MISIÓN AL AIRE

CON LA PAZ NO SE JUEGA

24 | 04 | 2015

No se puede llegar a la paz sin un concepto común de paz. Todos queremos la paz, pero este deseo debe expresarse en acuerdos fundamentales. Por eso, el diálogo es el camino verdadero para la paz, pero debe hacerse con todo el pueblo y tener una metodología eficaz que garantice resultados.

No se puede llamar paz y prometer como tal lo que solo es un ejercicio de diálogo con un grupo alzado en armas. Esto, si se hace bien, contribuye a la paz, pero no es la paz integral a la que aspira un pueblo cansado y habituado a la injusticia y a la violencia.

No se puede pretender realizar diálogos de paz si no se da una comprobada buena voluntad en las partes enfrentadas. Cuando hay buena voluntad se ve, se va a lo esencial, no se dilatan los tiempos, se asumen las propias responsabilidades. Sin recta intención, dialogar es ir de engaño en engaño.

No se puede vincular la causa de la paz a intereses particulares o a proyectos políticos personales. Paz de la que se aprovechen solo algunos, no es paz. Un mal planteamiento de la paz es fuente de nuevos y más graves conflictos.

No se puede ignorar, dividir o desilusionar al pueblo cuando se hacen procesos de paz, porque para tener paz se necesita todo el pueblo. Si se pierde la confianza en personas, instituciones y proyectos no llega la paz, porque la paz no viene ni por la astucia ni por la fuerza.

No se puede pretender llegar a la paz con una institucionalidad débil. Si no hay un Estado sólido que plantee, organice y controle los caminos de la paz, se llamará paz un estado de cosas tan frágil que dependerá de las pasiones y de las veleidades de todos.

No se puede prometer algo tan grande como la paz, con fórmulas ambiguas, incompletas o erráticas. La paz se construye con procesos de fondo que formen a las personas; la paz implica una profunda transformación educativa y cultural.

No se pueden mantener o repetir procesos que han fallado o han quedado superados. La repetición de errores genera desconfianza, dificulta el perdón y entorpece la solidaria colaboración que siempre entraña la paz. Sobre todo, da lugar a que evolucione o se enquiste más la violencia.

No se puede llegar a la paz sin un ideal colectivo, sin honestidad de todos y sin verdad en los procedimientos. La mentira es el camino más rápido a la confusión y a la desidia en procesos de paz. Es inconsistente la paz fundada solo sobre publicidad, aunque esta tenga nivel internacional.

No se puede decir que si no se firma la paz ahora ya no se firmará nunca. Un pueblo tiene que estar firmando la paz todos los días. La paz no es un tratado inmóvil que queda establecido para siempre, sino una dinámica social que se construye y se renueva cada día y con cada generación.

Los incidentes que estamos viviendo, en el ya largo proceso de paz en Colombia, no pueden desanimarnos y no deben llevar a incrementar la confrontación y la polarización. Son, más bien, un llamado a ir al fondo de las cosas. Son una oportunidad para llegar a la verdad de la paz, a la reconciliación que exige la paz, al proyecto nacional donde es posible la paz, al compromiso de todos que implica la paz.

+ Ricardo Tobón Restrepo

Arzobispo de Medellín

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

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