“La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos”. Con esta premisa comienza la primera encíclica del Papa León XIV, publicada recientemente y dedicada a “la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”. Estas dos imágenes, tomadas del Antiguo Testamento (Gn 11,1-9; Neh 2,6), levantar la torre de Babel o reconstruir las murallas de Jerusalén, señalan una opción antropológica y teológica que debe encarar cada persona y toda la humanidad.
Babel representa la construcción de la vida y de la historia sin referencia a Dios y sin contar con los demás. Nehemías, en cambio, reconstruye a Jerusalén dentro del plan divino y con la corresponsabilidad de todo el pueblo. La cuestión decisiva se establece entre un poder que pretende dominar a Dios y una cooperación delante de Dios para edificar una convivencia fraterna. En este contexto se sitúa la realidad del poder tecnológico conducido hoy, más que por los gobiernos, por actores privados del mundo de la ciencia y de la economía, lo que dificulta orientarlo al bien común.
El Papa señala que es preciso romper esta equivalencia entre poder técnico y derecho de gobernar para evitar los problemas de la competencia militar, económica y científica. No se puede renunciar a la tecnología, pero es preciso impedir que domine lo humano; por tanto, hay que substraerla a los monopolios y hacerla “habitable”. De lo contrario, el rostro invisible de la economía digital seguirá propagando nuevas esclavitudes y generando el “colonialismo de los datos”. Mediante la apropiación de datos, no se dominan solamente los cuerpos, sino que se transforman vidas personales en información explotable.
El colonialismo de los datos que la encíclica denuncia es precisamente la nueva lógica de dominio que repite estrategias viejas: se presenta como ayuda, investigación, innovación, pero en realidad posee y decide en lugar del otro. Tantos territorios con menor relevancia geopolítica son “tierra de conquista digital”. Así mismo, las narraciones transhumanistas y posthumanistas, son el fondo ideológico que habita algunos centros de poder tecnológico y colonizan el imaginario colectivo. Si el ser humano es material que hay que perfeccionar, se debe aceptar que hay personas menos dignas y útiles.
Con relación a la IA aplicada a las armas, León XIV es categórico: “no es lícito confiar a sistemas artificiales decisiones letales o de alguna forma irreversibles. No existe algoritmo que pueda hacer la guerra moralmente aceptable”. El Papa busca ofrecer a la Iglesia y al mundo una clave teológica para atravesar el momento cultural que vivimos sin arruinar lo humano. Por eso, recoge y relanza con originalidad el magisterio social de sus predecesores, mostrando que es la gramática indispensable para orientar la nueva revolución que ahora impone la era digital.
El mensaje profundo de la encíclica se dirige a la salvaguardia de la persona humana frente a la tecnología. Hay que evitar el eclipse del sentido y la descalificación moral de lo que significa ser humanos; hay que defender la dignidad que se le reconoce a la persona por el solo hecho de ser querida, creada y amada por Dios. Por tanto, la dignidad humana es el criterio de juicio para establecer lo que está bien y lo que no lo está, también en el campo del desar
rollo técnico. Esto se esclarece en la contemplación del Verbo encarnado en quien brilla la humanidad en toda su grandeza.
Es una encíclica densa, escrita en diálogo con científicos y expertos en diversos campos, cuyo objetivo no es mirar la tecnología como un enemigo, sino como una realidad que debe entrar en diálogo con todos para buscar el bien común y construir con sensatez, con ética y con esperanza el futuro. No estaría bien un progreso material y una regresión antropológica que socava los cimientos de la paz y de la estabilidad social. Es una nueva proclamación de la grandeza y dignidad de la persona humana, que hace la Iglesia pidiendo que ésta no quede a merced del mercado o a la decisión de las máquinas.
En un mundo que corre hacia Babel, porque la tecnología es capaz de fascinar al hombre, hechizarlo, deslumbrarlo y cegarlo, León XIV invita a construir, comprometiendo la responsabilidad de todos, una humanidad con sentido y una sociedad más justa y fraterna. Estamos llamados a luchar contra la deshumanización y a edificar un mundo que dé lugar al proyecto que San Pablo VI denominaba la “civilización del amor”. Esta construcción, en realidad, ya está en marcha; la piedra angular es Cristo y a él se van uniendo todos los que, como piedras vivas, acogen la propuesta del Evangelio (cf 1 Pe 2,4-6).
+ Ricardo Tobón Restrepo
Arzobispo de Medellín
El Semanario Arquidiocesano – Edición 959 – 1 al 7 de junio de 2026