MISIÓN AL AIRE

NO HEMOS SIDO ELEGIDOS POR EL SEÑOR PARA PEQUEÑECES

28 | 07 | 2014

Con ocasión de la 51ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que tuvo lugar el pasado 11 de Mayo, el Papa Francisco hizo un llamado a la Iglesia que debe sin duda encontrar una decidida acogida en nuestra Arquidiócesis: “los cristianos no hemos sido elegido por el Señor para pequeñeces. Pongan en juego su vida por los grandes ideales.  A Ustedes obispos, sacerdotes, religiosos, comunidades y familias cristianas les pido que orienten la pastoral vocacional en esta dirección, acompañando a los jóvenes por itinerarios de santidad…”.

 

Conviene, por tanto, que profundicemos en la necesidad de cultivar las vocaciones que Dios hace germinar en el campo de su pueblo.  Para ello, quiero subrayar algunas líneas del mensaje del Papa que debemos tener bien presentes.

 

·        La vocación surge del corazón de Dios, es fruto de su amor, él llama a quien quiere y lo hace de muchas maneras.  Por eso, tanto la vocación cristiana como el llamado al sacerdocio o a la vida religiosa se cultivan en la experiencia del amor del Señor.  El Papa lo describe como un éxodo que nos hace salir de nosotros mismos para centrar la propia existencia en Cristo y en su Evangelio.

·        Ninguna vocación nace por sí misma ni crece por sí misma, es don de Dios y madura en el contexto de una auténtica vida eclesial.  El amor fraterno, el verdadero compromiso de fe, las comunidades parroquiales dinámicas y misioneras son el terreno mejor abonado para la maduración de las vocaciones. 

·        Vocación y escucha de la Palabra están íntimamente unidas, porque para responder al Señor y comprender hacia dónde debe orientarse la vida es necesario dejarse transformar interiormente por sus palabras que son “espíritu y vida” (Jn 6,63). 

·        No hay que tener miedo de responder al llamado, hay que confiar en Dios. Él jamás nos abandona a nuestra propia suerte; sino que sigue con ilusión la obra de sus manos en cada momento.  Le interesa que se cumpla su proyecto en nosotros, pero quiere conseguirlo con nuestro asentimiento y colaboración.

·        La vocación es un llamado a la santidad:  Si bien es cierto que Dios llama a quien quiere, también lo es que el llamado exige un cambio radical para asumir un estilo de vida evangélico. La respuesta no puede ser por partes o a medias, sino que exige entera disponibilidad y consagración para el Señor.  Es necesario superar la tendencia al comodismo, así como los modos de pensar y de actuar no concordes con la voluntad de Dios.

 

Asumamos todos con responsabilidad de Iglesia el desafío de ser terreno fértil para el crecimiento y maduración de las vocaciones sacerdotales, religiosas y laicales.  Como lo ha pedido el Papa, debemos aspirar y proponer ideales grandes, no únicamente desde las palabras, sino desde el testimonio comunitario del auténtico seguimiento de Jesús.  Si nos esforzamos por construir una Iglesia viva y misionera; si nos esforzamos por fortalecer los grupos apostólicos, especialmente los juveniles; si asumimos seriamente el itinerario de las pequeñas comunidades; si vivimos en fraternidad y en caridad; si no dejamos de pedir al dueño de la mies que envíe obreros a su mies, entonces la cosecha será abundante. 

DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

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