MISIÓN AL AIRE

EL MISTERIO DE LA VOCACIÓN

14 | 11 | 2017

EL MISTERIO DE LA VOCACIÓN

El próximo 25 de noviembre tendremos la Ordenación de nuevos Presbíteros. No podemos llegar inadvertidamente a este acontecimiento. Es preciso ver, en primer lugar, el don de Dios para nuestra Iglesia al darnos unos hombres configurados, por una nueva acción sacramental, con Cristo Pastor. Es la ocasión, también, para entender que las vocaciones al sacerdocio requieren el compromiso de toda la comunidad diocesana, que debe pedirlas, acogerlas y cultivarlas. Igualmente, es un momento para contemplar el misterio de la propia vocación; cada uno de los bautizados es un llamado y un enviado que, unido a otros llamados y enviados, va viviendo y anunciando en diversas circunstancias el Reino de Dios.

Todavía conservamos vivo el recuerdo del estimulante encuentro que los sacerdotes, los religiosos y los seminaristas, acompañados por nuestras familias, tuvimos con el Papa Francisco. Allí nos señaló, en primer lugar, que cada uno tiene la propia historia de su vocación. Es algo único y original, pero en todos los casos ha sido Jesús el que ha salido a nuestro encuentro y nos ha captado el corazón. También nos dijo que la vocación puede surgir dentro de las comunidades con fervor apostólico que despiertan el deseo de consagrarse a Dios y a la evangelización; pero puede surgir igualmente en jóvenes inquietos, tantas veces engañados o destruidos por la droga y la violencia; se hace necesario, entonces, cambiar esa “derrota de la humanidad” en servicio y ayuda a los demás, logrando que sean “callejeros de la fe” y lleven a Cristo a cada rincón de la tierra.

Luego, el Santo Padre nos aseguró que Dios sigue llamando. Nos gustaría, afirmaba, que fuera en familias sostenidas por un amor fuerte y adornadas de valores, pero la realidad es que llama también en ambientes llenos de contradicciones, de claroscuros, de situaciones vinculares complejas. Con frecuencia la situación real es que el despertar del llamado de Dios nos encuentra en senderos de sufrimiento y de dolor, en medio de dificultades familiares y de tragedias de sangre. Negar la posibilidad de vocaciones por las complejidades del mundo es un “cuento chino”. Dios manifiesta su cercanía y su elección donde quiere. El cambia el curso de los acontecimientos al llamar hombres y mujeres en la fragilidad de la propia historia personal y comunitaria.

Somos pueblo elegido para la verdad, continuaba reflexionando el Papa, y nuestro llamado tiene que ser en la verdad. Si nuestra vocación está injertada en Jesús, no puede haber lugar para el engaño, la doblez, las opciones mezquinas. Todos tenemos que estar atentos para que cada sarmiento sirva para lo que fue pensado: para dar frutos. Desde los comienzos, a quienes les toca acompañar los procesos vocacionales, tendrán que motivar la recta intención, es decir, el deseo auténtico de configurarse con Jesús, el Pastor. Cuando los procesos no son alimentados por esta savia verdadera que es el Espíritu de Jesús, entonces Dios descubre con tristeza aquellos tallos ya muertos. Las vocaciones mueren cuando se quieren nutrir de honores, cuando están impulsadas por la búsqueda de una tranquilidad personal y de promoción social, cuando la motivación es “subir de categoría” o la torpeza del afán de lucro.

Qué provechoso nos resulta volver al mensaje y al espíritu de ese encuentro con el Sucesor de Pedro para redescubrir el gozo de haber sido llamados, para reafirmar nuestra identidad profunda, para purificar nuestras intenciones, para considerar la actualidad y belleza de la misión que hemos recibido. Todo nos muestra que, aun ahora, es posible seguir fielmente la llamada del Señor y que es posible dar mucho fruto. La buena noticia, se nos dijo, es que todavía no estamos terminados; estamos en proceso de fabricación. Quisiera que este nuevo eco que hago a las palabras del Papa nos sirviera para hacernos cada vez más conscientes del milagro y el misterio de la vocación y nos llevara a estar siempre unidos a Cristo, a su vida y a su misión.

 

                                                           + Ricardo Tobón Restrepo

                                                               Arzobispo de Medellín

 

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

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