MISIÓN AL AIRE

OJO CON LOS LADRONES

19 | 08 | 2014

Con frecuencia nos lamentamos por la inseguridad y los robos, procuramos cuidar nuestras casas y pertenencias, denunciamos los atropellos a la propiedad ajena. En su primera Exhortación Apostólica, “Evangelii Gaudium”, hablando de los desafíos que enfrentamos en la actual cultura globalizada, el papa Francisco nos advierte a los católicos y especialmente a los agentes pastorales que debemos estar vigilantes para que no nos quiten bienes esenciales. Nos enseña a decirle “no” al demonio, al mundo, a la visión egoísta de la vida, que nos quieren robar los dones de Dios.

Tenemos que aprender a defender bienes fundamentales que nos mantienen en relación directa y constante con Dios; que han sido recibidos para que los compartamos con los demás y, por lo mismo, son un bien común; que constituyen nuestra misma vida de discípulos y misioneros de Jesús. El Papa nos despierta para que nos mantengamos en una lucha espiritual y superemos la superficialidad y la indolencia que nos hacen insensibles frente a la vocación y a la misión que hemos recibido. Conviene que recordemos esos bienes que debemos proteger con esmero.

¡No nos dejemos robar el entusiasmo misionero! Nos puede pasar cuando, aun teniendo sólidas convicciones doctrinales y espirituales, se cae en un estilo de vida que se aferra a seguridades económicas, al poder y a la gloria humana, en lugar de dar la vida por los demás en la misión (EG 80).

¡No nos dejemos robar la alegría evangelizadora! Ocurre cuando la vida se llena de oscuridad y de cansancio interior; cuando caemos en la insatisfacción y en la acedia pastoral producidas por el egoísmo que nos cierra al misterio de la Cruz y que apolilla el dinamismo apostólico (EG 83).

¡No nos dejemos robar la esperanza! Estamos en peligro si nos convertimos en pesimistas quejosos y desencantados, si dejamos avanzar la “desertificación” espiritual fruto del proyecto de sociedades sin Dios y que destruyen sus raíces cristianas, En medio de tantos desiertos estamos llamados a ser fuente de agua viva (EG 86).

¡No nos dejemos robar la comunidad! Hay que estar atentos  a que lo religioso no dé lugar al aislamiento o a un individualismo enfermizo; la relación con Dios nos compromete con los otros. Los discípulos del Señor estamos llamados a ser luz y sal del mundo en comunidad (EG 92).

¡No nos dejemos robar el Evangelio! Estamos protegidos si evitamos construir una Iglesia mundana bajo ropajes espirituales o pastorales. Esta mundanidad asfixiante se sana tomándole el gusto al aire puro del Espíritu Santo, que nos libera de estar centrados en nosotros mismos y escondidos en una apariencia religiosa vacía de Dios (EG 97).

¡No nos dejemos robar el ideal del amor fraterno! Por consiguiente, debemos curar las heridas que nos dejan las divisiones, las agresividades, los celos y las envidias. En un mundo de guerras estamos llamados a dar testimonio del amor; es preciso que entendamos y entremos en la ley del amor. Aprendamos a vencer el mal con el bien (EG 101).

¡No nos dejemos robar la fuerza misionera! Aquí los ladrones son el descuido para que los laicos, hombres y mujeres, sean conscientes de su dignidad y misión como bautizados, la indolencia frente al gran desafío de formar y evangelizar a los jóvenes, la irresponsabilidad frente al deber de trabajar seriamente por las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada (109).

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

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