MISIÓN AL AIRE

LA COLONIZACIÓN IDEOLÓGICA

26 | 10 | 2015

El papa Francisco, en varias ocasiones y especialmente en su encuentro en enero de este año con las familias en Filipinas, ha hablado de lo que él llama la “colonización ideológica”. Explica que es la imposición de ideas extranjeras en una cultura y denuncia que a veces viene apalancada por asistencia financiera. Estas ideologías, señala, se van introduciendo en los países en desarrollo especialmente a través de la educación de los niños y los jóvenes, tal como pasó en las dictaduras del último siglo. Se trata de una verdadera “colonización”.

Esto lleva a que las personas y los pueblos pierdan su propia identidad y terminen en la   uniformidad. “Esta es la globalización de la esfera, todos los puntos son equidistantes del centro”, indicó. Sin embargo, la “verdadera globalización” no tiene forma de esfera, sino que debe ser un “poliedro”, multifacético, de tal forma “que todas las personas, cada parte, conserven su propia identidad sin ser colonizadas ideológicamente”. Se podría hablar de una colonización antropológica cuya finalidad es la impugnación total de la idea misma de la naturaleza humana.

Esto está ocurriendo ya en casi todos los países, sin que nadie lo pueda cuestionar, pues quien piense distinto estaría haciendo “discriminación”. Es la imposición del “pensamiento único”; lo demás no es “políticamente correcto”. La primera amenaza la sufre la familia, al querer redefinir la misma institución del matrimonio desde el “relativismo”, la “cultura de lo efímero” y la falta de “apertura a la vida”. Es una colonización, dice el Papa, porque viene de afuera y es ideológica porque no le interesa la verdad, sino la imposición de su materialismo, de su visión que destruye o reduce las exigencias éticas.

El Santo Padre no duda en denunciar que la familia está amenazada y con ella toda la sociedad. Por eso, invita a estar atentos, a ser sagaces, a obrar con habilidad y fuerza para evitar una colonización ideológica que es tan funesta como una colonización política. Para que se  comprendan mejor las cosas, recomienda, como ya lo había hecho en otras ocasiones, leer la novela “Señor del Mundo” de Robert Hugh Benson. Esta obra presenta el reinado del Anticristo, que impone la religión de la “fraternidad universal”, un humanismo sin Dios, caracterizado por la mística de la deificación del hombre y del progreso.

La condición del progreso es la paz que brota de la comprensión clara de que el hombre lo es todo. Esta paz tan estupenda la logra Felsenburgh, el falso mesías que protagoniza la novela, alcanzando una alianza con las sectas mahometanas del Oriente; después, consiguiendo el bienestar universal, mediante el control mental de las masas y la benévola administración de la eutanasia a los díscolos y los infelices; por último, unificando el mundo bajo su autoridad, implantando oficialmente la religión humanista y erradicando los últimos reductos de cierta fe “grotesca y esclavizadora”, propia de “incompetentes, ancianos y disminuidos”, que se resiste a aceptar la colonización ideológica.

A los pocos que para entonces profesan esa religión se les considera una secta de peligrosos delincuentes; y se decreta contra ellos la persecución, que las masas acogen con desenfrenado alborozo ciudadano, como una auténtica fiesta de la democracia. Lo que el Papa nos advierte nos lleva a pensar con urgencia en la necesidad de afirmarnos en la fe, de construir una sólida comunión, de continuar en el empeño de una profunda evangelización, de ponernos cada vez más, por la oración y la santidad de vida, en las manos de Dios. Antes, los verdugos nos cortaban la cabeza; ahora, la colonización ideológica nos la cambia por otra.

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

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