PARA QUE SEAMOS UNO: EL GRITO DE LOS JÓVENES HOY

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Bajo el lema «Para que todos seamos uno», la Jornada Arquidiocesana de la Juventud reunió a cerca de 3.000 jóvenes de las parroquias de la Arquidiócesis de Medellín, en una experiencia de fe, comunión y esperanza.

El pasado sábado 17 de octubre, la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB) se convirtió en punto de encuentro para cerca de 3.000 jóvenes de los grupos juveniles de las parroquias de la Arquidiócesis de Medellín. Entre las 2:30 p. m. y las 8:30 p. m., los participantes vivieron la Jornada Arquidiocesana de la Juventud, un espacio que, bajo el lema «Para que todos seamos uno», los convocó a fortalecer su relación con Dios, estrechar los lazos de fraternidad y renovar su compromiso con la Iglesia.

La jornada contó con una catequesis orientada por Valentina Leal y José Gallego, quienes profundizaron en el significado del lema y en el llamado a construir la unidad. Posteriormente, la celebración de la Eucaristía, presidida por monseñor Ricardo Tobón Restrepo, arzobispo de Medellín, invitó a los jóvenes a reconocer a Jesús como guía para sus decisiones y fundamento de una vida vivida con sentido. El encuentro también tuvo un momento de adoración eucarística durante la Hora Santa, acompañada por el padre carmelita Carlos Villa, que propició un espacio de oración y encuentro personal con el Señor.

Durante su homilía, monseñor Ricardo invitó a los jóvenes a descubrir en el Evangelio un camino para asumir con inteligencia, integridad y responsabilidad su lugar en el mundo. A partir de las palabras de Jesús: «Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios», destacó que las realidades sociales, políticas, económicas y culturales tienen su propio valor, pero no ofrecen por sí solas las respuestas definitivas de la existencia. Por eso, animó a los jóvenes a comprometerse con las realidades de su tiempo sin perder de vista su fundamento en Dios.

El arzobispo recordó que la juventud es un tiempo privilegiado para construir la propia identidad, descubrir la vocación y asumir la misión que cada persona está llamada a cumplir. «Ustedes son llamados y han respondido», expresó al reconocer el protagonismo de los jóvenes en la vida de la Iglesia, y los felicitó por su disposición para responder a esa llamada y trabajar unidos a los demás.

En su mensaje, monseñor Ricardo compartió cuatro invitaciones concretas: cuidar la dignidad propia y la de los demás, descubrir el lugar y la misión de cada uno en el plan de Dios, construir unidad y solidaridad, y mirar el mundo con esperanza. Recordó que cada persona es única e irrepetible y que, al reconocerse todos como hijos de Dios, los seres humanos están llamados a vivir como hermanos y a trabajar por un mundo más humano.

A lo largo de la jornada, los jóvenes fueron invitados a reconocer que, incluso en medio de las incertidumbres, los desafíos y las oscuridades que pueden atravesar en esta etapa de la vida, Jesús es la luz que orienta sus pasos, sostiene su esperanza y los reúne en una misma familia. Su presencia ilumina las búsquedas personales y recuerda que nadie está llamado a caminar solo.

Así, la Jornada Arquidiocesana de la Juventud renovó la invitación a vivir una fe que se hace encuentro, fraternidad y compromiso. Ser uno no significa pensar o actuar siempre de la misma manera, sino aprender a reconocerse como hermanos, valorar los dones de cada persona y caminar juntos hacia una misma misión. Con alegría, responsabilidad y esperanza, los jóvenes están llamados a ser protagonistas de una Iglesia que escucha, acompaña y anuncia a Jesús, luz del mundo.