MISIÓN AL AIRE

LA FIESTA DE SANTA LAURA

05 | 10 | 2015

Como está previsto en el calendario litúrgico, el próximo 21 de octubre celebraremos la memoria de Santa Laura Montoya. En nuestra Arquidiócesis de Medellín, donde ella vivió y sirvió como maestra, desde donde gestó y dirigió su empresa misionera, donde se recibió el testimonio de su santidad, donde pasó sus últimos días y descansó en el Señor, donde quedó la casa general de sus hijas y donde se hizo todo el proceso de su canonización, no puede pasar desapercibida esta celebración.

Hemos venido asimilando la gracia y la responsabilidad de tener nuestra propia santa. Ella va entrando en nuestro patrimonio cultural, pastoral y espiritual. Pero nos hace falta conocer mejor su vida y su doctrina. Máxime cuando, con fines comerciales o ideológicos, se hacen presentaciones inexactas y grotescas de su biografía y de su propósito apostólico. Urge que se conozca la verdad, especialmente a través del estudio de su Autobiografía y de otros escritos serios sobre ella.

Después de su canonización, en un momento en que se acrecentaba la violencia, realizamos una peregrinación con sus reliquias por diversas parroquias de la Arquidiócesis pidiendo por su intercesión el don de la paz. Yo pienso que la relativa calma que desde entonces hemos tenido, con una notable baja en el número de asesinatos, ha sido un don de Dios alcanzado por ella. Pero esta es una gracia que debemos seguir pidiendo y haciendo posible con nuestro compromiso a favor de la justicia, la reconciliación y la solidaridad.

Quiero invitar para que, a partir de ahora, institucionalicemos la celebración de su memoria en todas las parroquias de la Arquidiócesis el 21 de octubre. Que se prepare, donde se vea posible y conveniente, con el rezo de la novena, que se promuevan diversas iniciativas para hacer conocer su doctrina espiritual y que se tenga la celebración Eucarística con los textos litúrgicos propios. Con particular solemnidad, se tendrá ese día en la Catedral Metropolitana la celebración de la Eucaristía y la veneración de sus reliquias.

Sin detrimento de la programación que se hace en el “templo de la luz”, invito encarecidamente a los sacerdotes, los religiosos y religiosas, los fieles todos, que lo puedan hacer, a participar en esta gran celebración de la Catedral. Será una ocasión para contemplar, como Iglesia diocesana, la obra de Dios en una mujer de nuestra tierra, para encontrarnos con nuestra vocación cristiana, para despertar el celo misionero que debe arder en nuestro corazón y para vislumbrar nuestro destino futuro.

Además, propongo tres intenciones para presentar al Señor ese día. Pedir por la paz, por la nueva evangelización y por las vocaciones. Todos sabemos que la paz, más que fruto de controles militares o de acuerdos, es una actitud profunda de cada persona que decide participar de la maravilla de la vida con los demás, practicando la justicia y la solidaridad. Esto exige una forma de ser y de situarse en el mundo, que en último término llega de Dios como una gracia. Para ser capaces de recibir y comprometerse con ese don se necesita orar.

Debemos pedir, igualmente, con la ayuda de nuestra gran misionera que podamos continuar desarrollando en todas las parroquias procesos sólidos de evangelización y que para ello surjan las numerosas y santas vocaciones que necesitamos en el ministerio sacerdotal, en la vida religiosa y en el apostolado laical. Con tantos motivos para bendecir a Dios que es grande en sus santos, con tantos beneficios que debemos agradecer y con tantas necesidades que debemos remediar, nos urge celebrar con fervor la fiesta de Santa Laura.

+ Ricardo Tobón Restrepo
Arzobispo de Medellín

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

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