Estamos conmemorando que San Juan Pablo II, hace cuarenta años, visitó a Colombia. En su recorrido por más de diez lugares de la geografía nacional tuvo, entre discursos y homilías, unas treinta intervenciones con las que nos orientó y animó a vivir la fe cristiana. Dada la grave situación de violencia que entonces se padecía, buena parte de su enseñanza se enfocó en el tema de la paz y la reconciliación. Al recordar ese momento de gracia para el país, siendo conscientes de la situación que actualmente vivimos, resulta importante hacer de nuevo presentes sus palabras. 

Al comienzo de su Visita, el 2 de julio de 1986, en el Parque Simón Bolívar de Bogotá, analizó la realidad señalando: “Los largos y crueles años de violencia que han afectado a Colombia no han podido destruir el deseo vehemente de alcanzar una paz justa y duradera. Sé que ha habido generosas iniciativas encaminadas a fomentar el diálogo y la concordia para conseguir una paz estable. En este sentido no puedo menos de alentaros, a todos los colombianos sin excepción, a proseguir sin descanso por derroteros de paz, conscientes de que esta, sin dejar de ser tarea humana, es primordialmente un don de Dios. Reducirse pues a promover solo proyectos limitados y humanos de paz, equivaldría a ir en pos de fracasos y desilusiones” 

Ese mismo día, hablando a los miembros del Cuerpo Diplomático afirmó: “Se deben buscar pues incansablemente todos los medios que pueden conducir a la paz… En esta perspectiva siento el deber de reafirmar, al mismo tiempo, que una paz auténtica ha de tener sus raíces bien fundadas en la dignidad del hombre y de sus derechos inalienables. No puede existir verdadera paz si no existe un compromiso serio y decidido en la aplicación de la justicia social. En efecto, la justicia y la paz no pueden disociarse: una paz que no tuviera en cuenta la justicia sería solo un sucedáneo” 

También el 2 de julio, le decía a los jóvenes: “No os dejéis seducir por la tentación de la violencia, que siempre engendra otra violencia más terrible y jamás logra los resultados que prometen sus instigadores. Que la paz y los jóvenes caminen siempre juntos, que los jóvenes sean en Colombia artífices convencidos de una nueva era de paz social en la justicia, en la igualdad, en el amor que vence toda violencia y recompone todas las cosas según el designio de Dios… Os lo grito desde aquí también a vosotros, jóvenes que quizá habéis emprendido el camino de la guerrilla o abrigáis simpatías por ella: apartaos de los caminos del odio y de la muerte y convertíos a la causa de la reconciliación y de la paz”. 

En otros momentos de la Visita se refirió a la naturaleza de la paz y a los medios para conseguirla; en su encuentro con los habitantes de Barranquilla se detuvo en el tema de la reconciliación: “La palabra reconciliación tiene hοy en Colombia una resonancia conmovedora porque está transida de anhelos y de lágrimas, de temores y de inseguridad para tantos hijos de esta noble patria. ¡Cuánto deseáis, amados colombianos, que callen las armas, que se estrechen fraternalmente las manos que las empuñan, que llegue para todos esa paz querida e invocada, buscada con esfuerzo, esperada con afán… después de tantos años de violencia que no han dejado más que lutos de muerte y heridas dolorosas, difíciles de cicatrizar!” 

En ese mismo discurso, el 7 de julio, al finalizar su peregrinación en Colombia se preguntaba: “¿Cómo lograr de inmediato la paz de los campos y de las ciudades; la paz que permita al agricultor trabajar sin zozobras; al ciudadano recorrer sin sobresaltos las calles de su ciudad, de día y de noche; a todos disfrutar de una vida tranquila y serena? Solo mediante una sincera y profunda reconciliación de cada uno con Dios y de todos entre sí; pidiendo y otorgando el perdón, renovando un compromiso de amor solidario y justo entre todos los colombianos”. 

Y concluía: “No hay reconciliación verdadera donde no hay perdón, porque el perdón es el acto más profundo del amor de Dios hacia nosotros; y es, al mismo tiempo, el acto más noble que puede realizar el cristiano, un gesto por el que se asemeja al Padre que está en los cielos”. Podemos ver que, en el momento histórico que vivimos, es urgente acoger las palabras proféticas y apremiantes de San Juan Pablo II cuando, hace cuarenta años, nos visitó bajo el lema: “Con la paz de Cristo por los caminos de Colombia”. 

 

+ Ricardo Tobón Restrepo 

               Arzobispo de Medellín

 

El Semanario Arquidiocesano – Edición 962 – 22 al 28 de junio de 2026