MISIÓN AL AIRE

LA FE EXIGE ACTOS CONCRETOS

21 | 10 | 2013

Vamos llegando al final del Año de la Fe, para el que nos convocó el Papa Benedicto XVI. En toda la Iglesia y en nuestra Arquidiócesis hemos hecho un esfuerzo por ver que “la puerta de la fe está abierta y nos introduce en un camino que dura toda la vida”. Desde el comienzo nos hemos propuesto, más que llenar un calendario de celebraciones y actividades, comprometernos con un serio crecimiento en la fe personal y comunitaria, que produzca coherencia en nuestra vida e incida en nuestra realidad social.

La fe, en la práctica, como señala el apóstol Santiago, exige actos concretos: “Yo con mis obras, te mostraré la fe” (St. 2,18). Por tanto, miremos dos campos precisos en los que se debe manifestar nuestro crecimiento en la fe. En primer lugar, el seguimiento de Cristo. Éste parte de un conocimiento personal del Señor. Jesús, en un momento clave de su vida y su ministerio, pregunta a sus discípulos: ¿Quién dicen Ustedes que soy yo? (Mc 8,27-29). Aquí no sirven respuestas de otros ni bastan aproximaciones insuficientes.

Sólo quien se compromete a seguirlo en su camino y en su proyecto de salvación, quien se decide a vivir en la comunidad de sus discípulos, puede tener un conocimiento verdadero de Cristo. Como a los Apóstoles, Jesús nos revela la esencia de su vida y las exigencias de cooperar en el proyecto del Padre, para que no caigamos en interpretaciones equivocadas o en falsas esperanzas terrenas. Seguir a Cristo es decidirse a tomar su cruz, a vivir su opción que no es la del poder o de la gloria, sino el perder la vida por el Evangelio, para ganarla.

Seguir a Cristo requiere una intimidad cada vez mayor con él, poniéndose a la escucha atenta de su Palabra, para descubrir lo que Dios quiere de nosotros. Vivir en un clima de oración, que nos mantenga en un contacto permanente con la paternidad de Dios. Entrar en la dinámica de muerte y resurrección, que celebramos en los Sacramentos. Participar en la fraternidad y la alegría de una comunidad cristiana. Comprometerse seria y generosamente con el anuncio del Evangelio en todo momento y lugar, mediante el testimonio y la palabra.  

En segundo lugar, crecer en la fe exige servir de un modo concreto a los demás. Servir a todos, servir gratuitamente, servir con alegría, como lo ha hecho el Señor. El servicio es un elemento fundacional de la identidad de los discípulos de Cristo (cf. Jn. 13,15-17). En una sociedad en la que el egoísmo y la codicia no cesan de extender su rostro de violencia y de muerte, es urgente servir a la causa de la justicia, de la solidaridad y de la paz. La fe auténtica genera este espíritu que lleva a salvaguardar la dignidad inalienable de cada persona y a defender todos sus derechos. Servir es acompañar a cada persona que Dios nos confía en cada momento de la vida.

Este seguimiento de Cristo y esta disponibilidad de servicio piden a cada uno de nosotros una verdadera conversión. Los problemas y las soluciones no están siempre fuera y en los otros, sino en el propio corazón. Tenemos que trabajar seriamente la triple conversión: personal, comunitaria y pastoral. Personal, para asumir en verdad una vida nueva. Comunitaria, para lograr acompañarnos los unos a los otros en un camino de fe y fraternidad. Pastoral, para crear los medios adecuados que nos sostengan en un itinerario de santidad que dura toda la vida.

 

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

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