MISIÓN AL AIRE

ANTES QUE LLEGUEN LAS ELECCIONES

09 | 03 | 2015

Estamos entrando en los procesos y campañas políticas que conducirán a los comicios de este año para elegir alcaldes, concejales, gobernadores y diputados. Se trata de un ejercicio muy importante en la vida de una sociedad, que no siempre se vive, como lo constatamos en las pasadas elecciones, con la lucidez, el respeto y la madurez que debe tener. Por tanto, es necesario que comencemos, con anticipación, a apropiarnos serenamente los elementos que contribuyen a que logremos una adecuada formación socio-política para actuar con la cordura y la responsabilidad que necesita nuestro país.

Debemos llegar a las próximas elecciones teniendo como primer criterio de juicio y de acción el bien común. La política, como oficio de servir a la comunidad, se fundamenta y se estructura a partir de la salvaguardia del bien común.  Aristóteles la definía, en efecto, como “el arte de tratar las cosas que a todos conciernen”. En este sentido, todos nos ocupamos en actividades políticas, aquellas que en cuanto públicas y comunes nos atañen y afectan. Precisamente, por falta de respeto al bien común, el comportamiento de cierta “clase política” ha generado un descrédito de esta noble actividad. 

De esta manera, hemos pasado de una vocación que debería tener toda persona a una profesión de unos pocos, con frecuencia degradada por ambiciones personales, contrapartidas económicas, disputas y prebendas. Oficio, de otra parte, que a veces monopolizan determinados grupos de poder que se van reservando los altos cargos de la administración pública y aun de la privada. La situación se vuelve más grave cuando gastan todas sus fuerzas y recursos en perpetuarse en sus puestos, en pelear con sus contendores, en defender sus intereses y olvidan aquello para lo que fueron elegidos: garantizar el bien común.

El bien común es el conjunto de condiciones de vida social que permiten a los grupos y a cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente su propia realización. Exigencia fundamental del bien común es el respeto a la persona, a su dignidad, a su conciencia y a sus derechos. Por eso, la primera razón que justifica la existencia de la autoridad es arbitrar la contraposición de los diversos intereses particulares para que todas las personas puedan estar bien. Desde este principio básico surge la paz como armonía cultivada positivamente entre personas y grupos y la justicia que potencia la libertad, el respeto mutuo y la equidad.

La participación de los ciudadanos en los asuntos públicos, entonces, forma parte del conjunto de valores que contribuyen al bien común. De ahí que los derechos políticos son inherentes a la persona. No son otorgados por las autoridades, ni pueden éstas retirarlos sin un legítimo motivo. Esto exige que asumamos en serio nuestra participación en la vida social, informándonos de la realidad que vivimos, conociendo los candidatos que se presentan para cargos públicos, eligiendo con libertad y responsabilidad a los mejores.

Debemos educarnos y ayudar a otros para que elijamos candidatos y propuestas políticas por su claro y efectivo compromiso con el bien común. No caigamos en el error, frecuente y fatal, de hacer depender nuestro apoyo a personas porque provienen de un determinado partido o de una determinada ideología o porque nos ofrecen alguna ganancia personal. Ya que la intervención en política es una obligación moral, porque todos somos responsables de todos, es preciso actuar siempre según el juicio de la propia conciencia rectamente formada que acoge u objeta lo que se propone. Cuando está en juego el bien común no nos podemos equivocar por ligereza o irresponsabilidad.

                                                                   + Ricardo Tobón Restrepo

                                                                     Arzobispo de Medellín

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

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