MISIÓN AL AIRE

UNA IGLESIA DE PUERTAS ABIERTAS

09 | 12 | 2013

Tal vez hoy, más que en otras épocas, se tiene la sensación concreta de vivir en un excepcional y delicado período de transición histórica. Un momento de cambio que se caracteriza por profundas transformaciones culturales, geopolíticas y económicas que, veloz y hasta convulsivamente, están haciendo un nuevo diseño de la estructura ética y cultural del mundo en que vivimos. En esta particular encrucijada de la historia, la exhortación Apostólica Evangelii Gaudium del Papa Francisco tiene una significación fundamental. No quisiera, por tanto, que este documento se nos quedara sin estudiar y sin aplicar en nuestra Arquidiócesis. Permítanme, entonces, un nuevo comentario sobre otros aspectos de su contenido.

La importancia de este texto pontificio, en efecto, supera su misma dimensión programática y se inserta en la percepción de la dimensión y del sentido de la historia, que es historia de salvación. El hilo conductor entre el Concilio Vaticano II, la exhortación Evangelii Nuntiandi, la encíclica Redemptoris Missio, la carta Novo Millennio ineunte, el documento de Aparecida y el texto del Papa Francisco lo constituye el binomio evangelización e Iglesia misionera, que está a la base de Evangelii Gaudium. La acción misionera, dice el Papa, es el paradigma de todas las obras de la Iglesia, que debe salir de sí misma para encontrar a los otros, para buscar a los alejados y para invitar a los excluidos.

Para que esto suceda, señala la exhortación pontificia, es necesaria una “conversión pastoral”, que implica pasar de una visión burocrática, estática y administrativa de la pastoral a una perspectiva misionera; más aún, a una pastoral en estado permanente de evangelización. No podemos quedarnos en prácticas estancadas y rancias, sino repensar y ser creativos en la alegría de llevar a todos el Evangelio. En este sentido, el Papa habla de las parroquias que deben estar “todavía más cercanas a la gente”. En síntesis, una Iglesia “con corazón misionero y con las puertas abiertas”. Porque “la Iglesia no es una aduana, sino la casa paterna donde hay puesto para todos”.

En contracorriente a un contexto social caracterizado por un estancamiento angustioso,  el Papa Francisco invita con fuerza a todos los hombres a ponerse en movimiento, a ir, a salir. Este llamamiento está dirigido en primer lugar a la Iglesia, que por su naturaleza es misionera y debe llegar a las “periferias humanas”. Sólo de este dinamismo puede surgir “una inaplazable renovación eclesial”. Esta renovación es, ante todo, una invitación a la purificación de los corazones, a levantar sin timidez los ojos hacia la Jerusalén celestial, a afrontar con decisión y audacia los desafíos actuales, a superar todas las tentaciones y a anunciar con valentía el Evangelio. Una Iglesia que no anuncia el Evangelio se queda retirada en los aposentos vacíos de una mundanidad espiritual que no produce fruto.

Al mismo tiempo, “la opción por los pobres”, “categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica”, asume una indiscutible prioridad en este período histórico. Hoy, en efecto, millones de seres humanos buscan desesperadamente encontrar un nivel mejor de vida en nuestra sociedad. Sociedad que, como se lee en la Evangelii Gaudium, se caracteriza por “una difundida indiferencia relativista”, por una cultura que busca aparentar y se contenta con lo desechable, por una vida materialista, consumista e individualista y por un proceso de secularización que “tiende a reducir la fe de la Iglesia al ámbito privado e íntimo”. 

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

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