MISIÓN AL AIRE

NO MAS PÓLVORA

10 | 11 | 2014

A lo largo de la historia, se ha creado la costumbre de quemar pólvora en diversas celebraciones religiosas, civiles y sociales. En los últimos años, también por motivaciones un tanto oscuras, se ha incrementado el uso de la pólvora, sobre todo, en las fiestas navideñas por parte de personas particulares. Quisiera que nos hiciéramos conscientes de los múltiples males que se derivan de esta práctica:

1.      Es un peligro grave para la salud y la integridad de las personas. En la Navidad del año pasado se presentaron más de cien personas quemadas gravemente en nuestra región por el uso de la pólvora. Entre ellas, menores que quedaron mutilados o con lesiones graves para toda la vida.

2.      Afecta la convivencia social, porque perturba el descanso de los que duermen, hace sufrir más a los enfermos y afecta la tranquilidad de todos. Va contra los derechos de quienes necesitan reposar para trabajar o realizar diversas actividades al día siguiente.

3.      Genera ruido y confusión, alimentando no pocas veces el ambiente de violencia que no acabamos de superar. Podría creerse que el desaforado crecimiento de esta costumbre entre los jóvenes es un desahogo o manifestación de la agresividad que nos habita, para no pensar que sea también subterfugio de acciones criminales.

4.      Es un derroche innecesario e injusto de recursos indispensables para promover una vida digna para todos. Nos quejamos de pobreza y, sin embargo, quemamos el dinero. Eso es la pólvora, dinero dilapidado sin sentido ni provecho.

5.      Desplaza y cancela otras tradiciones familiares, culturales y religiosas sanas y beneficiosas. El encender luces como expresión de fe y de alegría, el rezo de la novena navideña, las cenas o tertulias familiares, los juegos para niños y jóvenes hacen más bien que la detonación insoportable, el molesto olor y la amenaza de la pólvora.

6.      Trae un descrédito para nuestra región, que aparece con el primer lugar en la nación de incidentes sociales y sanitarios por el uso de la pólvora. En vez de ser honroso, este título nos presenta como un pueblo superficial y más bien escaso de cultura.

7.      Tiene consecuencias negativas en la ecología. En efecto, contamina el aire, maltrata los árboles, espanta a los pájaros y enferma a otros animales que no pueden soportar su ruido. Esta práctica no se compadece con quienes quieren proteger la naturaleza.

Ante este mal social nos tenemos que comprometer todos. Algunas formas de actuación pueden ser las siguientes:

1.      Enseñar, explicar, proponer, convencer a quienes encontremos que el uso de la pólvora es nocivo y pernicioso.

2.      Promover actividades e iniciativas, realmente interesantes y útiles, que remplacen esta práctica antes de que se arraigue más entre nosotros.

3.      Evitar tolerar, y todavía menos propiciar, esta práctica malsana y degradante en toda clase de eventos familiares, religiosos y sociales.

4.      Colaborar con la policía para que actúe más oportuna y decididamente en el control de esta dañina actividad, de la que el estallido y la ráfaga de luz dicen inequívocamente dónde se está practicando. 

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

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