MISIÓN AL AIRE

CENTROS DE PASTORAL FAMILIAR

18 | 11 | 2014

Dentro de su misión, la Iglesia tiene la tarea esencial de anunciar el sentido, la belleza y la importancia de la familia. Esta tarea tiene su fundamento en la persona y la enseñanza de Jesús, que vivió y creció en la familia de Nazaret y que, amando hasta el extremo de dar su vida, mostró la forma nueva como debemos relacionarnos los seres humanos. De un modo particular, iluminó la entrega mutua del hombre y de la mujer, que en el matrimonio llegan a ser “una sola carne” y tienen la posibilidad de invitar a otros a la vida. San Pablo llama esta realidad “un gran misterio”, que encuentra su fundamento en la fidelidad de Dios y que hace presente en el mundo el amor entre Cristo y la Iglesia (cf Ef 5,31-32).

Por esto, la Iglesia, a lo largo de los siglos, ha defendido sin desfallecer la dignidad del matrimonio y de la familia. El Concilio Vaticano II y el Magisterio posterior de los últimos Papas han señalado especialmente la naturaleza y la grandeza de esta “comunidad de vida y de amor”. Han mostrado, en particular, cómo Cristo sale al encuentro de los esposos cristianos en el sacramento del matrimonio y permanece con ellos. Él asume el amor humano, lo purifica, lo lleva a plenitud y da a los esposos, con su Espíritu, la capacidad de vivirlo con fidelidad. De este modo, los esposos son consagrados y, mediante una gracia propia, constituyen una Iglesia doméstica (cfr. LG 11).

Varios medios de comunicación y diversas instituciones, como ha sucedido a raíz del reciente Sínodo sobre la Familia, reducen la realidad familiar a las situaciones que actualmente presentan las parejas de hecho, las familias monoparentales, los divorciados y las uniones homosexuales. Es preciso comprender y acompañar con responsabilidad a las personas que viven esas realidades, pero igualmente es necesario abrir un horizonte mucho más amplio y más rico sobre la belleza de la vocación matrimonial, sobre la responsabilidad social de la familia y sobre la misión que tienen los padres de transmitir la vida nueva del Evangelio a los hijos.

Para responder a esto, estamos poniendo en funcionamiento en la Arquidiócesis de Medellín doce Centros de Pastoral Familiar (CPF), tres por cada una de las Vicarías Episcopales de Zona. Serán espacios de evangelización, orientación y formación al servicio de los jóvenes que caminan hacia el matrimonio, de las parejas de esposos y de las comunidades parroquiales. Progresivamente, irán desplegando una programación que atenderá la formación de animadores de la pastoral familiar; la preparación de los novios para el sacramento del matrimonio; el acompañamiento, desde diversos frentes, a los matrimonios y a las familias, especialmente si tienen dificultades.

Valoro profundamente el esfuerzo y la generosidad de quienes han venido trabajando en este proyecto, pero necesitamos el compromiso y la colaboración de los sacerdotes, de los diáconos y de muchos laicos que apoyen y difundan las iniciativas de estos Centros de Pastoral Familiar. Como sabemos, los problemas de la familia son globales y crecientes: el descenso de los matrimonios, el déficit de natalidad, el aumento de rupturas matrimoniales, la violencia intrafamiliar, el abandono de políticas con perspectiva de familia. Urge dar respuestas, porque aunque algunas ideologías están situando la familia en el pasado, nosotros sabemos que sin familia no hay futuro para la humanidad.

La solución a las problemáticas que vive la familia comienza por un cambio de mentalidad en la sociedad en general, en la clase política, en el mundo de la academia y de la empresa y, particularmente, en los mismos hogares. De ahí la urgencia de una pastoral familiar bien organizada y capaz de hacer un anuncio eficaz de la dicha de construir familia y de ofrecer los recursos necesarios para hacer posible el proyecto familiar en medio de las dificultades de hoy. La familia es el termómetro de una sociedad: familias maduras y estables producen una sociedad sólida y armoniosa; por eso, todo lo que se haga por la familia no es un gasto sino la mejor inversión. 

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

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