MISIÓN AL AIRE

SIGAMOS TRABAJANDO POR LA FAMILIA

18 | 08 | 2015

Con motivo del próximo Sínodo de los Obispos, convocado por el Papa Francisco sobre la vocación y la misión de la familia, ha venido creciendo en la Iglesia la necesidad de una reflexión seria y de una acción pastoral adecuada en relación con esta institución primera y fundamental para cada persona y para la sociedad. El cambio cultural que vive el mundo de hoy está presentando graves interrogantes a la familia: ¿El único matrimonio es el del varón y la mujer? ¿Es posible y aceptable un vínculo que dure toda la vida? ¿La indisolubilidad no va contra la libertad y la autorrealización? ¿Corresponden el matrimonio y la familia a una realidad natural? ¿Hay realmente una propuesta divina sobre el matrimonio y la familia?

No sólo hay interrogantes. Hay muchos que niegan el valor de la familia, que desconocen su importancia en el presente y el futuro, que hablando de “familia tradicional” la sitúan en el pasado como una realidad superada, que llaman familia cualquier tipo de relación, que la atacan directamente con diversas propuestas ideológicas. Esta arremetida contra la familia ha contribuido a que se multipliquen graves males sociales: el incremento de los divorcios, el creciente déficit de natalidad, la multiplicación de madres y padres solteros, la violencia intrafamiliar, el aumento del alcoholismo y la drogadicción, la propagación de la prostitución y de enfermedades de transmisión sexual, la crisis de valores humanos y el vacío espiritual en que viven tantas personas.

Es imposible negar que la fuerza de nuestra sociedad haya estado construida sobre el amor fiel y fecundo de las parejas y sobre la misión de la familia. Por tanto, es urgente redescubrir el significado del matrimonio y la importancia de la familia. No se trata de hacerlo teóricamente sino en la práctica, para que sintamos que la familia es el lugar donde la vida es acogida y protegida como un don, donde desde niños podemos crecer en la experiencia de nuestra humanidad y en el horizonte del amor, que nos viene de Dios y que aprendemos luego dar a los demás. El matrimonio y la familia son una realidad profundamente humana, que interesa a creyentes y no creyentes, pero una realidad que alcanza su mayor grandeza a la luz de la fe cristiana.

Con motivo del próximo Sínodo, muchos han entrado en debates y discusiones que no afrontan el tema de fondo: cómo lograr hoy que la familia sea consciente de su vocación y viva auténticamente su misión. Pienso que el deber de todos es trabajar seria y creativamente en este sentido, buscando concretamente que:

- Los novios lleguen al matrimonio y los esposos vivan su relación como una auténtica vocación, que viene de Dios y que es la fuente de su felicidad.

- Las familias encuentren y vivan una sólida espiritualidad iluminada por la Palabra de Dios, sostenida por la oración, aplicada en el amor que construye cada día el hogar.

- Se valore y se presente la verdadera realidad de tantas familias que viven felices y son fuente de estabilidad y progreso para la sociedad.

- Se potencia una pastoral familiar que acompañe a los esposos para que sepan sortear las dificultades y encontrar cada día el encanto de la vida matrimonial y familiar.

- Se defiendan los derechos de las familias y se reclame al Estado y a la sociedad la protección y el apoyo que se deben dar a las familias.

- Se llegue, en la conciencia de todos, a la convicción de que cuanto se haga por la familia no es un gasto sino la mejor inversión.

 

+ Ricardo Tobón Restrepo
Arzobispo de Medellín

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

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