MISIÓN AL AIRE

EL AÑO DE LA VIDA CONSAGRADA

01 | 12 | 2014

Hemos dado inicio en el primer Domingo de Adviento al Año de la Vida Consagrada, convocado por el Papa Francisco. Este Año se inscribe  en el contexto de los 50 años del Concilio Vaticano II y, en particular, de los 50 años de la publicación del decreto conciliar “Perfectae Caritatis” sobre la vida religiosa. Se quiere que éste sea un tiempo de gracia para mirar con alegría el don de la Vida Consagrada dado por el Espíritu Santo a la Iglesia y para afrontar el futuro con esperanza, no obstante las pruebas y dificultades que atraviesan la sociedad, la Iglesia y la misma Vida Consagrada.

Todos los católicos por el Bautismo hemos quedado incorporados al misterio del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y, por consiguiente, nuestra vida tiene que ser diferente a la de los que no han sido bautizados. Siguiendo el ejemplo y las enseñanzas de Cristo, debemos vivir en la confianza y la alegría de ser hijos de Dios, debemos entrar en la dinámica nueva del amor al prójimo y debemos caminar en el compromiso y la esperanza del mundo que la Pascua de Jesús ha comenzado.

 

Sin embargo, hay personas que, por una invitación y una gracia especial de Dios, se proponen vivir más radicalmente el Evangelio, entregándose sólo a Dios, amando hasta dar la vida y procurando que toda su existencia esté al servicio del Reino de Dios. Esto es lo que, en la Iglesia Católica, se llama la Vida Consagrada. Estas personas se entregan enteramente a Dios mediante el seguimiento de Cristo en tres dimensiones que fueron fundamentales en su vida: la libertad frente a los bienes de la tierra, el amor con todo su ser a la Iglesia y la disponibilidad incondicional para la misión que se les confíe.

 

La Vida Consagrada puede expresarse de muy diversas formas, como se ha visto a lo largo de la historia: experiencias eremíticas, congregaciones religiosas, vírgenes consagradas, institutos seculares, sociedades de vida apostólica. A través de esas diversas formas, como, ha subrayado el Concilio Vaticano II, la Vida Consagrada simboliza, prefigura, manifiesta, representa y proclama los valores del Reino de Dios, transformándose así en el símbolo que puede y debe atraer eficazmente a todos los miembros de la Iglesia a cumplir con entusiasmo los deberes de la vocación cristiana.

 

Este año nos debe llevar a valorar la Vida Consagrada que enriquece y vivifica la comunidad eclesial con múltiples carismas y con los frutos de tantas personas santas dedicadas al servicio de todos y especialmente de los más necesitados. Debe ser también la ocasión para que el presbiterio y los fieles conozcamos más la Vida Consagrada, que prolonga la entrega de Cristo cuyo único amor fue el Padre y su proyecto de salvación. Debe darnos, además, la ocasión de promover las vocaciones a este género de vida y a esta importante misión.

 

Este año invita a las personas consagradas a celebrar solemnemente las maravillas que el Señor ha realizado en ellas y a hacer más viva la conciencia de su servicio fundamental en el mundo, que subraya lo absoluto de Dios y es un signo de su presencia en la historia. En este año, finalmente, toda la Arquidiócesis de Medellín rodea con su oración y con su afecto a los consagrados y consagradas, agradeciendo su presencia y su trabajo en esta Iglesia particular, realizando juntos la sublime vocación de servir a un solo Señor en los diversos campos de la evangelización, la celebración litúrgica y la promoción humana.

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

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