Estamos celebrando la Resurrección del Señor, su paso de este mundo al Padre. La Pascua de Cristo no es un acontecimiento del pasado, sino una realidad que está sucediendo, una fuerza de vida que está penetrando el mundo. El Resucitado está conduciendo la historia. Donde parece que todo está muerto, empiezan a germinar brotes nuevos. Es una nueva creación, un nuevo inicio, el surgir de una vida más fuerte que la muerte.
Cristo ha resucitado para que también nosotros resucitemos. La resurrección es un proceso que ya ha comenzado en nosotros con el Bautismo y nos tiene en camino hacia Dios. Por eso, tenemos sentido para vivir, fortaleza para luchar, esperanza para ver más allá. Es la victoria de la luz sobre la oscuridad. Una victoria que no surge de la lógica del poder, sino de la entrega total de Cristo al proyecto de Dios.
Es verdad que el mundo entero está marcado por la muerte; para comprobarlo basta mirar la realidad cotidiana. Pero desde el día de la resurrección de Cristo, el mundo está marcado también por la vida. Ver los signos de resurrección, interpretarlos a la luz de Dios, anunciar estas fuerzas de vida que ya actúan entre nosotros, es tarea de este tiempo pascual que celebramos. Estos son algunos signos de resurrección:
La fe. Hay en la vida ordinaria mucho temor e inseguridad. Hay miedo a todo y especialmente a la muerte. Por eso se vive con ansiedad e incertidumbre. La victoria del Señor resucitado nos prueba que podemos caminar en la certeza de que el mal y la muerte han sido derrotados, podemos vivir en la confianza de ser hijos muy amados de Dios en el tiempo y la eternidad; ya ni la vida ni la muerte nos pueden separar de Él.
La alegría. Vemos en nuestra sociedad mucha angustia, tristeza y frustración interior. Hay diversión y ruido, pero tal vez para ocultar la amargura que frecuentemente quema el corazón. Se pueden organizar fiestas y espectáculos, pero no es posible fabricar la alegría. La alegría es fruto de la acción de Dios que nos revela su amor, que vence el mal en nosotros. Cuando entramos en la vida nueva del Resucitado brota la alegría.
La esperanza. La presencia del mal nos atemoriza y desconcierta; hay tantos horizontes amenazantes en la realidad del mundo y en nuestra propia vida. No pocas veces tenemos la impresión de que no hay futuro. Sólo cuando percibimos que estamos dentro del proyecto de Dios, que está definitivamente en marcha y que su indicio definitivo es la resurrección de su Hijo, nace en nosotros la verdadera esperanza.
El amor. Cuando no hemos encontrado el sentido de la vida ni la seguridad para afrontar la propia fragilidad y el camino que nos toca recorrer, vivimos en confrontación con los que nos rodean, tenemos juicios duros y actitudes hoscas para los demás. Sin embargo, si logramos experimentar el amor de Dios que ha entregado al Hijo y el amor del Hijo que entregándose nos ha dado vida nueva, brota en nosotros el amor.
La perseverancia: Un signo de nuestro tiempo es la inconstancia porque nada satisface plenamente, nada compromete de modo definitivo; de ahí que sea necesario cambiar constantemente y explorar cada día algo distinto. Sólo cuando acogemos en Cristo la vida verdadera y eterna, cesa la inestabilidad y podemos, como él nos pide, “permanecer” y así tener paz y dar mucho fruto.
El retorno a la comunidad. Aunque muchos se alejan de la Iglesia y crece el descenso de los bautismos infantiles, ha sorprendido la presencia de tantas personas en las celebraciones pascuales y el notable aumento del número de jóvenes y adultos que han pedido el Bautismo. El Resucitado sigue atrayendo, sigue mostrando que no es posible soportar la asfixia de un mundo sin Dios, que no ofrece ni sentido ni futuro.
El ardor apostólico. Lo más fácil para la mayoría de las personas es llevar una vida sin grandes compromisos buscando la comodidad y el disfrutar las cosas placenteras que ofrece el mundo de la diversión y la frivolidad. En cambio, quien ha tenido un encuentro con el Resucitado, como los discípulos de Emaús, siente arder el corazón y debe comunicar la noticia que cambia el mundo y la historia.
¡Felices Pascuas de Resurrección!
+ Ricardo Tobón Restrepo
Arzobispo de Medellín
EL SEMANARIO ARQUIDIOCESANO EDICIÓN 952 – 13 AL 19 DE ABRIL DE 2026