MISIÓN AL AIRE

PASTORAL INNOVADORA

20 | 06 | 2016

Hace algunos meses, Jack Szostak, Premio Nobel de Medicina 2009, estuvo en Colombia. En una de sus conferencias hizo un recuento de las experiencias que lo han guiado en su vida de científico. Leyendo esa exposición me ha parecido que las prácticas que señala para un fructuoso trabajo investigativo, si las aplicamos convenientemente, valen también para la acción pastoral. Hoy, cuando se habla de innovación en todos los sectores de la sociedad, es preciso que pensemos, también nosotros, cómo podemos renovar nuestra tarea evangelizadora. En ese sentido, me permito comentar, a mi modo, diez actitudes que ha señalado el Doctor Zostak:

Cuestionar: Tiene gran importancia, para lograr un trabajo pastoral que responda realmente a la misión de la Iglesia y a las necesidades de las personas, mantenerse en búsqueda, indagar, interrogar a las mismas personas y a los acontecimientos.

Reflexionar: No da buen resultado lo que se hace rutinaria y superficialmente. Todo debe ser  sumido con debida ponderación después de un cuidadoso discernimiento. Quien trabaja sin pensar termina en una gran esterilidad.

Compartir: Propiciar el trabajo en equipo y establecer redes a los diversos niveles siempre es productivo. Nunca ha fallado, y menos en la vida pastoral, que el aislamiento es camino seguro hacia el fracaso.

Arriesgar: Para evangelizar de verdad tenemos que entregarlo todo, hasta la misma vida. Es una exigencia de la ley de la fecundidad: si la semilla no muere en la tierra no produce fruto. La vida pastoral exige, cada día, el riesgo de la fe, del amor y de la esperanza.

Innovar: Si en todos los campos se busca hacer algo nuevo, es imposible que en la acción pastoral nos quedemos estancados y envejecidos. En efecto, en la vida cristiana todo apunta a la novedad: un espíritu nuevo, un mandato nuevo, un hombre nuevo, un cielo nuevo.

Encomendar: Ninguna persona puede hacer todo por sí misma. Si Dios mismo nos confía su proyecto, cómo no vamos nosotros a generar una dinámica en la que compartimos responsabilidades. Es la experiencia profunda de ser enviados y de enviar.

Sumar: El egoísmo resta y divide, la fraternidad y el celo apostólico suman y multiplican. Hay que sumar fuerzas, experiencias, iniciativas, caridad pastoral. La misión que tenemos es muy grande y no admite individualismos, divisiones y desarticulaciones.

Detenerse: El activismo es el mayor enemigo de la eficacia. La buena acción pastoral requiere vida interior, oración, pausas de formación, espacios para sentir el paso de Dios y su acción en el mundo.

Flexibilizar: Si se quiere acertar en lo que se hace y servir de verdad a los demás, hay que mantener viva la capacidad de adaptarse a las personas, a los tiempos, a las circunstancias. La vida es siempre original y nueva en todos sus procesos.

Ser auténticos: El sentido y la fuerza de la vida y de la acción vienen de adentro y no de afuera. La vida pastoral exige, ante todo, testimonio y fidelidad. La santidad es para nosotros, simultáneamente, una exigencia y una consecuencia de la misión.

Si un científico percibe que estas actitudes son el camino del éxito en su trabajo, cómo no vamos a aceptar que son todavía más importantes en el arte y la ciencia por excelencia de conducir las personas hacia su plena realización en Dios. Que nos sirva esta consideración, tanto a sacerdotes como a laicos, para despertar y hacernos conscientes del momento que vivimos, para evaluar seriamente nuestro trabajo apostólico y para abrir nuevos horizontes a lo que somos y tenemos que realizar en la Iglesia.

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

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