MISIÓN AL AIRE

LA IGLESIA SE CONSOLIDA EN EL MISTERIO PASCUAL DEL SEÑOR

24 | 09 | 2018


Tener un acercamiento al significado del misterio de la muerte y resurrección del Señor, como lugar donde la Iglesia se consolida y comprender la grandeza del Sacramento del Bautismo como el momento en el que el cristiano se injerta en la Pascua del Señor y al misterio de la Iglesia.

Se acoge con alegría a los participantes en la reunión, invitándolos a recordar a partir de pequeñas ideas lo que se ha trabajado en los encuentros anteriores, y se les invita para continuar estas catequesis sobre el misterio de la Iglesia.

MOTIVACIÓN:

En el centro del salón se pone una imagen de un Bautismo o de una pila Bautismal; y se invita a todos los presentes a que hagan memoria de su Bautismo… ¿cuándo fue?, ¿quiénes fueron sus padrinos?, ¿qué importancia tiene este día en la vida de ustedes? 

LA IGLESIA SE CONSOLIDA EN EL MISTERIO PASCUAL DEL SEÑOR

El catecismo en el numeral 763 afirma: “corresponde al Hijo realizar el plan de Salvación de su Padre, en la plenitud de los tiempos; ese es el motivo de su "misión".

Inferimos de estas palabras cómo la misión del Hijo, de su encarnación, su vida y sobre todo su misterio Pascual deben ser leídos como un cumplimiento del plan salvador de Dios que llega a su plenitud en la ofrenda voluntaria del Hijo, que asumiendo sobre sí nuestro pecado nos ha liberado de la culpa y nos ha restituido a la relación con Dios.

Dos insinuaciones nos hacen los relatos de la crucifixión para explicarnos cómo la Iglesia nace de la cruz del Señor:

·        “Jesús entrega el Espíritu” (Jn 19,30): que es el origen de la fuerza y la vitalidad de la Iglesia; es el mismo que en el día de la resurrección (Cfr. Jn 20,22) soplará sobre la comunidad apostólica reunida; y el mismo que en Pentecostés derramará sobre ellos de manera admirable (Hch 2, 1-11).

El Espíritu Santo que animó y condujo a Jesús a lo largo de su vida, está ahora como don suyo en la vida de la iglesia naciente como el motor de la misión y como la memoria de Jesús para continuar su obra.

·        “De su costado salieron sangre y agua” (Jn 19,34): los padres de la Iglesia han interpretado casi unánimemente este versículo como una referencia al hecho que como del costado abierto de adán salió Eva, así del costado de Cristo sale la Iglesia, que nace en las aguas del Bautismo y se alimenta en la sangre de la Eucaristía

Como vemos San Juan en su Evangelio interpreta el misterio de la cruz también como el nacimiento de la Iglesia; y esto lo refuerza todavía más en el encuentro del resucitado con sus discípulos:

Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a ustedes. Y cuando les dijo esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor. Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a ustedes. Como me envió el Padre, así también yo los envío. Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Reciban el Espíritu Santo. A quienes perdonen los pecados, les son perdonados; y a quienes se los retengan, les son retenidos. (Jn 20, 19-23)

Este texto nos muestra el envío que hace el Resucitado de sus discípulos: “como el Padre me envió así también yo los envío”; así vemos que la iglesia nace en continuidad con la obra de Jesús y está llamada a continuar el anuncio del Reino que Él con su vida y con su ministerio ha inaugurado.

Pero además el texto nos muestra la potestad que recibe la comunidad apostólica: “a quienes les perdonen los pecados les son perdonados”; así la Iglesia aparece como la administradora de la gracia de Dios que se realiza en los sacramentos, y está llamada a iluminar la vida de los hombres para que caminen en la misericordia de Dios.

Ahora bien, no podemos olvidar que todos nosotros pertenecemos a la Iglesia por el Bautismo, que como nos explica San Pablo no es otra cosa que la actualización del misterio Pascual de Jesús en nuestra propia vida:

¿O no saben que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado. Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él; sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive. Así también ustedes considerense muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. (Rom 6, 3-11).

Nuestro bautismo no es más que la participación de la Pascua del Señor, morir con Él al pecado para resucitar con Él a la vida nueva; y es justamente esta participación en su misterio Pascual la que nos une al hijo de Dios para hacernos también a nosotros hijos suyos adoptivos.

Con razón que no hay en la vida cristiana un día más grande que el de nuestro propio Bautismo: ese día es en sí mismo el más grande llamamiento que hemos recibido de Dios, pues librándonos del poder del mal nos ha llamado a la vida de la iglesia, que es el pueblo de los que Dios convoca a la salvación.

Pero esto exige también de nosotros una respuesta: “hemos de andar en una vida nueva”, como quienes han sido rescatados del pecado; y para ello el Señor ha dispuesto en la misma Iglesia los auxilios que necesitamos para perseverar en esta vida nueva:

·        El ministerio de la Palabra: por medio de la cual el Señor ilumina nuestra vida y nos regala criterios de discernimiento para poder comprender su voluntad.

·        La gracia sacramental: a través de la cual sigue llegando a nosotros la fuerza del sacramento redentor de Cristo, que se manifiesta especialmente en la Eucaristía y la Reconciliación que son los sacramentos con los que Dios nos va alimentando y fortaleciendo en la lucha de todos los días contra las fuerzas del mal.

·        El don de la fraternidad: el sentir una familia que nos respalda en la fe, y con la que podemos celebrar y compartir aquello que profesamos tiene que ser para nosotros siempre una gracia. El mismo Señor ha querido reunirnos en ekklesía (palabra que significa convocación) para que experimentemos cómo la fraternidad se hace camino de salvación para todos.

Vemos pues como la Iglesia, nacida de misterio Pascual de Cristo, y a la que pertenecemos por la gracia de nuestro Bautismo que ha sido nuestra propia pascua, se hace continuadora de la misión de Cristo a través de todos los medios que Él mismo quiso dejar en ella para que sea camino para que los hombres puedan llegar hasta Dios.

Al terminar el tema de formación, se invita a los presentes a profundizar en el tema a partir de las siguientes preguntas:

·        ¿Comprendemos el Bautismo como el inicio de una vida nueva en Cristo?

·        ¿Qué significa en concreto en nuestra vida pertenecer a la Iglesia por el Bautismo?

·        ¿Cómo podemos vivir el compromiso adquirido en nuestro Bautismo.

Se invita a todos los presentes a hacer una oración en la que le den gracias al Señor por el don de la fe recibido en el Bautismo, y por el llamado a vivir en la Iglesia.

Para concluir se invita a todos los presentes a orar por la Arquidiócesis de Medellín, con la oración que aparece en la contraportada.


DIRECTORIO ARQUIDIOCESANO

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