MISIÓN AL AIRE

DEMOS GRACIAS POR ESTE AÑO

16 | 12 | 2013

Estamos a punto de terminar un año civil y hemos comenzado ya el nuevo año litúrgico. El tiempo pasa inexorablemente, pero Dios lo libera de quedar vacío o de ser una cíclica monotonía, realizando en él su proyecto de salvación. Si contemplamos, en efecto, lo que hemos vivido este año, percibimos que ha sido grande la actuación divina en nosotros, tanto a nivel personal como eclesial. Por consiguiente, debemos concluir el año expresando nuestra gratitud a Dios y alegrándonos porque, con su ayuda, hemos dado un paso más en la realización de nuestra misión.

Hemos llevado a término el Año de la Fe, promovido por el Papa Benedicto XVI para que la Iglesia pusiera como fundamento de su acción pastoral la centralidad del misterio de Cristo, único redentor del hombre, de cada hombre y de todo el hombre. Ha sido una oportunidad para profundizar las verdades del Símbolo Apostólico y para examinar si, dentro de una sociedad en la que dominan el materialismo y el relativismo, vivimos según los parámetros del Evangelio. Una ocasión para reencontrarnos con el espíritu del Concilio Vaticano II y para valorar la importancia del Catecismo de la Iglesia Católica.

En este año, nos ha sorprendió la inesperada renuncia de Benedicto XVI al ministerio petrino, que ha sido descrita como un rayo en medio de un cielo azul. Luego, ha venido la elección del Papa Francisco, que, igualmente, nos ha sorprendido con su nombre y con su nuevo estilo. La renuncia y la elección de un nuevo sucesor de Pedro nos han permitido sentir que Dios conduce su Iglesia, presentar la misión que ella tiene en el mundo, reforzar nuestro sentido de pertenencia al Cuerpo de Cristo, vislumbrar una nueva etapa en este camino difícil y apasionante de la historia.

Hemos podido ver en su conjunto el precioso magisterio de Benedicto XVI, que nos ha mostrado la dimensión profética de la enseñanza de la Iglesia y hemos comenzado a recibir la doctrina del Papa Francisco, que ha admirado a creyentes y no creyentes por su atención a las periferias y por su llamamiento a la sobriedad y a la confianza en Dios que siempre perdona. Un momento importante ha sido la publicación de la encíclica Lumen Fidei, que focaliza en Cristo la nueva lógica de la fe; y de la exhortación Evangelii Gaudium, que nos invita a vencer la tristeza individualista con la alegría del Evangelio.

Importante ha sido la Jornada Mundial de la Juventud, que congregó en Río de Janeiro a más de tres millones de jóvenes para reforzar su identidad de discípulos y misioneros de Cristo. Así mismo, ha creado gran expectativa la convocación del nuevo Sínodo de Obispos sobre la familia. Para nosotros, en Colombia, ha tenido particular significación la canonización de Santa Laura Montoya, que ha presentado a la Iglesia y al mundo la vida, la doctrina y la obra de esta gran misionera y de esta benefactora insigne de los más desfavorecidos de la sociedad.

En nuestra Arquidiócesis, entre otras cosas, hemos continuado la realización de la Misión Continental, que debe llevarnos a un nuevo modelo de pastoral; se han dado nuevos pasos en la reestructuración de la Curia y de la organización diocesana; se ha continuado en la línea de renovar las parroquias, especialmente a través de la liturgia y de la creación de pequeñas comunidades eclesiales; hemos iniciado con gran provecho las Visitas Pastorales, como una experiencia de la cercanía de Dios; hemos puesto en marcha, con el programa “Paz para todos”, un llamamiento a la reconciliación y a la convivencia; hemos recibido el regalo de nuevos presbíteros y se vislumbra un mejor panorama con las vocaciones que empiezan a llegar.

Por todo esto y por lo que Dios va haciendo en cada uno de nosotros, demos gracias. Entremos en el nuevo año con fe y con un decidido compromiso apostólico. Entremos conducidos y preparados por la celebración del misterio de la encarnación y nacimiento del Hijo de Dios. En la Navidad, Dios aparece tan grande, tan poderoso y al mismo tiempo tan bueno y tan humilde, que con su llegada hay una explosión de alegría y de esperanza. Agradezco a todos su comunión y participación en la vida de la Iglesia y les deseo a todos una santa y feliz Navidad.

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

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