MISIÓN AL AIRE

LA INICIACIÓN CRISTIANA

21 | 08 | 2012

Del pasado 30 de julio al 1 de agosto, hemos celebrado en la Arquidiócesis de Medellín un Congreso Internacional de Liturgia y Pastoral. Promovido por la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Bolivariana, en el espléndido marco del Seminario Conciliar, el Congreso acogió unas 1200 personas, entre sacerdotes, religiosos y laicos, que se ocuparon de reflexionar sobre los retos y desafíos que nos presenta hoy la iniciación cristiana. De esta manera logramos una provechosa unión entre lo académico y lo pastoral.

Debo felicitar y agradecer a la Universidad y a todos los que trabajaron generosamente en la realización de este evento, que con tanto éxito se propuso ofrecer fundamentos bíblicos, históricos, teológicos y litúrgicos para comprender cómo debe realizarse hoy el proceso de iniciación cristiana. Era algo necesario pues, tanto a nivel de la reflexión teológica como en el ejercicio de la práctica pastoral, se ve la urgencia de recuperar el sentido de la iniciación cristiana y de darle el lugar que le corresponde en la vida de la Iglesia.

La iniciación cristiana es la incorporación de una persona en el misterio de Cristo y de la Iglesia, por medio de la fe y de los primeros sacramentos. Esto exige un proceso gradual que ayude a madurar en la vida nueva del Evangelio, que lleve a la conversión y que permita una real integración en la comunidad eclesial. La iniciación cristiana es, ante todo, obra de Dios que ha querido darnos, en Cristo por la fuerza del Espíritu Santo, la posibilidad de participar de la naturaleza divina y ser coherederos de su gloria. Esta obra del amor de Dios es encomendada a la Iglesia, quien, con actitud materna, acoge y acompaña a las personas en este camino.

La tarea de iniciar en la fe la cumplían las familias, la escuela, las parroquias y la misma sociedad marcada por principios y valores cristianos. Sin embargo, se constata hoy que muchas familias no logran transmitir la fe, que la educación escolar tampoco ofrece elementos completos de formación cristiana y que la sociedad no ayuda a dar sentido a la vida y a encauzar nuestra actuación en el mundo según el Evangelio. En las conclusiones del Congreso, que espero sean publicadas y estudiadas cuidadosamente en la Arquidiócesis, aparece un panorama realmente preocupante.

Se dice, entre muchas otras cosas, que hemos vivido de religiosidad sin una profunda evangelización, que la pastoral se presenta desarticulada e individualista, que hay desconexión entre fe y vida y entre fe y cultura, que la vida de la Iglesia se reduce en ocasiones a mero ritualismo, que se ve una inquietante desarticulación en la preparación y celebración de los sacramentos de la iniciación cristiana, que se deja la administración de algunos sacramentos a la iniciativa de los colegios, que hace mucho mal la falta de unidad de criterios pastorales, que no aparece claramente en muchos católicos el sentido de pertenencia a la Iglesia.

El Congreso dejó una serie de proposiciones muy interesantes, que ahora debemos estudiar e incorporar en la medida de lo posible en nuestra práctica pastoral. Más que a fórmulas precisas para hacer la preparación catequética a los sacramentos de la iniciación cristiana y a sugerencias sobre la celebración de los mismos, estas conclusiones apuntan a que nos preguntemos en serio cómo puede la comunidad eclesial hacer cristianos en el mundo actual, cómo puede acompañarlos en su vida ordinaria, cómo puede comprometerlos en la evangelización del mundo, cómo puede cada uno de nosotros vivir realmente su incorporación a Cristo. En definitiva, se trata de repensar toda nuestra vida cristiana y toda la tarea pastoral de la Iglesia.

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

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