MISIÓN AL AIRE

NOS ESTAMOS PUDRIENDO?

01 | 06 | 2015

En la homilía del pasado Domingo de Pentecostés el Papa Francisco decía que el Espíritu Santo nos da valor para “luchar, sin concesión alguna, contra la corrupción que, día tras día, se extiende cada vez más en el mundo”. Las noticias y denuncias que escuchamos en la conversación y en los medios de comunicación confirman el diagnóstico del Santo Padre: la corrupción se extiende descarada y velozmente por todas partes. Y advirtamos que la corrupción no se da sólo en el manejo de dinero, sino, y esto es lo más peligroso, en el manejo de las ideas, de la información, de los proyectos políticos, de las propuestas sociales, de la buena fe de la gente. 

Entonces, si en la administración pública, en la educación, en el ejercicio de la política, en el deporte, en la comunicación, en el mercado y en todas las actividades humanas se va dando el engaño y el fraude, crece el clima de sospecha que se expresa en fórmulas como éstas: “todos son pícaros”, “todo el mundo engaña”, “esto está podrido”. Así va creciendo una sensación de cansancio, de pesimismo y de desconfianza, que genera dos graves males morales; de una parte, muchos comienzan a aislarse y a no querer comprometerse con nada porque “todo es mentira”; y, de otra, tantos deciden que si “todos se aprovechan” de lo que son, de lo que saben, de lo que hacen, de lo que tienen, por qué no van a hacer ellos lo mismo.  

Así vemos, que mientras algunos ciudadanos se indignan por la corrupción de la clase política, aceptan con buenos ojos los negocios turbios evasores de la legalidad para alcanzar ganancias fáciles porque hay que ser astutos y aprovechar las oportunidades. Las mismas promesas que se hacen de renovación moral y de fiscalización terminan siendo proyectos electoreros que tapan otros programas y que sucumben bajo la misma corrupción. Cuando una sociedad empieza a desmoronarse moralmente, todo se descompone, cunden el escepticismo y el cinismo, la maldad evoluciona y multiplica sus rostros y todos quedamos contra todos. Alguien dijo que la conciencia es como una abeja: si la usamos bien, nos da miel; pero si la usamos mal, nos clava su aguijón. 

El mundo de la religión no se ha escapado del flagelo de la corrupción. Muchas personas están padeciendo el engaño de las llamadas “iglesias piratas” y de farsantes e impostores que se presentan ofreciendo servicios religiosos que no tienen autenticidad y promoviendo obras sociales que no responden a la verdad y a la honestidad. Dentro de la misma Iglesia Católica podemos caer en abusos, en explotación de la buena fe de la gente y en utilización de una misión tan santa y necesaria para el bien integral de las personas buscando solo mezquinos intereses personales. Qué infamia abusar de los demás o lucrarse deshonestamente de los bienes que pertenecen a una comunidad.  

El Papa Francisco ha dicho: “La sensibilidad eclesial implica no ser tímidos o indiferentes para luchar contra la mentalidad de corrupción pública y privada” (18-5-2015). Pues el bien debe empezar por casa. Hago un llamado apremiante para que en la Arquidiócesis de Medellín actuemos siempre por los caminos de la honestidad y de la rectitud. Que esto se vea, ante todo, en la seriedad y eficacia del servicio pastoral; que brille, luego, en el trato honesto y digno a las personas; y que aparezca sin ninguna sombra, también, en la total transparencia de los asuntos económicos y administrativos. En la Arquidiócesis de Medellín, en todas sus instancias, actividades y proyectos, propongámonos que haya “cero corrupción”.    


 + Ricardo Tobón Restrepo                                                                                                       
    Arzobispo de Medellín  

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

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