MISIÓN AL AIRE

FELIZ NAVIDAD

17 | 12 | 2012

La celebración de la Navidad, cada año, es una manifestación clara de la cercanía de Dios y de su amor por nosotros. A la sociedad actual se le hace difícil percibir esta cercanía y esta actuación amorosa de Dios, pues lo siente lejano, con frecuencia le achaca los males del mundo y hay casos en que ni siquiera le interesa su presencia.  Sin embargo, nuestra fe nos lleva en estos días a la admiración y al agradecimiento, al mostrarnos cómo Dios dejó el cielo para estar en medio de nosotros.

A veces no percibimos la presencia Dios y no sentimos su actuación porque Dios es discreto y espera que lo acojamos sin violentarnos; él busca siempre respetar nuestra libertad. El salmo afirma que “la misericordia de Dios llena la tierra”, pero es necesario tener limpio el corazón y abrir los ojos del alma para verlo. Pueda ser que en este tiempo la paz de Dios, la bondad de Dios, la ternura de Dios desciendan sobre nosotros, como descendieron hace dos mil años en Belén.

Al proclamar la Encarnación del Hijo eterno de Dios en la persona histórica de Jesús de Nazaret, la Iglesia es consciente de que anuncia una realidad que supera la razón humana. Por eso, habla de un “misterio” que sólo se puede aceptar por la fe, es decir por una gracia de Dios que mueve la mente para que se abra a una luz que lo ilumina todo y que dirige el corazón para que se adhiera a un acontecimiento de salvación que potencia hasta lo infinito la persona humana.

El mensaje de la Navidad no puede ser, entonces, sino el de la alegría. La alegría es connatural al misterio de la encarnación. Tal fue el anuncio de los ángeles a los pastores. Sin embargo, paradójicamente, muchos se alejan de la Iglesia pensando que el Evangelio les puede quitar la alegría. La alegría de Cristo no es tan fácil de ver como el placer banal, que se encuentra en la diversión. La verdadera alegría es un proceso de vida y plena realización que se va construyendo día tras día desde Dios. En verdad, se siente la alegría cuando nos aseguramos en lo definitivo y eterno.

Con razón, san Pablo nos manda alegrarnos en el Señor. Sólo en Cristo tenemos la certeza de que el mal y la angustia están superados por un amor infinito, que todas las tristezas de la tierra han quedado redimidas por la salvación que Cristo nos ha traído. Desearnos feliz Navidad es proclamar que por Cristo ha entrado el verdadero gozo al mundo y que nosotros podemos ser felices si nos abrirnos a esa “presencia divina comenzada”, que desde la encarnación de Cristo nos pide que la acojamos y la llevemos a nuestros hermanos.

Celebremos esta Navidad en la alegría de constatar todos los dones que hemos recibido de Dios en nuestra vida, en nuestras familias, en nuestras parroquias, en toda la arquidiócesis. Llevemos esta alegría a nuestros hogares superando resentimientos, divisiones, egoísmos y agresividades que destruyen la armonía que allí nos debe unir. Proyectemos la alegría en nuestros lugares de trabajo, en nuestros barrios, en nuestras parroquias, siendo buenos y generosos. Irradiemos en este tiempo y siempre la alegría de Dios.

Con estos sentimientos, agradezco a los Obispos auxiliares, a los Vicarios, a todos los Sacerdotes y Religiosas, a los laicos comprometidos y a todos los fieles cristianos, el testimonio de su fe y la realización de su misión en esta Arquidiócesis de Medellín durante este año. Espero que en todos abunden el gozo y la esperanza, porque realmente Dios ha entrado en nuestra vida y se ha hecho cargo de nuestra historia. Que todos nazcamos de nuevo en esta feliz celebración del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo.

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

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