MISIÓN AL AIRE

ANALFABETISMO RELIGIOSO

06 | 07 | 2015

Hasta hace poco, en la sociedad se tenía al menos una mediana información sobre temas religiosos y espirituales de la tradición cristiana. Hoy, en cambio, campea una alarmante ignorancia que crece aunque se avance en otros conocimientos. No sólo ignorancia o desconocimiento sino algo más grave, verdadero analfabetismo, como lo denunció el Papa Benedicto XVI en una de sus homilías.  Se trata de un problema muy serio para la Iglesia.

Actualmente, en realidad, no se puede suponer la fe en las personas que llegan a las parroquias y en aquellas que piden los sacramentos. Tantas veces obran por la fuerza de la costumbre, por compromisos sociales o por visiones incompletas o falsas de la vida cristiana. Además, existen también muchas personas, especialmente jóvenes, para quienes todo lo religioso resulta irrelevante, pues sólo les interesa el bienestar material y el dinero que lo procura.

Esta realidad nos desafía, como ya lo sabemos, a una nueva evangelización, porque no podemos buscar resultados distintos repitiendo siempre lo mismo. Debemos entrar por un nuevo anuncio, una nueva iniciación cristiana y una nueva catequesis que partan de un encuentro personal con Cristo, que iluminen la vida llenándola de sentido y de esperanza y que lleven a una profunda experiencia celebrativa y comunitaria.

La palabra “encuentro” tiene una connotación profunda. Un encuentro no se produce porque varias personas se reúnan en el mismo lugar o porque tengan un mismo objetivo. Un encuentro se da cuando una persona se comunica a otra de tal manera que la vida de esta persona queda marcada y transformada para siempre por esa comunicación. Es lo que ha acontecido a los discípulos de ayer o de hoy con Cristo resucitado y, por eso, pasan de la duda a la verdad, del miedo al compromiso y del individualismo a la comunidad.

Llevar a este encuentro con Cristo que afecte la vida, especialmente de las nuevas generaciones, puede resultar difícil pero no imposible. En realidad, no es tarea sólo de nosotros. La iniciativa que lleva a la fe, que transforma la persona y que la integra en la Iglesia es de Dios. Es una elección bondadosa y gratuita del Padre que, por la iluminación y guía del Espíritu Santo a través de la Palabra y de los Sacramentos, actualiza en nosotros la vida nueva que es Cristo.

El Espíritu Santo es quien lleva el corazón de cada persona a la fe y a la conversión. Pero a nosotros nos corresponde una oportuna y adecuada mediación para sembrar la Palabra y ayudar a la libertad de la persona para que responda a Dios. No se trata simplemente de entregar un paquete de datos, sino de cuidar y armonizar en el acto evangelizador la triple dimensión catequética, sacramental y espiritual, a fin de que lo que enseñamos y celebramos produzca la experiencia cristiana, que es la misma vida de Cristo en nosotros.

Así en ese proceso múltiple, que es la evangelización, la persona descubre a Dios y se entrega a él, va conociendo el misterio de la salvación, logra un cambio progresivo de mentalidad y de costumbres, vive su fe en la comunidad eclesial. Esta misión maternal de la Iglesia que se realiza en la iniciación cristiana y la catequesis de adultos se da en la diócesis y se encarna en la parroquia, célula de la Iglesia particular, en la que se engendran los hijos de Dios y, luego, ellos encuentran su hogar.

Vale la pena empeñarnos con generosidad y entusiasmo en vencer el analfabetismo religioso formando verdaderos discípulos de Cristo. Hacer cristianos es la mayor obra humana y social; en efecto, se ayuda a las personas a vivir con profundidad frente a tanta frivolidad, a descubrir la libertad en medio de tantas esclavitudes, a desvivirse en el servicio a los demás venciendo tanto egoísmo, a construir la paz a pesar de tanta violencia.

+ Ricardo Tobón Restrepo
Arzobispo de Medellín

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

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