MISIÓN AL AIRE

TIEMPO DE EVANGELIZACIÓN TOTAL

01 | 06 | 2011

El Papa Benedicto XVI, con la creación del Pontificio Consejo para la promoción de la nueva evangelización, con la convocación de la próxima Asamblea General del Sínodo de los Obispos para estudiar el tema de “la nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana” y con la publicación de la Exhortación Apostólica “Verbum Domini” sobre la Palabra de Dios en la vida y misión de la Iglesia, quiere impulsar la tarea de la evangelización que, a partir del Concilio Vaticano II ha sido presentada, cada vez con más claridad y con más urgencia, como el camino para ayudar a vivir la experiencia de Dios en un mundo en profunda transformación.

A este propósito dedicaron muchas páginas de su magisterio y no pocas iniciativas de su ministerio el Papa Pablo VI y el Papa Juan Pablo II. En esta misma dirección han hecho grandes aportes las últimas Asambleas Generales del Episcopado Latinoamericano, hasta concretar en Aparecida el proyecto permanente y general de evangelización que es la “Misión Continental”. En este movimiento del Espíritu hemos entrado en la Arquidiócesis de Medellín; por eso, después de un año de preparación, en un acontecimiento histórico y emocionante, hemos realizado el lanzamiento diocesano de la Misión Continental el pasado 14 de mayo y nos preparamos para su lanzamiento, a nivel parroquial, en la próxima solemnidad de Pentecostés. 

Viene a ayudarnos en este camino el texto de los Lineamenta para el Sínodo de los Obispos el próximo año. Se trata de un documento bien estructurado, rico en contenido y con muchas preguntas para que toda la Iglesia llegue a la asamblea sinodal con un examen de conciencia serio sobre los retos que tenemos, las equivocaciones en que hemos caído y las buenas experiencias que suscita el Espíritu para esta tarea de la nueva evangelización, que se presenta como el “plan de pastoral universal” en el siglo XXI. Pienso que este documento eclesial debe ser conocido por cada uno de nosotros y que conviene estudiarlo comunitariamente en reuniones de sacerdotes, religiosos y laicos. Como orientación y estímulo, recojo, a partir de él, algunas sugerencias y reflexiones.

1. Estilo audaz. 

La nueva evangelización no es “hacer nuevamente una cosa que ha sido mal hecha o que no ha funcionado..., no es una simple repetición”. Tampoco es “un juicio de desaprobación” hacia ciertos agentes pastorales; ni una estrategia “que esconda acciones de proselitismo en relación con otras confesiones cristianas”; ni una mentalidad que convierte a quienes no creen “en objetos de persuasión, no vistos como interlocutores” válidos. La nueva evangelización es “una actitud, un estilo audaz”. “Es la capacidad del cristianismo de saber leer y descifrar los nuevos escenarios que han surgido dentro de la historia, para habitarlos y transformarlos en lugares de testimonio y de anuncio del Evangelio”. 

2. Valentía y creatividad. 

La nueva evangelización “consiste en el coraje de atreverse a transitar por nuevos senderos, frente a las nuevas condiciones en las cuales la Iglesia está llamada a vivir hoy el anuncio del Evangelio... Es la capacidad de hacer nuestros, en el presente, el coraje y la fuerza de los primeros cristianos, de los primeros misioneros”. Es, en suma, “el esfuerzo de renovación que la Iglesia está llamada a hacer para estar a la altura de los desafíos que el contexto socio-cultural actual pone a la fe cristiana, a su anuncio y a su testimonio, en correspondencia con los fuertes cambios actuales”. Dicho de otro modo, se trata de la respuesta que tiene que dar la Iglesia ante un mundo en cambio.

3. Ni resignación ni miopía. 

Por la velocidad de los progresos científicos y tecnológicos podríamos tener la sensación de que el cambio que vivimos es a corto plazo y, por tanto, la respuesta de la Iglesia podría errar el tiro en su diagnóstico del mundo que debe evangelizar. No estamos en un cambio cultural que se desarrolla en un par de décadas, sino en un cambio de la idea del hombre, que como todos los cambios epocales exige un desarrollo de siglos. No basta, entonces, simplemente utilizar las nuevas tecnologías para hablar de Dios; “ante estos desafíos, la Iglesia responde no resignándose, no cerrándose en sí misma, sino promoviendo una obra de revitalización de su propio cuerpo”, abierta a la acción del Espíritu Santo, “verdadero protagonista de esta renovación”.
4. Cambiar es también dejar lo inútil. 

El protagonismo del Espíritu es la garantía de acertar, pues Él ha conducido las Iglesias particulares en su respuesta a todos los desafíos de estos dos mil años. “Nueva evangelización es sinónimo de misión; exige la capacidad de partir nuevamente, de atravesar los confines, de ampliar los horizontes. La nueva evangelización es lo contrario a la autosuficiencia y al repliegue sobre sí mismo, a la mentalidad del status quo y a una concepción pastoral que retiene suficiente continuar a hacer las cosas como siempre han sido hechas. Hoy el ‘business as usual’ ya no es válido… Es tiempo que la Iglesia llame a las propias comunidades cristianas a una conversión pastoral, en sentido misionero, de sus acciones y de sus estructuras”.

5. Todo comienza por la conversión. 

Si “la Iglesia existe para evangelizar”, la nueva evangelización es la forma en la que debe vivir la Iglesia. Más concretamente, el modo en el que cada católico que quiera ser un verdadero discípulo de Cristo debe vivir cada uno de sus días. Por tanto, los Lineamenta no sólo analizan lo general, refiriéndose s seis campos fundamentales en los que la Iglesia debe desarrollar su labor (medios de comunicación, la secularización, el fenómeno migratorio, la economía, la investigación científica y tecnológica y el sector político), sino que hacen un llamamiento a la conversión personal: “No se puede transmitir aquello en lo que no se cree y no se vive. No se puede transmitir el Evangelio sin saber lo que significa estar con Jesús”.

6. Crear espacios para vivir el Evangelio. 

La nueva evangelización exige como estrategia fundamental a las Iglesias particulares ofrecerle a cada cristiano la formación y el ámbito que le permitan vivir la escucha de la Palabra, la oración, la celebración de los sacramentos, la experiencia de comunidad y el envío misionero. Hay que llevar las personas al Evangelio, que no es “un libro o una doctrina”, ni “un sistema de artículos de fe y de preceptos morales, ni, menos aún, un programa político”, sino “una persona: Jesucristo como Palabra definitiva de Dios, hecha hombre”. Mientras los cristianos no tengamos un trato personal y diario con Cristo, no vivamos la fe en una comunidad en la que podamos alimentarnos y aportar lo que somos, no tengamos el vigor y la posibilidad de ser fieles a la misión que nos encomendó el Señor, no ha empezado la nueva evangelización.

7. La evangelización es una experiencia.

 “La transmisión de la fe no es una acción especializada, adjudicada a algún grupo o a algún individuo expresamente designado. Es la experiencia de cada cristiano y de toda la Iglesia”. “El clima cultural y la situación de cansancio en la que se encuentran varias comunidades cristianas, llevan al riesgo de hacer débil la capacidad de nuestras Iglesias locales de anunciar, transmitir y educar en la fe”; sin embargo, la nueva evangelización “exige a las Iglesias locales un renovado impulso, un nuevo acto de confianza en el Espíritu que las guía, para que vuelvan a asumir con alegría y fervor la misión fundamental para la cual Jesús envía a sus discípulos: el anuncio del Evangelio… Es necesario que cada cristiano se sienta interpelado por este mandato de Jesús y se deje guiar por el Espíritu a responder a la llamada, según la propia vocación”.

8. Una evangelización total. 

La nueva evangelización es la que abarca a la Iglesia de todo el mundo, a todos y cada uno de los miembros de la Iglesia, y a toda la vida de cada católico, pues “este estilo evangelizador debe ser global, abrazar el pensamiento y la acción, los comportamientos personales y el testimonio público, la vida interna de nuestras comunidades y su impulso misionero, la atención educativa y la entrega cuidadosa hacia los pobres, la capacidad de cada cristiano de tomar la palabra en los contextos en los cuales vive y trabaja para comunicar el don cristiano de la esperanza. Este estilo debe apropiarse del fervor y de la libertad de la Palabra. (...) Una Iglesia de la nueva evangelización es capaz en todos los ámbitos de mostrar el Espíritu que la guía y que transfigura la historia”.

9. Compartir el Logos de la esperanza. 

“Los hombres tienen necesidad de esperanza para poder vivir el propio presente. El contenido de esta esperanza es el Dios que tiene un rostro humano y que nos ha amado hasta el extremo”. Este mensaje es para todos. Uno los obstáculos para la nueva evangelización es la ausencia de alegría y de esperanza entre los hombres de nuestro tiempo. Con frecuencia esta falta de alegría y de esperanza es tan fuerte que influye en nuestras mismas comunidades cristianas.  Debemos lograr que el mundo actual reciba la Buena nueva “no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo, y aceptan consagrar su vida a la tarea de anunciar el reino de Dios”.

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

Haga su búsqueda: