MISIÓN AL AIRE

PARA QUÉ UN AÑO DE LA FE?

01 | 10 | 2012

Coincidiendo con el 50º aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II y los 20 años de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica, el Papa Benedicto XVI ha convocado la XIII asamblea general ordinaria del Sínodo de los Obispos, que tendrá lugar en Roma del 7 al 28 de octubre del presente año. La “Nueva Evangelización para la transmisión de la fe cristiana” es el tema que dará ocasión para deliberar, en el contexto del Año de la Fe, sobre uno de los desafíos más grandes de la Iglesia. En efecto, debemos encontrar los caminos para “dar razón de nuestra esperanza” en el mundo de hoy, que presenta maravillosas posibilidades pero que, a la vez, sufre las consecuencias del secularismo y del relativismo moral.

El 15 de septiembre de 1965, el Papa Pablo VI creó el Sínodo de los Obispos, para responder a los deseos de los participantes en el Concilio Vaticano II que sugerían mantener vivo el espíritu de colegialidad vivido en ese gran evento eclesial. El canon 342 del CIC define el Sínodo como “una  asamblea de Obispos escogidos de las distintas regiones del mundo, que se reúnen en ocasiones determinadas para fomentar la unión estrecha entre el Romano Pontífice y los Obispos, y ayudar al Papa con sus consejos para la integridad y mejora de la fe y costumbres y la conservación y fortalecimiento de la disciplina eclesiástica, y estudiar las cuestiones que se refieren a la acción de la Iglesia en el mundo”.

Es muy importante que todos participemos en este momento de discernimiento de la Iglesia. Nos puede ayudar mucho estudiar el Instrumentum Laboris que recoge la reflexión con la que se ha venido preparando el Sínodo. Este documento consta de una introducción, de cuatro capítulos y de una conclusión. En la introducción se presenta el parecer de las Conferencias Episcopales que ven la necesidad de analizar los nuevos recursos y expresiones que podrían hacer más asequible la Palabra de Dios a los hombres de nuestro tiempo. El primer capítulo, “Jesucristo, Evangelio de Dios para el hombre”, señala que la nueva evangelización más que una ansiosa respuesta a la crisis de fe contemporánea es la expresión de la dinámica interna del cristianismo que necesita dar a conocer a la humanidad el misterio de Dios revelado en Jesucristo.

 “Tiempo de nueva evangelización”, segundo capítulo, describe los escenarios actuales (cultura, migración, economía, investigación científica y tecnológica, política, sistemas comunicativos, propuestas religiosas) y las nuevas situaciones sociales que desafían la misión de la Iglesia y exigen respuestas apropiadas de los creyentes; en ellos es preciso crear lugares para el anuncio del Evangelio y para vivir la experiencia eclesial. El tercer capítulo “Transmitir la fe” pone en el centro de la nueva evangelización la comunidad cristiana, especialmente la parroquia, que es punto de referencia y de coordinación de una vasta gama de iniciativas pastorales y que es el ámbito donde se dan frutos como la caridad, la búsqueda de la verdad, el diálogo interreligioso, el valor de denunciar escándalos e injusticias.

El último capítulo, “Reavivar la acción pastoral”, subrayando algunas prácticas con las que se ha transmitido la fe, muestra la importancia de aprovechar la riqueza de los itinerarios de la iniciación cristiana, la necesidad de darle a las parroquias un estilo más misionero, la urgencia de encontrar medios para llevar a la vida cotidiana de la sociedad el primer anuncio, la oportunidad que siempre se tiene en la exigente e imprescindible tarea de la educación. El documento concluye diciendo que el problema de la evangelización no es, en último término, una cuestión organizativa o estratégica, sino más bien espiritual; el secreto último de la nueva evangelización es la respuesta a la llamada a la santidad: puede evangelizar sólo quien se ha dejado y se deja evangelizar.

Los invito a todos a unirse de corazón a este gran acontecimiento de la Iglesia. Les ruego que en las Eucaristías de los domingos, en todas las parroquias, se invoque al Espíritu Santo para que guíe con su luz y con su fuerza los trabajos del próximo Sínodo. Les pido que nos unamos, sobre todo, en la pasión de evangelizar para que, realizando la misión originaria de la Iglesia, hagamos una verdadera renovación pastoral de nuestra Arquidiócesis y con el entusiasmo y la audacia de los primeros discípulos proclamemos, dentro de las circunstancias y necesidades de nuestro tiempo, el mensaje de Jesús que infunde alegría, da libertad y abre a la esperanza.

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

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