.

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

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