MISIÓN AL AIRE

LAS FUENTES DE LA PAZ

14 | 09 | 2015

Estamos celebrando, de nuevo, una “Semana por la Paz”. Ella busca hacernos conscientes de la paz como un estado de cada persona y de toda la sociedad, que es necesario construir continuamente. La paz no se reduce al diálogo con un grupo alzado en armas, la paz no se circunscribe a un determinado tiempo, la paz no es tarea sólo de algunas personas, la paz no es una fabricación de expertos. A todos nos toca, permanentemente, hacer posible la paz en el propio corazón y en toda la sociedad. Esta semana pretende hacernos “gente de paz” y “obreros de la paz”.

Es necesario, entonces, que trabajemos algunas fuentes fundamentales de dónde brota la auténtica paz. En primer lugar, la espiritualidad. La violencia tiene su origen más profundo en el ser humano que se encierra en sí mismo y todo lo pone a su servicio, sin que le importe incluso llegar a destruir a los demás. Sólo desde Dios el ser humano encuentra su más plena realización y se abre positivamente a todas las personas. Por eso, vivir y ayudar a otros a que vivan una sólida espiritualidad es el aporte más grande a la causa de la paz.

Una segunda fuente de la paz es la educación. La formación permanente de cada persona en los valores perennes, que lleva a un comportamiento ético que respeta la dignidad de la persona y sus derechos inalienables, que capacita para la armoniosa convivencia con los demás y que conduce a realizar responsable y creativamente la propia misión en el mundo, es indispensable para tener una sociedad en paz. Sin una verdadera y adecuada educación de las personas son imposibles la verdad y la fraternidad que exige la paz.

Otra fuente de la paz es la justicia social. Mientras haya inequidad, exclusión, discriminación y marginación personal y social, habrá condiciones para la frustración y la confrontación. En cambio, donde es posible que todos tengamos una vida digna se aclimata más fácilmente la convivencia pacífica. Es necesario tomar la decisión de dominar el individualismo que nos enfrenta unos con otros por la ambición desmesurada del poder, de las riquezas y del bienestar y deja a muchos sin lo indispensable para vivir.

Debemos tener presente que la cultura de un pueblo, es decir la orientación y organización que conforman su modo de vivir, constituye una fuente natural de paz. Los modos de pensar, los criterios de acción, los valores determinantes,  las costumbres establecidas y el empleo de los recursos fijan la opción por las relaciones pacíficas o por la violencia. Necesitamos aprender cada día a comprendernos, a acogernos benévolamente, a caminar juntos, a vivir en la verdad y la libertad.

La paz viene también de una sólida institucionalidad en la sociedad. Un gobierno sin  deshonestidad, un sistema de justicia que evita la impunidad, una estructura de servicios acordes con las necesidades de los ciudadanos y un ambiente de confianza en los proyectos políticos del Estado generan bienestar y concordia. Si queremos la paz propiciemos buenos gobiernos y acabemos con la corrupción en todas sus formas. La corrupción hace desaparecer la distinción entre el bien y el mal e impone la dictadura del egoísmo.

Finalmente, una fuente indispensable de la paz es la solidaridad entre los miembros de una sociedad. Cuando se cae en la indiferencia, en la insensibilidad o en la irresponsabilidad frente a los propios deberes y a la necesidad de colaborar con el bien común, se da espacio al injusto aprovechamiento de algunos, que termina generando confrontación. Tenemos que aprender a superar la indiferencia y el fatalismo que nos están acostumbrando a vivir en medio de la inequidad y la violencia.

+Ricardo Tobón Restrepo
Arzobispo de Medellín

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

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