En el próximo mes de julio tendremos la ocasión de hacer memoria de dos acontecimientos con honda significación para nuestra Arquidiócesis y para el país. El primero, la histórica visita de San Juan Pablo II a Colombia hace cuarenta años, del 1 al 8 de julio de 1986. En un momento marcado por una fuerte ola de violencia, por un golpe a la institucionalidad con la toma del Palacio de Justicia por parte del M-19 y por la tragedia causada en Armero con la erupción del volcán Nevado del Ruiz, la presencia y los mensajes del Papa representaron un llamamiento a la reconciliación y a la esperanza. 

En su recorrido por diez ciudades, tuvo ocasión de dirigir su palabra a todos los colombianos y de un modo particular a los jóvenes, a las familias, a los intelectuales, a los campesinos, a los gobernantes, a las religiosas, a los sacerdotes y a los obispos. En sus mensajes presentó el camino de la paz, fustigó el narcotráfico, pidió un compromiso con la justicia social, consagró nuestra nación a la Santísima Virgen y, sobre todo, mostró que sólo acogiendo el Evangelio cada persona puede tener una vida digna y la sociedad logra caminar en la justicia y la solidaridad. 

Para dar gracias a Dios por esta Visita Apostólica y para hacer presente el testimonio y la enseñanza de este Papa santo en nuestra nación, tendremos la solemne celebración de la Eucaristía en la Catedral el 5 de julio, fecha exacta de su llegada a Medellín; se realizará un encuentro con intelectuales en el Seminario; una jornada de reflexión con religiosas; una divulgación de apartes de sus mensajes y de especiales momentos de la visita a través de nuestros medios de comunicación. Sobre todo, se procurará en cada una de las parroquias y de las instituciones diocesanas recoger las lecciones de vida que nos han quedado. 

En segundo lugar, vamos a celebrar el primer centenario de la muerte del Beato Mariano Euse Hoyos, acaecida el 13 de julio de 1926. Un sacerdote muy cercano a nosotros pues fue uno de los primeros alumnos de nuestro Seminario Conciliar y, antes de configurarse los actuales límites geográficos de las diócesis en Antioquia, estuvo incardinado al presbiterio de Medellín. Es conocido y querido, sobre todo, porque desde temprano se difundió su fama de santidad y porque tantas personas a lo largo de los años afirman haber alcanzado numerosos favores de Dios con su intercesión. 

El Beato Mariano Euse fue realmente un sacerdote que se entregó al servicio de los fieles en medio de las dificultades de su tiempo y aun de la hostilidad de la autoridad civil muy contraria entonces a la Iglesia. Gastó su vida en la oración, en la dedicación constante a la catequesis, en la fervorosa administración de los sacramentos, en la caritativa atención a los enfermos, en las visitas y el servicio a los campesinos, en el acompañamiento de las comunidades que le fueron confiadas, en la construcción de templos, en la ayuda a los pobres que él llamaba “los nobles de Cristo”. 

Nos uniremos a este aniversario con la solemne celebración de la Eucaristía el domingo 12 de julio en la Catedral; con diversas iniciativas de oración y catequesis en las parroquias, particularmente en las que él es patrono; con la promoción de peregrinaciones a su tumba en Angostura; con la presentación de su obra y sus virtudes a través de los medios de comunicación; con una exposición de paneles sobre su vida en varios lugares; con momentos de reflexión sobre esta luminosa figura sacerdotal en las reuniones de arciprestazgo y en las jornadas de formación para el clero. 

El recuerdo y la celebración de estos acontecimientos eclesiales nos hacen presente que todo se desarrolla dentro del plan divino de la salvación y que cada día debemos acoger los mensajes y gracias que Dios tiene para nosotros. Las enseñanzas de San Juan Pablo II resultan muy oportunas ante el permanente desafío de la evangelización y el acompañamiento del momento social y político que vive Colombia. La vida y ejemplo del Beato Mariano Euse nos llevan a contemplar la belleza del ministerio sacerdotal cuando se realiza santamente y la necesidad de conducir bien la vida cristiana en las parroquias.   

 

+ Ricardo Tobón Restrepo 

               Arzobispo de Medellín 

El Semanario Arquidiocesano – Edición 961 – 16 al 21 de junio de 2026